MONTE ALBAN sensaciones y reflexiones 2/2

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El misterio de la Montaña del Juagar, llamada en lengua zapoteca “Daany Beédye”, encuentra su “piedra roseta” en la búsqueda del ser humano por trascender su limitado mundo material y trascender el tiempo y el espacio en el ámbito del Espíritu. 

 


En efecto, en el mundo material y pragmático de la cultura Occidental no tiene cabida un proyecto humano que haya sido esculpido en una montaña a lo largo de 1350 años, sin que éste, no hubiera tenido un objetivo político, económico o militar.  
 



 

Por “increíble” que parezca, los Viejos Abuelos trabajaron intensamente a lo largo de generaciones sucesivas este maravilloso proyecto que evidencia la importancia que tenía para nuestros antepasados el Desarrollo Espiritual. Muchas generaciones enteras trabajaron sin ver terminada la obra.



 

Esto demuestra que “el meta objetivo” de la construcción de Daány Beédxe, poseía una fuerza profunda y total, que no pudo cambiar a lo largo de los siglos. Una verdad inalterada, tan clara y firme como la vida, la muerte, el Espíritu y el significado luminoso de la vida material.

  




 

Y es este, precisamente el legado más importante esculpido en las piedras. La trascendencia espiritual de la existencia. La posibilidad de darle significado a nuestra minúscula e intrascendente vida. Llenarla de contenido que le diera LUZ y SEGURIDAD a decenas de miles de personas en más de diez siglos.

 



 

La visión “moderna” del mundo y la vida es limitada y vacía. Se limita al mundo material. Tener, consumir, comprar y pagar, como fin supremo de la vida. Esta empobrecida visión hunde en la desolación y en la corrupción al ser humano, que busca fugarse de esa mísera realidad a través caminos que le conducen a la aniquilación.




 

Sin embargo, el mundo y la visión de la vida de, las ahora llamadas “culturas antiguas o primitivas”, son totalmente diferentes. Llenos de misticismo y espiritualidad los pueblos originarios y campesinos de todo el mundo saturan su realidad de significados sagrados y divinos.




 

En este tipo de visión, todo el mundo que les rodea esta vivo y siente. Sea un árbol, una montaña, un río o una hormiga. Este mundo esta lleno de magia y misterio. Esta visión sagrada y divina del mundo y la vida fue la que impulsó las grandes construcciones del mundo antiguo en el planeta.

 



 

Y este mundo sigue vivo y vibrante, aunque los dólares, la televisión y la globalización económica lo traten de negar. Es justamente este el misterio de Monte Alban y su maravilloso legado a los hijos de los hijos de los venerables maestros toltecas que en él trabajaron a la gloria del Espíritu humano por más de trece siglos.

 



 

Esta visón deshumanizada y materialista-utilitarista usa estos recintos consagrados a la trascendencia del espiritual del ser humano, como “zonas arqueológicas”, reconstruidas como “atractivo turístico” y no como fuente de inspiración para reorientar el desarrollo humano. 

 

 

 

La Montaña del Jaguar debe volver a ser fuente de inspiración y patrimonio de la humanidad para orientarnos al sendero de la LUZ y de la armonía. Para los oaxaqueños, debe convertirse en un desafío y en un potencial.

  



Un desafío, en tanto es el legado de nuestros más ilustres antepasados. Que durante trece siglos trabajaron por trascender espiritualmente su existencia. Aquí radica una gran riqueza y una fortísima enseñanza de: “cómo vivir y para qué vivir”.

 



Un potencial, en tanto cobremos conciencia que somos los herederos legítimos de esta riqueza humana. Riqueza que hoy resulta tan necesaria para reorientar el errático rumbo perdido de la humanidad, que nos esta llevando a un colapso, no solo de orden ambiental, sino social.

 


De este modo, las llamadas “zonas arqueológicas” deberían ser la fuente de inspiración de un nuevo acuerdo social, de una nueva sociedad en la que ya no existan los “vencedores y los vencidos, los conquistadores y los conquistados”. Una sociedad de hermanos.



Somos una de las seis civilizaciones más antiguas de la humanidad y Monte Alban es una pieza clave en los cimientos del Anáhuac. Los pueblos que milenariamente han vivido en lo que hoy conforman el estado de Oaxaca, por propia voluntad, conciencia y convicción construyeron este recinto a la gloria del Espíritu. Esta es la puerta de acceso a Daany Beédxe, solo hay que sentirlo para vivir el principio del fin del colonialismo.



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