CENTRO DE DESARROLLO COMUNITARIO SAN JUAN MIXTEPEC A .C.

CENTRO DE DESARROLLO COMUNITARIO SAN JUAN  MIXTEPEC  A .C.

La capacidad de organización es una de los cuatro sistemas en los que se construyó la civilización del Anáhuac. Junto con el sistema de alimentación, el sistema de salud, el sistema educativo, el sistema de organización social y régimen jurídico posibilitó el esplendor de nuestra milenaria civilización. Un hubiera sido posible construir Monte Alban, Teotihuacan o Chichón Itza, sin estos cuatro sistemas.

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ETERNA SACERDOTISA

ETERNA SACERDOTISA
Beatriz Eugenia Andrade Iturribarría ©


 

I.
Amo tu liturgia de caracolas,
alcatraces de humo retozando con el viento,
besos de copal, querubes de teponaxtle,
dueños de mis gotas
y de tambores que oigo a lo lejos

                      lejos               

                                  lejos


Amo tu mirada escondida en mí
y la sombra bronce de tus hijxs.

Oaxaca, madre prodigiosa de senos dulces y tibios,
creadora de mis dudas, cascabel de mis sones.

Te pintas de serranía y valle,
de costa y cañada son tus penachos.

 


II.
Sedienta
mixteca,
van tus palmas entreverando amores
en sombreros y canastos,
donde los pensamientos brillan
y el maíz duerme cálido.

La noche enciende veladoras:
turquesas y plumas se aparean con oro,
en las avezadas manos de tus orfebres.

 

III.
Istmo,
sinuosa matrona con tiara de colibríes y jaguares,
tus amplias caderas sandungan el Cosmos.

Abres tus piernas y te ayuntas a hombres flordelís,
a hombres con lapislázuli en los ojos
y vas pariendo soles híbridos.

Los laberintos de tus encajes
no entienden las cuitas entre Juchitán y Tehuantepec.
No entienden, no las entienden,
y prefieren sonreír albos, en la espuma del mar.

 

IV.
Costa chica,
donaire de machetes y chaquiras.

Nodriza pechos de plátano,
crías hijxs de África,
cuerpos anochecidos en estrellas.

Exmatriaron los besos de tu seda,
ataviando de púrpura a los titiriteros de la conciencia.
Lloraron tus gusanos y de llorar están secos.

No hubo mirada compasiva
para la rabia de tus caracoles marinos
ni para el dolor estuoso,
de los antebrazos de tus varones.

 


V.
Mi primer beso del
Valle:
tus labios de madre, Adriana.

Antequera descalza y de tacones de cúpula,
con buñuelos, calendas y coloridas noches
donde los rábanos se van de juerga.

Chocolate, amarillito, nicuatole y chapulines,
viven en tus vientres negros, Coyotepec.
Me narran hartas historias, como comadres chismosas:
siempre hablando, siempre hurgando.

Cierra tus ojos Antequera,
la Señora de Negro vela tu sueño.
Descansa Mitla,
Pitao Pecala abraza tu laberinto de grecas.
Que duerman en paz tus danzantes, Cuilapam:
¡Yostaltepetl, Es el que Es!

 

VI.
Sierra sur,
bebe tu yerba rebaños de nubes.

Tus hijxs van pastoreando sueños,
nobles, como sus manos y sus caminos,
como tu vientre de flautas perfumadas,
como tus árboles aletargados,
que aún mecen al niño Benito.

 

VII.
Sierra norte,
canastos con frutas, matas de café y helechos frescos,
danzan algarabías por tus torrenteras de niebla.

Ancianxs infinitxs rumiando misterios,
testigxs ancestrales de tus alas mixes,
indómitas alas, que burlonas, se ríen de las cadenas.

¡Son tus ojos capulines, espejos de libertad!


VIII.
Árboles lejanos, árboles de papel
en los que escribe amores el
Papaloapan.

Fecundas jaranas de tierra y lluvia,
te adornan con aretes de mango.

