ALEJANDRO CRUZ MARTÍNEZ

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Aquioaxaca se suma al homenaje que se le esta haciendo al poeta Alejandro Cruz Martínez. En los años ochentas logramos hacer un excelente equipo de trabajo para promover la cultura de Oaxaca. Macario Matus desde La Casa de Cultura de Juchitán y nosotros desde La Casa de la Cultura Oaxaqueña. Así fue como conocimos a Alejandro, “El Señor Panza” como le decía su pequeña hija. Alejandro era un espíritu libre, que tal vez sabía que estaría poco tiempo con nosotros, por lo cual era totalmente desapegado al grotesco mundo material. El amor era lo que movía su corazón y su mente. No solo el amor a “la bien amada”, a la bendita mujer, sino que su amor de enamorado se extendía y cobraba toda su dimensión en la gente. En la gente de carne y hueso de su pueblo Alejandro vertió todo su amor y por ello nos lo arrancaron los temerosos de la luz, de la verdad y del amor. Sin embargo, el amor de Alejandro sigue presente entre nosotros, como un vientecillo fresco que mitiga el caluroso día de nuestras vidas. Guillermo Marín.

 

 


Presentación editorial

Este libro esta dedicado para
los que siguen creyendo, es decir, soñando.

En memoria de Rubén Valencia López,
Facundo Zarate, Raymundo Meléndez,
Alejandro Cruz y Enrique Núñez Palacios.

Para mi recorrer solo los caminos que tienen corazón, cualquier camino que tenga corazón. Por ahí yo recorro y la única prueba que vale es atravesar todo su largo. Y por ahí yo recorro mirando, mirando, sin aliento
Don Juan Matus
UNA PINTA AL POETA CHITUGUI

Este libro que presentamos ahora, inaugura en nuestra editorial la búsqueda de un camino. Uno de los múltiples caminos donde el corazón se reencuentre con el rostro para darle fortaleza y sabiduría.

Caminos demeritados en la modernidad, donde la certidumbre quiere vencer al misterio, ese misterio profundo que conecta el mundo de los seres humanos con los animales y las plantas, esa simbiosis entre ser humano y naturaleza, donde los espíritus del monte ocupan un lugar especial.

Alejandro fue para nosotros un poeta conversador, alguien que dialogaba con los animales —en especial chituguí, con quien mantenía siempre una relación de complicidad— y con la naturaleza toda, incluyendo lo sobrenatural.

Como poeta era como Jorge Ishizawa define el ser montaraz en los andes peruanos. “Autentica libertad de espíritu, es estar atento y en permanente conversación con el lugar y las circunstancias, lo que exige una particular disciplina, la de purgar y dietar para prepararse a ser uno con el monte. Es la apertura de los sentidos a la circunstancia para encontrarse en permanente sintonía y capacidad para conversar. Es una actitud que lleva a un saber comprometido con el sabor, el olor, el tacto del lugar, de sus residentes y a una relación de básica entrega. Es un saber que lleva a una relación cordial también con la muerte”.

Muchos se preguntaran, cuáles son los motivos de recuperarlo, de trabajar arduamente para que este esfuerzo se concretara. Para ello sólo podemos mirar el pasado, esa memoria histórica que él siempre nos incita a mirar, a reconocer (nos) en nuestra raíz.

Algunos de nosotros surgimos de aquel pintoresco y combativo Escuadrón Mosquito FUP, en el cual aprendimos a soñar, a no dejarnos, a no callar, a no permitir las injusticias y luchar por un mundo digno, donde la mirada del Che Guevara está siempre dura y firme, esperando que sus muchachos hagan la tarea, viejos tiempos aquellos en los cuales la actitud cotidiana lo decía todo.

Como es bien sabido ese sueño terminó... pero y ¿nosotros? ¿y nuestro escuadrón? De la noche a la mañana nos descobijaron de esperanzas y sueños, se hicieron bolitas de papel y se esfumaron.

