EXCONVENTO DE SANTA CATALINA DE SIENA

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Debido a las fuerzas telúricas, la mayoría de los edificios eclesiásticos han sufrido destrucciones parciales o totales, reconstrucciones o abandonos temporales, pero el tesón con que los oaxaqueños reconstruyen y readaptan sus edificios es tan fuerte, como las mismas fuerzas de la naturaleza. Tal vez si los oaxaqueños no tuvieran esa obstinación, la Ciudad de Oaxaca, hace muchos años que no existiría

Dentro de los edificios con una vida azarosa, es sin lugar a dudas el exconvento de Santa Catalina de Siena el que ha sufrido cambios extraordinarios, ya que ha sido usado para diferentes objetivos, desde cárcel hasta palacio municipal y en la actualidad, esta convertido en un hotel de cinco estrellas.

La obra de construcción se inició en el año de 1579, encomendándosela al constructor de Santo Domingo, Fray Hernado Cavarcos, el edificio tardó en terminarse más de dos siglos. Las monjas lo tuvieron que abandonar en 1862, debido a las Leyes de Reforma. Pasando a ser cárcel, oficinas de gobierno, palacio municipal, del cual quedó como mudo recuerdo, el reloj que esta en la esquina Sur.

El templo se habilitó como cine y actualmente es salón de fiestas y banquetes del hotel, teniendo acceso directamente desde la calle y a su vez, por sendas puertas laterales a dos de los patios del exconvento.

La maravilla de este edificio indiscutiblemente que son sus lavaderos. Maravillosa joya de la arquitectura colonial, los lavaderos integran una unidad arquitectónica por si mismos.

     

 

Su distribución, así como su equilibrio y funcionalidad, los hicieron en su día, envidia de muchas mujeres y actualmente es un elemento arquitectónico único en la ciudad.

Los doce lavaderos, construidos en una planta octagonal, contaron con un sistema de agua corriente, que para su época fue una comodidad única en la ciudad, pues en aquellos tiempos, el agua venia por acueducto desde San Felipe del Agua y se entregaba a la gente a través de unas cuantas fuentes publicas distribuidas en la ciudad. De modo que todos tenían que "ir por agua" a las fuentes. Sin embargo, las monjas del convento, recibían en sus lavaderos el agua por medio de gravedad y la que no usaban, a través de un ingenioso sistema, regresaba al acueducto y se redistribuía.  

 

La última reconstrucción se realizo en 1972 para funcionar como el Hotel Presidente, posteriormente se traspasó a la cadena Camino Real y en la administración del presidente Zedillo, se intentó vender el edificio a una cadena hotelera y fue gracias a la intervención valiente y decidida del Maestro Francisco Toledo, que la venta ilegal no se consumó.

En el comedor del Hotel, se puede apreciar un muro cubierto con recipientes de barro, en donde en la colonia transportaban de España el aceite de oliva. La habitación posee una colección de arte sacro en óleo. La cocina del convento ha sido habilitada como parte del comedor, donde generalmente se sirve los platillos del buffet. Las chimeneas de los fogones se pueden apreciar.