MITLA : LA CIUDAD DE LOS MUERTOS

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La muerte en el México Antiguo tenia un profundo significado filosófico y religioso. La vida era vista como un paso a la "vida eterna" y la transición se daba a través de la muerte. "Cuando morimos, no en verdad morimos, porque vivimos, resucitamos, seguimos viviendo, despertamos. Esto nos hace felices..." *

Ninguno otro pueblo, salvo el egipcio y el nuestro, le han dado a la muerte tan hondo e intenso significado en su cultura. Es por ello que los mexicanos de ayer y de hoy, viven con la muerte una pasión intensa que se manifiesta en la segunda fiesta más importante de pueblos de México. El Día de Muertos o las fiestas de "Los Difuntos" ocupan un sitio primordial y ancestral en cada una de las familias y las comunidades. No se puede tener "plena conciencia" de la vida, si no se tiene conciencia de la muerte. Vida y muerte son las dos partes de un todo indisoluble y dialéctico. Para los antiguos mexicanos, la vida era el espacio limitado, la oportunidad deseada para acceder a la "vida eterna".

"¿Acaso de verdad se vive en la tierra? No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí. Aunque sea jade se quiebra, aunque sea oro se rompe, aunque sea plumaje de quetzal se desgarra, no para siempre en la tierra: Sólo un poco aquí." (*)

Después del nacimiento, la muerte representa el acto más importante de nuestra vida. Cuando un pueblo o un individuo llega a un nivel de madurez existencial, se preguntan la razón de su existencia y en consecuencia buscan trascender el plano "animal-material" de la vida, para penetrar en el espacio "humano-espiritual", de lo divino y lo sagrado de la vida.

Mitla fue en consecuencia el lugar más importante de los Antiguos Mexicanos para cruzar ese umbral de la dualidad divina. Cuando los misioneros escucharon las explicaciones de los indígenas sobre Mitla, ellos la compararon por su importancia religiosa a la Basílica de San Pedro de los católicos.

La Villa de Mitla esta situada a 40 Km. Al Oriente de la Ciudad de Oaxaca. En zapoteco se conoce como "Lyobaá", que significa "lugar de descanso", pero la palabra Mitla es de origen náhuatl y significa "lugar de los muertos". El conjunto consta de cinco unidades arquitectónicas; la más antigua, Antonio Caso la sitúa entre 450 y 700 d.C., por ser posterior a Monte Alban la arquitectura es similar. Es uno de los pocos sitios arqueológicos que viniendo del periodo Clásico, los españoles lo alcanzaron a ver en operación y la destrucción de sitio fue por ordenes del Arzobispo Alburquerque, quien en 1553 mandó construir lo que fue el arzobispado en el costado Norte de la Catedral en la Ciudad de Oaxaca, con la misma arquitectura en su fachada que la de Mitla, simbolizando con ello el nuevo orden religioso, ahora en manos de los colonizadores.

Se supone que como en todas las grandes construcciones del México Antiguo, el lugar tenia una caverna que conectada el inframundo con el mundo humano. En efecto, el "plano humano" estaba constituido por nueve sub mundos y trece cielos. Toda la arquitectura y la iconografía del Anáhuac se basan en un principio filosófico-religioso, que la brillante investigadora y arqueóloga Laurett Séjurné ha bautizado como "La Ley del Centro o Quincunce". En efecto, el Quincunce nos habla de las cinco direcciones o rumbos de la existencia humana. Determinado por los cuatro puntos cardinales y un quinto punto, que los une y los equilibra. El "arriba y abajo" equilibra al par de opuestos complementarios (Norte-Sur, Oeste-Este) y un centro que los equilibra y los "proyecta" hacia la exaltación del espíritu (arriba) o los precipita en la degradación de la materia (abajo).

Si se observa con detenimiento, la mayoría de las plantas arquitectónicas están compuestas por un patio central y cuatro habitaciones o construcciones en sus cuatro costados, con una pequeña construcción en el centro del patio. Pero lo mismo se puede observar en la mayoría de "adornos" o diseños. El Calendario Azteca tiene en su centro un rostro humano y cuatro Soles que le preceden (1+4=5). En Mitla una de las grecas representa el Quincunce se ve reiteradamente en todas partes y en la actualidad, con esta greca, los artesanos decoran muchas de sus piezas de manera ancestral.