Pero en algun@s de nosotr@s no se fue, se aletargó en lo que nos reencontrábamos; y en el camino de búsquedas encontramos a otros jóvenes que traían bajo el brazo su morral de sueños, libertarios y magonistas, donde reaprendimos a almacenar la esperanza, a no dejarnos morir en vida.

De igual manera nos nutrió mucho el aprendizaje del sueño zapatista y con los amig@s que nos coalicionamos en la Universidad de la Tierra en Oaxaca (Unitierra), con los cuales pasamos días y noches recreando y animando el reencuentro con nuestra cultura.

La globalización además de generar una competencia desigual intenta homogeneizar a las culturas e imponer un proyecto único, de manera de ser, pensar y comportarse, por consecuencia ha derivado —particularmente en los jóvenes— en un menosprecio por sus raíces, falta de oportunidades en sus propios entornos, apatía y delincuencia, entre otros.

La interacción entre culturas siempre ha existido y seguirá existiendo, la esperanza nuestra es que sean diálogos respetuosos y sin dominación, en donde esa interacción permita intercambiar conocimientos, destrezas y habilidades, para una vida digna, con justicia y libertad.

Alrededor de la Unitierra se empezó a emplear una herramienta para reflexionar nuestra cultura, en la cual se utiliza la analogía del árbol hecha por Robert Vachon y reelaborada por Gustavo Esteva.

En dicha analogía las ramas (lo morfológico) representán las manifestaciones que son enteramente evidentes: la comida, el lenguaje, el vestido, las maneras de hablar y comportarse, la artesanía… el tronco (lo estructural) es en parte invisible, pero se descubre sin dificultad ante la observación: la composición de la familia, la manera en que se organizan o estructuran las prácticas religiosas, sociales, económicas y políticas (por ejemplo: los tequios para las peregrinaciones, la toma de decisiones en las asambleas comunales, los sistemas de intercambio de productos y conocimientos que todavía persisten en algunas tradiciones, etc.) y la raíz, (lo mítico) que sólo es posible que se asomen en forma de mitos, son planos ocultos a la mirada que nutren todas las manifestaciones culturales. Son las figuraciones con las que cada pueblo constituye y establece los modos de ser, pensar y actuar, que le da vida a todo el árbol cultural.

Aunque no parezca tener relación inmediata, en sus poemas y cuentos Alejandro abrazaba el árbol de la cultura, nos trae el recuerdo de nuestra historia, como ese papel que jugaban los antiguos, los que recreaban la historia a través de códices para recordar.

Nos ayuda junto a sus otros cómplices, a pintar el cielo para no subordinar el mithos (creencias) al logos (razón), como bien dice Pannikar “uno de los puentes para el diálogo entre culturas es la poesía”.

Lo revaloramos porque su condición de poeta, de artesano de la palabra, lo llevó a adentrarse a lo que Guillermo Bonfil llamó el México Profundo; lo hizo con su corazón sumergido en la cultura zapoteca, meña, plasmando los mitos del Istmo de abajo y desde su pueblo de calles olvidadas y tristes como decía él.

Actualmente los saberes locales están amenazados por el auge del desarrollo industrial y tecnológico, el México imaginario y su modelo, la modernidad.

Ya se fue Lucia Zenteno y se llevo el río que recreara Alejandro, ¿qué diría ella al ver que con el desarrollo impera la contaminación de nuestros ríos y el menosprecio a nuestras costumbres y tradiciones?

Esta edición intenta al adentrarse al mundo que recreo, nos permita construir con trocitos de papel un puente entre el mundo oral y el textual, para reconocernos en la diferencia, regenerar nuestra cultura y por ende nuestra Madre Tierra y los espíritus que en ella habitan.

Al lado de tod@s las person@s que contribuyeron en este esfuerzo, se encuentran unos pequeños del añorado Escuadrón Mosquito, que están empeñados en reunir a todos los chituguís del mundo —y por supuesto, al chituguí mayor— con Don Durito de la Lacandona.