Pulseras de piña, ajuarean tus brazos morenos,
y un huipil de aguacates maduros,
canta tus sueños de novia, Tuxtepec.

 

IX.
Alegre zenzontle de la
Cañada,
revolotean fantasías teñidas de niñez:
anteojos-espejismo, fistoles-caña de azúcar.

Mariposas surrealistas, son tus hongos, Huautla,
me besan, me lamen: levitamos.

¡Canten tus nanacaxtles, María Sabina,
narren índigos cuentos, tus ojos sabios!

¡No te hagas ausencia María Sabina,
no te hagas ausencia!

 

X.
Así eres tú, tierra mía, así yo te amo:
mitá leyenda, mitá verdá.

Solo una eres tú, Huaxyacac,
cohabitan en ti,
mi Niña de la Esperanza y la Doña de la Magia.

¡Eterna Sacerdotisa, Oaxaca mía!

 

 

 

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Escrito por Guillermo Marin el .

El oro es el metal que ha simbolizado en todas las milenarias civilización, la pureza de la materia que busca trascender la corrupción a la que está condenada. En el vértice superior del desarrollo que busca alcanzar un ser humano o un pueblo, se encuentra la “liberación del espíritu de la materia”. Porque la materia está sujeta a las fuerzas gravitatorias que la arrastran a su destrucción. Es entonces el oro el símbolo por excelencia en el cual los seres superiores dejan testimonio de su más exaltada aspiración y su sabiduría.

 

 

 

Los antiguos oaxaqueños, herederos de las culturas mixteca y zapoteca nos han dejado un portentoso tesoro en las piezas de La Tumba 7 que se encontró en Monte Alban.

Un grupo de maestros oaxaqueños, descendientes directos del linaje de estos artífices vueleven a hacer el milagro con sus manos de luz.

 

En efecto, Oaxaca cuenta con una empresa que retoma el valor del trabajo hecho a mano y vitaliza una milenaria tradición. Manos de artistas que refrendan la renombrada tradición de la orfebrería oaxaqueña. En “Oro de Monte Alban” se equilibra sutilmente la tradición con la modernidad. Nos demuestra que lejos de ser opuestos, se complementan en una empresa moderna que sabe preservar lo mejor de la tradición, con un alto sentido humanista y cultural.

 

“Este negocio lo empieza mi abuela en 1932, ella tenía un puesto en el mercado de la Merced y vendía telas, pero como le gustaban mucho las joyas, tenía un pequeño muestrario de joyas. Poco a poco se fue metiendo en la joyería y dejó las telas. Empezó a ir a las minas que estaban en la Sierra Norte, en Natividad a comprar oro. Mi mamá la acompañaba y así empezó a crecer su fama y su negocio. Al tiempo los gambusinos bajaban los sábados a venderle el metal a su casa. Hasta que en 1942 deciden abrir una joyería llamada Rosita. Después mi mamá funda la joyería Tere, ahí mi mamá conoce a mi papá, que era orfebre y le iba a vender su trabajo. De este matrimonio nacemos mi hermano Rogelio y yo. Lamentablemente mi papá muere cuando yo tenía 3 años, sin embargo yo crecí en la Joyería Rosita. Todas las tardes me traían a la joyería, íbamos a escuchar la banda de música y nos regresábamos a la joyería, y de ahí a la casa.

 

Mi mamá se vuelve a casar y su esposo tiene mucha visión para los negocios y funda su taller propio con vista al público. A mi mamá la conocían todos los maestros joyeros de Oaxaca y la fueron siguiendo, porque mi abuela era de carácter fuerte y preferían tratar con mi mamá. Así que ahí se empieza a formar el taller, a principios de los años sesentas. Para 1975 regreso de terminar mis estudios en México donde estudié administración de empresas en la Universidad Iberoamericana.

