EL ZEMPOALTEPETL corazón espiritual Mixe

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 Oaxaca es la reserva espiritual de México. No solo porque han sido sus cadenas montañosas una muralla natural para el invasor y el depredador foráneo.

Ni tampoco porque en sus entrañas se ha guardado el tesoro de nuestra identidad más esencial.

 

 

Ni tampoco porque en sus Valles Centrales fue el encuentro del mundo olmeca, maya y zapoteco/mixteco. En efecto, en el Valle de Etla se encuentra San José del Mogote, testimonio de la primigenia presencia de los olmecas en las tierras altas.

 

Y en Danizú se encuentran testimonios de la presencia de los legendarios mayas. Oaxaca fue el lugar del encuentro de las grandes culturas del Anáhuac. Testimonio de ello nos lo ofrece Monte Alban, la montaña sagrada del jaguar, que fue construida 500 años antes que Teotihuacan.

 

Oaxaca es la reserva espiritual de México, porque en su territorio se han desarrollado a lo largo de miles de años, por lo menos 17 culturas diferentes, lo que la hace un mosaico étnico, lingüístico y cultural único en el país.

 

La fuerza del Espíritu, que alimenta a sus hijos, indudablemente se encuentra en “sus sitios sagrados”. En efecto, Oaxaca posee muchos y diversos sitios sagrados, en los que el ser humano, la naturaleza y lo divino, se han concertado de manera extraordinaria.  

 

Las tradiciones, fiestas, usos y costumbres son resultado de estas fuerzas telúricas y cósmicas que se unen en el territorio oaxaqueño y hacen de sus culturas, baluartes de la grandeza humana. Porque El Espíritu humaniza.

 

Uno de los “sitios sagrados” por costumbre milenaria son los cerros y las montañas. Lugares cargados de energías telúricas y conectadas con la energía cósmica del cielo. Las altas montañas son los lugares en donde “la tierra y el cielo se besan”

 

El cerro del Zempoaltepetl, es uno de estos maravillosos lugares de poder, que ha sido la fortaleza espiritual de una de los culturas más tradicionales y significativas del “ser oaxaqueño”. Los mixes, el pueblo inconquistado.

 

En efecto, los pueblos mixes han sabido desarrollar una extraordinaria cultura de resistencia cultural desde la misma llegada de los mexicas y después de los españoles. Los mixes, más que un pueblo guerrero ha sido un pueblo vigoroso y fuerte. Con altos valores por la autodeterminación y la independencia. Lo que los llevó a principios de la Colonia en 1570 a concertar con los pueblos indígenas oaxaqueños y chapanecos una rebelión armada.

 

El símbolo de esta actitud ante el mundo y la vida de los pueblos mixes, se ve expresada en los mitos de su Mesías, el legendario personaje llamado Condoy, quien vivió en “el tiempo sagrado” y fue un ser poderoso que guió al pueblo mixe en su Batalla Florida.  

Igual que el mítico Quetzalcóatl, un día Condoy se retiró del Anáhuac, anunciando su esperado regreso para instaurar su mandato de sabiduría, bienestar y equilibrio entre su pueblo.

 

Así que se fue a refugiar al Cerro del Zempoaltepetl y “cerrando por dentro”, guarda la riqueza cultural y espiritual de su milenaria cultura.

 

Por esta razón, para los pueblos mixes de hoy, el Cerro del Zempoaltepetl es más que un símbolo, es la seguridad de un futuro luminoso prometido.