Esta "greca" se encuentra en todas las culturas de Mesoamérica y también en Suramérica, en la Civilización Andina, lo que nos permite pensar que las dos son una sola civilización, pues en el Tihuantaisuyo ocupa en la iconografía un lugar relevante con el mismo significado.

La arquitectura de Mitla tiene dos elementos fundamentales. El primero es su planta arquitectónica de los "cinco conjuntos". Cuatro construcciones unidas por un centro unificador que es un patio, de nuevo 1+4=5. El segundo son las grecas que profusamente están decorando los recintos, con un "mensaje reiterativo" que requiere de la "decodificación" adecuada, para sustraerlo de la simple e intrascendente función "decorativa".

Como ya dijimos las cuatro direcciones terrenales de la vida humana, representadas por los 4 puntos cardinales, para los que cada uno tenia un color, un animal simbólico, una fecha y especialmente una "inclinación humana". En efecto, el Oriente representa el mundo espiritual (cielo-sagrado-Quetzal), el Poniente el mundo material (Tierra-humano-cóatl), el Norte el mundo irracional (intangible-femenino-muerte) y el Sur el mundo racional (tangible-masculino-vida).

La enseñanza de Quetzalcóatl nos dice que el "Guerrero de la muerte florecida" debe luchar su "batalla florida" para equilibrar los cuatro rumbos de la existencia humana y con ello, trascender y elevarse a lo inconmensurable y divino para llegar a la Luz. Sí se desarrolla más alguna de estas cuatro vertientes de la vida humana, caerá en el abismo de la estupidez humana.

Las grecas de Mitla son una "enseñanza simbólica" del pensamiento filosófico de La Toltecáyotl, en la que reiteradamente nos recuerdan el "orden fundamental" de la existencia humana y su vinculación directa con la parte espiritual y la parte material.

El Quincunce o la Cruz de Quetzalcóatl, que simboliza la enseñanza o aspiración de la doctrina de Quetzalcóatl por lograr el "equilibrio" para trascender los opuestos complementarios de que estamos conformados.

 

Están representados los símbolos milenarios de todas las culturas del Anáhuac, donde Tláloc figura como la energía luminosa que crea al mundo material, asociada al agua y al rayo. Y Quetzalcóatl, como un caracol partido de manera longitudinal, donde la "greca" crea dos caracoles, uno en relieve y el otro en el bajorrelieve que deja su hueco. En efecto, Quetzalcóatl es también "el soplo divino" que la da conciencia a la materia. Los Viejos Abuelos simbolizaron ese soplo en un caracol, pues es la oquedad del caracol, lo que permite que el soplo produzca el sonido.

De modo que podemos apreciar en Mitla de manera muy reiterada el símbolo de el Quincunce o la Ley del Centro, la figura del "relámpago" asociado a Tláloc o su similar en la cultura zapoteca "Cosijo", y la greca o símbolo del caracol partido de manera longitudinal que representa a Quetzalcóatl.

Una cuarta greca, que es como la integración de estos elementos, que por estar siempre en la parte superior de los tableros y por su grado de complejidad y asimetría, seguramente simbolizan la culminación de la aspiración del ser humano conciente y su vinculación con lo inconmensurable.

Lo cierto es que es un trabajo de exquisito diseño, una talla magistral y un asombroso ensamblado en los tableros, pues no se usó cemento, las piedras ensamblan perfectamente y se sostienen por el peso del conjunto. Se supone que en su momento de esplendor, los tableros y los edificios estaban recubiertos de estuco y pintados con bellos colores naturales. En Mitla, el conjunto mejor preservado es el llamado del "palacio" o edificio "D". En él podemos observar la conjunción de arquitectura y filosofía. En efecto, la parte mejor conservada del conjunto es la Norte, que significa "el rumbo de la muerte".

Este edificio tiene dos puertas que miran hacia el Sur. Inmediatamente al penetrar a este edificio, entendemos que por su misma dimensión, no eran diseñados para "casa habitación", pues sus dimensiones y proporciones no los hacen funcionales. Ahí encontramos unas inmensas columnas que permitían la techumbre de la habitación.