 

Y los trabajadores me vieron con mucha esperanza para que el taller se compusiera y me sentí muy comprometido. Fue la razón por la que decliné una invitación que tenía para trabajar en México y con la ayuda de ellos, le empezamos a dar cuerpo a “Oro de Monte Alban” en 1985.

 

Fue donde nos presentamos la gran interrogante, ¿qué queríamos hacer y para qué éramos buenos? Porque lo mismo hacíamos botonaduras de charros, que copiábamos cosas que hacia Cartier… lo que nos trajeran lo hacíamos. No siempre bien hechos, pero lo hacíamos, no había problema en hacerlo y no éramos tan eficientes. Cuando tomo la dirección general del negocio, me cuestiono qué es lo que queríamos hacer y hacia dónde íbamos. Fue como delineamos nuestra misión como empresa y decidimos como objetivo de empresa ser los mejores en lo que es la joyería mexicana y como misión, mostrar al mundo la herencia cultural de nuestros antepasados. Todo lo que representa nuestro Patrimonio Cultural, tanto de las joyas prehispánicas, como de las joyas tradicionales que se han hecho aquí en Oaxaca, fabricándolo con una alta calidad. Y hasta la fecha en eso estamos comprometidos.

   

Hemos logrado un alcance modesto, pero muy satisfactorio. Continuamente nos llegan correos electrónicos de todas partes del mundo. De alguna manera son nuestros clientes o han venido o han pasado a visitar el taller. Es gente que visita la página de Internet y nos felicita porque seguimos trabando con este enfoque. El alcance cultural ha sido muy grande, el comercial es todavía muy limitado. Somos una empresa pequeña que tuvo su origen aquí en Oaxaca. Hemos crecido “a pesar de todo y de todos”, porque no contamos con el apoyo requerido por las instituciones.

   

Pero con mi juventud e inexperiencia de aquella época, logramos hacer cosas increíbles. Como lo que hicimos cuando hubo una reunión internacional de todos los directores en el mundo de American Express en el Hotel Camino Real. Entonces fui en busca del director general y lo invité a que conociera lo que nosotros hacíamos en el taller. Cuando entró al taller y vio las cosas que hacíamos se quedó impresionado, a tal grado que hicimos un convenio para celebrar los 450 años de la Ciudad de Oaxaca, fue cuando lanzamos una colección a través de American Express. Creo que somos de las pocas empresas oaxaqueñas que hemos estado en la página central de American Express.

   

“Oro de Monte Alban” lejos de todos los conceptos globalizadores de rentabilidad y productividad, lo más importante para nosotros es el elemento humano. La mano de obra oaxaqueña es de muy alta calidad. Es una mano de obra que tiene hondas y milenarias raíces, que si la sabes entender y sabes respetar sus principios y su sentido espiritual por su trabajo, te retribuyen ampliamente con su calidad y su excelencia. Tal vez por las condiciones del mercado no pagamos un gran sueldo, pero en primer lugar le damos mucha dignidad al trabajo que hacen, por eso es que tenemos el taller abierto al público. Los maestros reciben directamente los comentarios de la gente y reciben el reconocimiento directo de los visitantes. Es el público quien reconoce la calidad de su trabajo.

“Oro de Monte Alban” tiene personal desde que empezamos, la rotación de personal es casi mínima. El joyero oaxaqueño es una persona que además de tener la habilidad, le pone bastante amor y pasión por lo que hace. Esto es parte de nuestra cultura y nuestra tradición. Esto es lo más gratificante en nuestra empresa.

Nosotros nos especializamos en lo que podríamos llamar “Joyería mexicana” de alta calidad. Somos fieles al estilo y somos fieles al origen. Por supuesto que estamos aperturados al diseño nuevo, pero sin perder la esencia, la raíz. Sobre todo, sin perder la calidad en nuestra mano de obra, que es el sello que nos distingue en el mundo.