Bibaani A.C.
Editorial Lucia Zenteno
Universidad de la Tierra
Colectivo Lo13
Responsable de la presentación: Rubén Valencia Núñez
Agosto de 2005
Cd. Ixtepec, Oaxaca
Tomado de Una pinta al cielo, Compilación,

 

 


INTRODUCCION. UNA MIRADA DESDE LA ANTROPOLOGIA COMUNALISTA

LA NATURALEZA PROFUNDA
DE ALEJANDRO CRUZ


Como todo artista del verbo que se precie de serlo, Alejandro expresaba de manera oral y escrita sus pertenencias e identidades. Antes que nada istmeño, su forma de ser humano era profundamente zapoteca.

Por ello su literatura dejaba fluir con gran riqueza expresiva su percepción de la naturaleza y de la sociedad. Una naturaleza que vivía y gozaba como joven zapoteco, de la que formaba parte concientemente compartiendo su ancestral sentido complejo: la naturaleza madre criando a sus hijos naturales y sobrenaturales, enlazando las historias humanas —crueles y festivas— con las interminables secuencias de hechos explicables solamente por una razón amplia que entiende la presencia transmundana en la convivencia cotidiana.

Esta naturaleza compleja era asumida por Alejandro no solamente a partir de su pertenencia zapoteca sino también desde su ser político, y entonces la madre tierra se erguía como la madre territorio, como el espacio colectivo de lo íntimo al que no sólo había que cantar sino también que proteger, que aprovechar, por el que había que pelear. Él fue asesinado cuando luchaba con los suyos por lograr abasto de agua mediante la perforación de un pozo profundo. La naturaleza bellamente contada le reclamaba también la urgencia de ser compartida con justicia y su prosa zapoteca se transformaba en un aguerrido lenguaje coceísta que politizaba a la naturaleza para apropiarse completamente de ella, para sentir el regazo de la madre, impedido y expropiado por el gobierno de los ajenos. Recuperar a la naturaleza era una de sus obsesiones, recuperarla desde la razón zapoteca mediante la interpretación literaria de su cultura madre, recuperarla desde la razón política mediante la lucha por vivir dignamente en el territorio de los biniza.

Cuando le daba forma a sus esperanzas, Alejandro Cruz hacía brotar desde lo hondo sus sensaciones. No era superficial, Siendo un zapoteco creador, encontraba hasta en lo banal un conjunto de lazos que lo conectaban con el sentido complejo de lo vivo, aprendido en la vida sencilla de su familia, en la simpleza del trabajo político, en la llaneza del manejo de una técnica –la escritura en español– que llegó a manejar con la maestría que sólo alcanzan los juglares comprometidos con los suyos.

El territorio zapoteco, ese espacio natural de lo simbólico, guarda en su seno istmeño a uno de sus hijos más intensos. La vida ardua y difícil de las mayorías, derivada del empobrecimiento que siguió a la transformación capitalista de la relación con la tierra, sigue siendo, como alguna vez dijera Alejandro, la huella cruel de la resistencia, la defensa obstinada de la razón desigual, el sello candente de los poderosos marcado en la piel comunera, pero nunca una señal de abandono a la suerte, de resignación ante lo inevitable, de doblegamiento ante lo invencible, porque entonces no tendría sentido la herencia cultural, el esfuerzo de los antepasados, la vergüenza de los ancianos. La voz florida del zapoteco profundo que fue Alejandro sigue arengando a la transformación, a la recuperación, a la vida justa en el territorio materno largamente acariciado y ampliamente sentido, comprendido en su complejidad específica y defendido hasta con la vida, como él lo hizo.