En esta habitación, en la pared Norte que significa la muerte, encontramos una "no-puerta", un pequeño vano en la pared, como si pudiéramos "cruzar" a la "realidad ulterior" que se encuentra en el lado Norte y caminamos por un "oscuro y estrecho" pasadizo, hasta encontrar una salida a ¡mano izquierda!, otra vez la dirección de la muerte, y logramos penetrar en "otra realidad".

En efecto, la abertura nos hace pasar a otro patio cerrado, pues esta rodeado de cuatro habitaciones con sus sendas puertas cada una, pero la pequeña entrada es otra "no-puerta", pues sí se observa desde el centro del patio, es un vano pequeño y no tiene grandes dinteles como las cuatro puertas de las cuatro habitaciones.

Este patio nos transmite una sensación imperiosa de enclaustramiento o hermetismo. Las cuatro habitaciones están bellamente decoradas con las grecas de que hemos hablado, como una reiteración de una doctrina hermética que buscaba como la China o Hindú, la trascendencia espiritual de la vida material.

Este mismo sistema lo encontramos en el conjunto Norte. Este sitio debió haber sido el más importante del conjunto, toda vez que se encuentra en la parte Norte y que ahí los españoles construyeron un templo.

Se recoge por el historiador dominico José Antonio Gay, que los españoles sellaron la entrada que permitía el acceso a la gruta sagrada, en donde se suponía vivía Mictlantecutli y Mictlantecihuatl, el Señor y la Señora de la Muerte. Esta puerta de acceso al "Mundo de la Muerte" es lo que le dio razón de ser a Mitla. Se cree que en el mismo lugar de acceso se encuentra el altar para "impedir la salida del demonio".

 

 

Actualmente Mitla presenta un trabajo de restauración excelente. Los visitantes pueden conocer tres de los cinco conjuntos y visitar el Mercado de Artesanías anexo a la zona arqueológica.

 

La obra arquitectónica de Mitla es un monumento a la Vida y al Espíritu Humano. Mitla nos hace sentir la grandeza de la existencia humana y es un discurso de sabiduría grabado bellamente en sus tableros. Mitla nos recuerda que la vida y la muerte están profundamente vinculadas. Y que el ser humano consciente, ante la reflexión obligada sobre su destino después de la muerte, se plantea muchas interrogantes. ¿Es en verdad cierto, que los difuntos vienen a comer a la casa el Día de Muertos? ¿De dónde vienen? ... porque ahí iré. ¿Existe vida después de la muerte?

¿A dónde iré?; ¿A dónde iré? El camino del Dios Dual. ¿Por ventura es tu casa en el lugar de los descarnados?, ¿acaso en el interior del cielo?, ¿o solamente aquí en la tierra es el lugar de los descarnados? (*) Ms. Cantares Mexicanos. El pueblo de México tiene una milenaria y profunda raíz indígena, más de siete mil quinientos años de desarrollo cultural lo atestiguan, pero en los últimos quinientos años hemos sufrido un mestizaje, no solamente con la cultura española.

De esta amalgama hemos surgido con características propias, sin embargo, nuestra raíz, nuestra base, nuestro sustento es la Cultura Madre. La superposición arquitectónica de Mitla es una imagen de lo que somos los mexicanos. Los cimientos son indígenas. La obra monumental de Mitla tiene un gran valor estético, pues las tallas que ahí se encuentran incrustadas en los tableros resultan verdaderamente impresionantes.

Sin embargo, el tesoro más grande indiscutiblemente es el legado filosófico-religioso que ahí dejaron esculpido nuestros Viejos Abuelos, como una herencia en espera de su revelación exaltante.

 

Cuando los hijos de los hijos, de aquellos formidables constructores y talladores del espíritu y de la piedra, tengamos el suficiente conocimiento para descifrar los símbolos y hacerlos una practica en nuestra vida cotidiana, nuestra vida como individuos y como pueblo indiscutiblemente cambiarán. Se acabará el colonialismo, los vencedores y los vencidos, para que todos tengamos las mismas oportunidades y los mismos derecho. Un México más justo y humano; digno de nuestros antepasados.