El Parque de "La Ciudad de las Canteras"

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La ciudad de Oaxaca tiene pocos parques. En parte porque la traza española data del Siglo XVI  y en ese tiempo las ciudades medievales europeas no contemplaban estas exquisiteses de los espíritus refinados. La Cultura europea es la única que desarrolló tardíamente el concepto del parque y jardín público.

Los famosos Jardines Flotantes de Babilonia, miles de años antes de la era Cristiana o los bellísimos jardines familiares japoneses, o los selectos jardines árabes y desde luego, los imponentes jardines de nuestros antepasados. En efecto, nuestros Viejos Abuelos tenían un especial gusto por los jardines y parques. Famosos fueron los que poseyeron Netzahualcoyotl en Texcoco o Moctezuma en Tenochtitlán en el período tardío del Postclásico.

El gusto que desarrollaron nuestros antepasados por los jardines y las flores, lo dejan plasmado en la filosofía y la poesía. En efecto, los Viejos Abuelos expresaban sus complejas ideas filosóficas a través de parábolas en donde las flores y los jardines ocupaban un lugar muy importante.

Como ejemplo citaremos dos poemas. El primero de la Colección de Huexotzingo y el segundo de Los Cantares Mexicanos:

“Si sólo aquí en la tierra, fragante flor y canto. ¡Que sean nuestra riqueza,  que sea nuestro atavío, Gocemos con ellos!”

 
“Que yo te invoque al menos, ¡Oh! Padre, dador de la vida…   Busco el deleite de tus flores,   la alegría de tus cantos, tu riqueza.”   

 

“Flor y Canto” fue para los antiguos mexicanos, algo más que poesía. Se usó como un instrumento para hablar de las cosas imposibles de nombrar. De ahí que los Viejos Abuelos tenían un día “flor” y la vida y la muerte se acompañaba con flores, además de tener las llamadas “guerras floridas”. Esta costumbre nuestra de “aunque sea” tener masetas en casa, nos viene de recónditos tiempos donde vivimos en jardines cuajados de flores. Esa es nuestra herencia, nuestro legado, nuestro orgullo y nuestro patrimonio.

El jardín y la plaza pública, son lugares sagrados para los mexicanos. Son espacios donde la Cultura propia-nuestra se desarrolla plena y espontánea. El mismo zócalo y la Alameda del General de León en el centro de la Ciudad de Oaxaca, son vivos y contundentes ejemplos de nuestra expresión cultural más profunda y sentida. Los turistas, por más que nos visiten, jamás podrán desplazar al oaxaqueño de estos espacios de la cultura propia.

En el jardín, en la plaza, en el parque o en el zócalo los mexicanos nos encontramos. Ahí están las familias, los amigos y los novios. Es algo nuestro y milenario. Es un espacio propio nuestro en el que nos expresamos y nos exaltamos. No necesitamos pagar ni comprar. Las bancas son públicas, los jardines son de todos, los espacios son nuestros. Nosotros somos parte de las plazas y los jardines.                                                                  

Este es el caso del Parque de la Ciudad de las Canteras, que se encuentra en el “columpio de Ixcotel” hacia la salida oriente de la ciudad, rumbo a Mitla y el Istmo de Tehuatepec. Aunque se encuentra en el Municipio conurbado de Santa Lucía del Camino, los oaxaqueños lo consideran un “parque de la ciudad”. El parque de las Canteras fue un proyecto muy bondadoso, pues se transformó un basurero en lo que había sido el banco de cantera de la famosa piedra verde, que adorna y refuerza algunos de los edificios más antiguos de esta noble y leal Ciudad Colonial, La Verde Antequera.

El parque ha integrado perfectamente espacios de esparcimiento y recreación, con espacios culturales como foros y teatros al aire libre, utilizando muy creativamente las oquedades que dejaron las minas de cantera. En el mismo lugar se encuentra el Estadio Deportivo del equipo de Fut-bol profesional de Oaxaca, “Los Chapulineros”, así como una cancha para jugar el beis-bol. El espacio es tan grande que se comunica entre la carretera que va a Mitla y el antiguo camino a Santa Lucia que corre perpendicular a ésta.

El Parque Ciudad de las Canteras, se encuentra “coronado” con una majestosa y sublime obra de arte. Nos referimos a la bellísima escultura realizada por el   escultor mixteco Tiburcio Ortiz, en la que un hombre y una mujer representan la reciedumbre y la nobleza del pueblo oaxaqueño.

Una fuente y caída de agua, le dan un

toque ancestral y bucólico al parque.

El agua en su rítmico lamento, se deja

azotar hasta el fondo, para retornar a las

alturas, en una procesión inacabable.