Benjamín Maldonado Alvarado
Agosto 2005
Oaxaca,Oax.
Tomado de Una pinta al cielo, Compilación, Pag.9

 

 

 


INTRODUCCIÓN LITERARIA, UNA MIRADA DE UN COMPAÑERO POETA


La memoria también usa refajo chucu y se desnuda en el río ante la mirada atónita de las nutrias. Cada verso, cual un pez salido del agua, se revuelca en la arena húmeda de la playa, allí donde los chamizos trenzan la cabellera de la luna llena y en donde Paula Coyote hace figuras de niños con la arcilla mojada con su saliva. Hay un lenguaje mineral donde la realidad se ilumina con la tenue luz de la fantasía, donde las palabras se vuelven raíz de hombre, la sal del tiempo. Así es la vena poética de Alejandro Cruz, una voz que desgarra su angustia y se vuelve pájaro en el cielo de nuestros sueños, el árbol donde pende la fruta prohibida del verbo que vuelve a su infancia y se reconoce en el espejo de lo cotidiano: el amor que nos ablanda los hombros, la rebeldía de ser uno mismo y parecerse a los demás, el río circular del erotismo donde los cuerpos desnudos se reinventan, la ira hacia dios por su frágil eternidad, la alegría a manos llenas por la amistad y por la mujer amada.

Corría la época de los setentas cuando la mano invisible del destino nos puso frente a frente a Alejandro y a mí. Fue en los tiempos de la secundaria, cuando se usaban pantalones patas de elefante, zapatos de tacones altos y la cabellera larga; en la radio se escuchaban canciones de los grupos como Los Terrícolas, Los Ángeles Negros, La Tropa Loca, entre otros, a la par que nos emocionaba las baladas de Leo Dan, Roberto Carlos, Roberto Jordán, Camilo Sesto y tantos cantantes de aquellos días. La existencia tenía un sabor a sal y a tortas de crema, ya que el receso se aprovechaba para formar dos bandos y disputarnos la inevitable cascarita de fútbol, lo que nos hacía sudar de manera salvaje, por lo que antes del toque del timbre para reanudar las clases comprábamos las tortas para devorarlas, comentando entre risas lo anecdótico del momento. Fue en esa época el descubrimiento de mi pasión por la literatura, mi inclinación íntima por la poesía, la cual compartía con él, que en estas lides me llevaba muchos pasos. Era un placer hablar de algunos poemas contenidos en los libros de texto de Español en la autoría de Amado Nervo, Enrique González Martínez, Dante Alighieri y el célebre madrigal de Gutierre de Cetina: “Ojos negros”.

En los ochentas, la Casa de la Cultura de Juchitán fue una vagina al viento que recibió con entusiasmo a los poetas, pintores y diversos creadores del Istmo con una visión de compartir el pan y la cerveza; eran los días de poner a dorar el corazón en el horno de la realidad y descubrir, como dijera el poeta Mario Benedetti, que la primavera tenía una esquina rota, que el dolor de los pueblos oprimidos exigía un arte de protesta y de propuesta. Allí estuvimos varios poetas, entre consagrados e incipientes, deletreando el alfabeto de los sentimientos, madurando las espigas de los sueños de edificar un mundo donde las mujeres y los hombres tuvieran rostros, pensando siempre apuntalar con nuestras palabras el techo de un nuevo amanecer de la humanidad. Fue en ese ambiente donde la figura poética de Alejandro se distinguió por la intensidad pasional y novedad temática de sus versos. Hombre de su siglo, vivió el ritmo galopante del rock en sus metáforas urbanas, descubrió el erotismo y la ironía leyendo a poetas como Whitman, Sabines, Neruda, Catulo y al amado cocodrilo Efraín Huerta.

Fue un Prometeo que robó el fuego del verbo en la cumbre de la codicia y la apariencia estética para devolverlo al pueblo que es su verdadero dueño. Aprendió a escuchar el lenguaje del silencio para que al abrirse las ventanas de la medianoche pudiera sentir la presencia de las cuchibrujas, del pulinyerri, de las altas mujeres tan infinitas como el alba del tiempo, llenas de misterio y poder en su secreto de aparearse con los elementos de la naturaleza; como semillas de la eternidad, ahí están Eustolia Osorio, Na Bundia, María Andrea y Lucía Centeno. Su coraje indómito lo reflejó en su poesía y en su accionar cotidiano; con su paciencia artesanal hizo del mundo un cántaro de barro que llenó de realidad y fantasía, hasta hacerlo desbordar en un manantial donde se bebe la ternura humana.