 

Es muy tentador, que con la cantidad de artistas que tenemos aquí podríamos producir 3 o 4 veces más de lo que actualmente fabricamos. Seríamos más productivos, como toda empresa global. Pero perderíamos, para empezar, la participación de la mano de obra. Es decir, nos volveríamos un proceso puramente mecánico. Limitaríamos mucho la creatividad, destreza y sensibilidad de nuestros maestros. Mientras que los mercados internacionales nos sigan apoyando. Porque existe gente que busca este tipo de producto, que demanda que esté hecho a mano con la milenaria calidad y tradición oaxaqueña. Mientras exista esta clase de gente que aprecia la calidad y el arte, lo seguiremos haciendo.

   

Estamos preparando una nueva generación, como parte de nuestra estrategia. Quizás con un poquito más de cultura empresarial y menos “artistas”. Sin perder el cariño y los principios por este oficio, los jóvenes se están formando como aprendices en otro concepto de los estándares de calidad. Tenemos la certificación de un organismo internacional suizo “SGS”, que se dedica a certificar empresas en la calidad de sus procesos de producción.

   

Nosotros tenemos cuatro líneas definidas. Lo que es la “joyería prehispánica”, aquí entran todas las reproducciones del “Tesoro de la Tumba 7 de Monte Alban”, también tenemos piezas de otras culturas, sean maya, inca, olmeca. No nos limitamos a elementos nada más de Oaxaca, sin alejarnos de lo básico del proceso.

La producción de “filigrana”, que es todo lo que se hizo en Oaxaca antes de que se descubrieran las joyas de Monte Alban 1932, existía la famosa joyería de “ramo”. Medallones con perlas, mucha joyería de filigrana que representa a la naturaleza como hojas o flores.

   

La colección colonial, que también se hacía en Oaxaca antiguamente y que fue muy famosa en la época de la Colonia. Es una amalgama que se hace dos veces. La misma pieza se hace primero en plata y luego se le hace una chapa de oro y se vuelve a “recortar”. En ese entonces se le montaban diamantes, ahora se le monta una piedra sintética que se llama zafiro blanco. Y finalmente la colección de diseño, que son piezas que hemos desarrollado con diseñadores profesionales, pero sin perder el origen.

   

Nos estamos replanteando la comercialización. Este tipo de joyas no se venden igual que la joyería normal. Estamos desarrollando una estrategia que nos permita generar tiendas propias, fuera de Oaxaca y fuera del país. Abriremos algunas tiendas de nosotros, para consolidar el modelo y luego desarrollaremos la franquicia.

ORO DE MONTE ALBAN

Arte Prehispánico y Mexicano hecho joya.

Porfirio Díaz 311

Col. Centro, Oaxaca. Oax. C.P. 68000

Tels.: 52 (951) 516 45 28 Fax: 52 (951) 516 53 70

www.orodemontealban.com

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México, D.F. (52) 52 07 46 71

  • Taller y Tienda
    • Porfirio Díaz 311, Col. Centro
      Oaxaca, Oaxaca. México
      Tel. (01) (951)5164528
      Fax (01) (951)5165370
  • Tiendas
    • M. Alcalá 503
      Oaxaca, Oaxaca. México
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    • M. Alcalá 403
      Oaxaca, Oaxaca. México
      Tel. (01) (951)5143813
    • Plaza Alcalá
      M. Alcalá esq. M. Bravo
      Oaxaca, Oaxaca. México
      Tel. (01) (951)5161812
    • Zona Arqueológica de Monte Albán
      U. de Servicios
      Oaxaca, Oaxaca. México
      Tel. (01) (951)5161781
    • Av.Las Rosas 2933 Local 2
      Col. Rinconada del Bosque
      (Lobby del Hotel Milton)
      Guadalajara, Jal.
      Tel. (01) (33) 36710108
    • Correo 8
      San Miguel de Allende
      Guanajuato
      Tel (415) 1544094
    • Av. Mahahual S/N
      Mahahual Q. Roo
      Tel (983) 8345698

 

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