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DETALLES DE LA CATEDRAL DE OAXACA I

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El corazón de la vida de la Ciudad de Oaxaca es el zócalo, la Alameda del General Antonio de León y la Catedral. Punto de encuentro y punto de partida. Desde la misma fundación hispánica el 25 de noviembre de 1521, se definió el espacio que hoy tiene; porque debe de recordarse que la primigenia fundación de Oaxaca fue la indígena, en 1486, ordenada por el Tlatuani Mexica Ahuizótl.

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LA CALENDA OAXAQUEÑA

LA CALENDA OAXAQUEÑA

 

En los más de siete milenios en que se desarrolló la civilización “propia-nuestra”  del Anáhuac, las fiestas fueron el instrumento social que permitía el potenciar y expandir la energía espiritual que generan los grupos humanos en este tipo de actividades.

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SAN ANTONINO CASTILLO VELASCO

SAN ANTONINO CASTILLO VELASCO

Una de las comunidades más interesantes del Distrito de Ocotlán es sin lugar a dudas San Antonino, población zapoteca que se encuentra conurbada a Ocotlán y que lleva el nombre del ilustre constituyente oaxaqueño licenciado y General José María del Castillo Velasco.

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Mercados Juárez y 20 de Noviembre

Mercados Juárez y 20 de Noviembre

En el centro de la Ciudad de Oaxaca existen dos mercados que los separa una calle. El primero del zócalo hacia el Sur es el Benito Juárez. Aunque el predio fue designado desde la época colonial, la estructura que hoy vemos es de finales del siglo antepasado de estilo francés. 

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EL SEÑOR DE LAS PEÑITAS

EL SEÑOR DE LAS PEÑITAS

EL SEÑOR DE LAS PEÑITAS

Existen algunos lugares con una fortísima carga energética en los Valles de Oaxaca. Lugares mágicos y muy reverenciados por el pueblo. Lugares que tienen una presencia humana desde la misma prehistoria. Es el caso del "Señor de las Peñitas", una inmensa piedra que desde tiempos inmemoriales has sido lugar de culto y de "pedimento".

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COMPARSA DE MUERTOS


Escrito por Guillermo el .

Desde hace miles de años, tal vez tres mil quinientos años o más, en lo que hoy es México se celebra cada año dos grandes fiestas que tienen una profunda simbolización en el inconsciente colectivo de los que hoy nos llamamos “mexicanos”, pero que por miles de años fuimos “anahuacas”, es decir, nacidos en el Anáhuac.

 

Estas dos grandes “fiestas” son: El Día de la Virgen de Guadalupe Tonatzín, el 12 de diciembre, y el 2 de noviembre, la Fiesta de Día de Muertos. Dos fechas que construyen el alma del pueblo de México.

En Oaxaca, que es “La reserva espiritual de México”, la Fiesta de Muertos cobra una significación muy profunda. Como en todo el Anáhuac, los panteones se llenan de “flor y canto”. El pueblo “vive la muerte” con pasión desmedida.

 No solo la ciudad de Oaxaca, en el Panteón General, en todos los pueblos de los Valles, los panteones brillan de luz y color, de mezcal y de copal, de nostalgia, alegría y devoción.

 

Porque los oaxaqueños creen definitivamente en “una vida después de la muerte”. Porque lo importante es creer que los difuntos cada año nos vistan, para compartir las maravillas de nuestra cocina. Lo que indica, seguramente, que nosotros algún  día iremos allá, al lugar del Señor y la Señora de la Muerte.

 

 

 Pero Oaxaca tiene una variante muy particular en la Fiesta de Muertos. Efectivamente, en algunos pueblos del Valle, se estila “La Comparsa”, que es una representación “chusca”, en la que intervienen personajes del pueblo, como el doctor, el marido, la esposa, la muerte, etc.

 

 

La comparsa visita, acompañados de la banda de música, las diferentes casas, en donde son recibidos con golosinas para los niños, tamales, café y mezcal. Los actores con disfraces muy llamativos, estructuran un parlamento, más o menos preestablecido, en el que los chistes, chismes y picardía del pueblo, salen a la luz pública.

 

Sin embargo, este año, La Casa de las Artesanías de Oaxaca invitó Al Grupo de Danza Baalachi y al Grupo Cultural de San Jerónimo Yahuiche, integrados por jóvenes entusiastas por preservar y fortalecer las raíces culturales, a realizar una magna comparsa, que desfiló por el Centro Histórico y bailó frente a la Catedral.

 

 

Alentados por el arquitecto Edgardo Villanueva, integrante de las setenta familias de artesanos que conforman, La Casa de las Artesanías de Oaxaca, prepararon por primera vez, esta expresión cultural que a innova a partir de la tradición. Así es, por primera vez, los trajes y rostros de Los Viejos Abuelos, volvieron a “florecer” en Oaxaca.

 

Los muchachos danzaban a los difuntos e invitaban a los vivos a acompañarlos para celebrar la muerte. Vida muerte, muerte vida, para de opuestos complementarios que conforman la realidad. La conciencia de la muerte, nos recuerda que estamos “solo un poco aquí”. Que la vida es corta y que la debemos “trascender” en el plano espiritual.

 

 

La respuesta de la gente fue impresionante. Algo en el “banco genético de información cultural”, despertó definitivamente al escuchar el sonoro Huhue, inmenso tambor que hace vibrar el plexo solar. Y los caracoles y los huesos de fraile, acompañaban la danza por las asombradas calles de Oaxaca.

 

Todos los mexicanos, sin excepción, tenemos una pequeño y delicado “barniz occidental”, pero a la menor manifestación de “lo propio nuestro”. Brota y florece, de lo profundo, lo más esencial y antiguo, la esencia espiritual de nuestro ser y se prende venturosa al futuro. Porque quedó demostrado nuevamente, que el pasado es nuestro futuro.  

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