A dieciocho años de su artero crimen, hoy más que nunca su presencia nos alumbra como un sol veraniego y nos hace sentir que la existencia es bella si tiene un sentido propositivo, si se amanece con la ilusión de luchar codo a codo por reinventar la justicia y la libertad. Alejandro era tan optimista, que de estar presente físicamente entre nosotros, no se conformaría con sólo hacer una pinta al cielo, sino que con su inteligencia y habilidad de ladrillero y poeta estaría pensando cómo hacer un muro en la atmósfera terrestre para tapar el hueco en la capa de ozono.

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Profr. Esteban Ríos Cruz
Asunción Ixtaltepec, Oax., septiembre de 2005

 

 

 

 

ALEJANDRO CRUZ MARTINEZ,
POETA ASESINADO.

Alejandro nació en la ciudad de Ixtepec, Oax., en el mes de agosto de 1960.Se inscribió en la Escuela Normal del Istmo de su pueblo natal, en esa época fundó un taller literario y editó la revista Vateé en donde aparecen poemas de Esteban Ríos y Amira Martínez, entre otros jóvenes autores de su generación.

Por su participación en los conflictos estudiantiles de la Normal fue expulsado. Se inscribió en otras instituciones pero por su avanzado pensamiento a favor de las causas justas, fue rechazado una y otra vez. En 1980 es merecedor del primer premio de poesía en la Casa de la Cultura de Juchitán. Se le otorgó una beca para asistir al taller de poesía que dirigía el maestro Carlos Illescas bajo los auspicios del Instituto Nacional de Bellas Artes.

En octubre de 1984 la Casa de la Cultura Oaxaqueña y la de Juchitán publicaron el poemario Se Cancela por Olvido con una portada de Oscar Martínez. En diciembre de 1986 la Casa de la Cultura editó el volumen Historias que el Tiempo no Registra poemas escritos para ser llevados al teatro con temas propios de su provincia campesina.

En esos años ejerció el periodismo y continúa escribiendo profusamente, sus artículos y poemas aparecieron en el periódico Hora Cero, el único órgano informativo de izquierda de ese entonces, y también en la revista Tierra Adentro del INBA. Trabajó en el departamento de difusión cultural de la Casa de la Cultura de la ciudad de Oaxaca, allí se integró a la Asociación de Trabajadores del Arte y fundó la Asociación de Poetas y Cuentistas de Oaxaca, misma que presidió hasta principios del año de 1987, fecha en que regresó al Istmo de Tehuantepec para integrarse a la lucha a favor de los campesinos y obreros en su natal Ixtepec. Laboró en la regiduría de educación del Consejo Municipal de Juchitán haciendo un fuerte bloque dentro de la corriente de la COCEI en el municipio juchiteco.

En el mes de agosto de 1987 la regiduría de educación y cultura de Ixtepec editó el libro 16 Mentiras y un perfil biográfico de Manuel Palomec (Manuel Yeéla), recopilaciones de corte surrealista, típicas en el Istmo de Tehuantepec, que Alejandro gustaba recrear porque venían del pueblo, su pueblo ignorado, de “calles olvidadas y sucias”, como él decía con mucho dolor.

Al ser asesinado el 22 de septiembre, por la espalda, —los esbirros siempre matan a traición, porque no pueden mirar de frente a un hombre cabal—, dejó varios libros inéditos. Hoy vemos reunida su producción literaria y nos damos cuenta de la gran pérdida que han sufrido las letras oaxaqueñas.

Alejandro fue asesinado por su intensa labor dentro de las filas de la COCEI. Lo mataron precisamente el día en que el poeta logró la firma de un convenio de excavación de pozos de agua que estarían al servicio de los campesinos y, claro, en franca oposición con los caciques conocidísimos de Ixtepec. Su muerte fue perpetrada con la anuencia de las autoridades y es un intento de descabezar a la COCEI fuera de Juchitán.

