Faustino Avelino Blanco Núñez

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Nací en Santa María Atzompa, mi hermana fue Teodora Blanco, fuimos tres mujeres y un varón en la familia. Como sucede en todos los artesanos, empieza uno desde pequeño, desde que va teniendo uso de razón. Claro está, los padres nos infunden la tradición desde niños, para empezar a hacer una figura chiquita o cualquier cosa, siempre al lado de ellos, jugando

A los ocho años, yo ya hacía mis piecesitas para venderlas en el mercado y profesionalmente a los 10 años, como quien dice, saber hacer todo, desde las "quemas" y todo; porque quedé huérfano a la edad de 8 años y prácticamente no había quién ayudara a mi madre, así fue como empecé a atizar los hornos a esa edad, tiernito pero recio para el trabajo.

Yo no tengo ninguna profesión, estudié hasta el segundo año de comercio, en lo que ahora es la Universidad de Oaxaca, pero por las necesidades económicas de mi casa, abandoné la carrera y me entregué de lleno al trabajo del barro, porque la creatividad ya la tiene uno de la familia Blanco. Tomé, como quien dice, profesionalmente el barro.

He tenido varias satisfacciones a mi edad. Yo nací en 1942, ahorita ya tengo 58 años, y durante este trayecto de mi vida, la he entregado completamente a la alfarería. Algunos años se los dediqué también a la música, pero como un pasatiempo. El artesano, el campesino y el músico están hechos del mismo barro.

He ganada 3 premios nacionales y tengo como 20 reconocimientos por mi participación en concursos a nivel nacional. El más importante es el que gané en Metepec, estado de México, con un jarrón de barro natural. El segundo fue en Tlaquepaque, Jalisco. Estos premios para mí son un reconocimiento a la alfarería oaxaqueña, a la tradición, a la familia, a Atzompa; porque ahí competimos con los mejores artesanos del país, especialmente de Tonalá y Metepec. Para mí la satisfacción más grande que he tenido en mi vida, es recibir un reconocimiento por nuestra tradición ceramista.

Yo siento que cuando uno está modelando o torneando, está uno metido totalmente en el barro, que el cuerpo se relaja, la mente se despierta y siente uno una gran emoción, porque cuando uno no hace nada de trabajo en barro se siente uno un poquito incómodo. El barro pide y el cuerpo reclama. O sea que el barro "se siente", especialmente cuando uno está elaborando piezas.

Porque según lo que me platicaron unos señores grandes que ya no viven, el pueblo de Atzompa fue fundado por una línea de mixtecos con zapotecos, porque el pueblo tiene de existir de unos cuatrocientos a quinientos años y en ese entonces se hablaba el mixteco y el zapoteco. La creatividad viene fundida en el tiempo entre estos dos grandes pueblos, que hoy nos dan la famosa cerámica de Atzompa.

Nosotros estamos hermanados con los antepasados que hicieron piezas increíbles y bellísimas, la gente antigua hace muchos, pero muchos años, aprendió a trabajar el barro y dejó en él su corazón, es por eso que ahora nosotros lo recibimos y la transmitimos a las nuevas generaciones. Aquí en Atzompa, por ejemplo, mi familia es la que empezó a trabajar el "pastillaje", en esas figuras femeninas que llamamos "monas". No es por nada, pero tuve a una hermana que fue muy creativa con sus piezas, me refiero a Teodora Blanco.

La creatividad es la innovación del "sentir" del artesano, es lo que yo entiendo por creatividad, lo nuestro, lo que a uno le sale desde adentro del pensamiento. Porque, no es igual ir y ver una pieza en una exposición y venir y reproducirla. Yo pienso que eso ya no es lo creativo del artesano.

Para mí, lo que más me gusta trabajar, son las piezas de concurso. Porque, por ejemplo, llega uno a Tlaquepaque, que es una ciudad muy grande y ve uno cosas que en verdad son muy bonitas, pero la verdad es que ya no son piezas hechas a mano, ya son vaciado a base de moldes. En Atzompa en cambio, la pieza se va "subiendo" poco a poco con "longas" de barro, poco a poco, hasta un metro o más, según la forma de la pieza.

Por desgracia la necesidad del artesano ha sido vender, porque de eso vive uno. Hacer calidad que cantidad ha sido mi mayor ilusión. Ser como un Rufino Tamayo o como un Toledo, que hacen sus piezas para sus exposiciones, se podría hacer, más bien, se debería hacer, pero desgraciadamente no hay apoyo para poder subsistir durante el periodo de creación. La gente no valora lo nuestro, que es lo suyo también. Siempre regatean y piensan que nuestro trabajo y nuestra creatividad no valen. Sin embargo, quienes más nos compran son los visitantes nacionales. Las ventas han bajado, a comparación de hace unos cuatro años las ventas han caído y uno tiene que ir "al día".

Estoy dejando la tradición y el conocimiento a mis hijos y a mis sobrinos. Sin embargo, ahora los muchachos ya no tienen ese deseo de aprender, de ser artesanos porque todos quieren ser profesionistas; pero mis hijos, su mamá que en paz descanse, pues ya no esta con nosotros, de ella aprendieron mucho, pues mi difunta esposa hacía cazuelas, jarros, ollas y otro tipo de utensilios para la cocina.

Yo pienso dejar alguna obra para que me recuerden mis hijos, que la tengan en un lugar muy especial para que no se rompa y quede plasmada mi creatividad, lo que me nace del corazón, mi recuerdo en el barro.

Esto de ser artesano en el ramo del barro es una tarea difícil, porque tiene uno muchos desafíos que sortear, que si el aire, que si el horno se pueda romper o que ya se hizo toda la pieza, pero que tal si en el envío se rompe... el barro es muy delicado como la vida. Pero también he tenido muy buenas satisfacciones con el trabajo, he participado en el extranjero, en Atlanta, en Los Angeles, en San Diego, en San José, en Guatemala, en el Salvador y casi toda la República Mexicana. Es por esto que puedo decir que he tenido satisfacciones por ser artesano del barro de Oaxaca. El barro es tan delicado como la vida, se rompe se cuartea, tiene muchos peligros y la vida también.

 

 

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