Desde siempre Alejandro perteneció a la estirpe envidiable de Roque Dalton, de Otto René Castillo y tantos poetas muertos en la lucha por la liberación de nuestros pueblos en Cuba, Nicaragua, Guatemala y toda la geografía de América Latina.

Alejandro nos ha enseñado una vez más que la poesía debe estar al servicio de la condición estética del hombre, pero también al servicio de la lucha por la liberación física del hombre mismo. Ese es el papel de la literatura en aras de los derechos más elementales del ser humano. Alejandro cuán heroica ha sido tu muerte. ¡Te envidiamos! Porque ya perteneces a la historia. No nos dejes solos, hermano.

Macario Matus
Octubre 1987
Tomado del libro Poesía ultima
Primera edición 1989
Tomado de Una pinta al cielo, Compilación, Pag.69

 

 

 

 

SEMBLANZA DE ALEJANDRO CRUZ

Por el año de 1960, en el mes de agosto, cuando las lluvias son parte importante del paisaje de la Ciudad de Ixtepec, Oax., nacía Alejandro Cruz, hijo de Miguel Cruz y Gabriela Martínez; quien fue ayudada a parir por la comadrona del pueblo.

Su infancia comienza a vivirla en México, D.F., y es ahí donde comienza a tejer sus primeras fantasías y sus deseos de conocer los escenarios donde se desarrollan las historias de Na’ biela, su madre, le cuenta. A los nueve años regresan a su natal Ixtepec, para iniciar un nuevo peregrinar que lo lleve por los rumbos de la alberca, de la ladrillera, de los pitayales, de los arenales a la orilla del río.

Cuando camina de la estación a la ladrillera, ve correr las iguanas y los conejos, al atardecer la posibilidad de encontrarse con los duendes o los chaneques le despiertan una sensibilidad para hacer posible el sueño de volverse viejo y sonreír a los niños del futuro incierto; conoce a Lucrecia, a Estela, a Manuel López, a Jesús Méndez, comparte con ellos la intención del saber en los salones de la Rafael Ramírez, como antes de la Fray Mauricio, después se monta en los pupitres de la Diurna y comienza a explorar con más pasión los andares del escribir y sus primeros versos son frutos que se dan por racimos, aunque no maduran y cuajan como él quisiera.

Para 1977 ingresa a la Escuela Normal del Istmo, y a la par de eso, comienza a involucrarse en los movimientos obre o y campesino de su pueblo; aparece su primera revista literaria con un círculo de estudiantes normalistas, publica en el periódico “El normalista” su poema EL CRISTO NEGRO bajo el seudónimo de JOE KENT; gana una beca para sistir a un taller de poesía en el INBA donde conoce a David Huerta, Tito Monterroso, David Ojeda, Gustavo Sainz, entre otros.

Apasionado por la efervescencia política que se da en el marco del Movimiento Democrático Universitario, de la COCEI, del Frente Unico Popular, se incorpora de manera comprometida a estas luchas, lo que le permite conocer a otros seres que le hablan las historias de Damiana Man, la mujer que fue vendida por dos pesos de mezcal y una caja de cigarros; de Lucía Zenteno, aquella que en sus cabellos llevaba el río y sus peces; a Pilunyerri que soplaba las espaldas para espantar al susto; de Na Yoma y de tantos y tantos que hicieron surgir las historias que el tiempo no registra.

El dolor empezó a hacerse presente, los buenos amigos y la gente querida iniciaron una cadena de muertes, lo que hace, casi por compromiso moral, enhebrar relatos y versos para recordarlos y concelebrarlos en sus viajes al eterno, de ahí HAGAMOS UNA PINTA AL CIELO, donde hay un canto al heroísmo del pueblo Chimalapa, a la lucha de Polín De Gyves, y lo que le da nombre al poemario, un rotundo reclamo por la muerte de Hugo Manuel Mayoral Palafox y de Rubén Valencia López; canta también a la muerte de Na Beta, de Na Bundia, de Ta Cundo, de Xduladi y muchos más.

Prolífico como era, funda la Asociación de Poetas y Cuentistas de Oaxaca, participa en una serie de encuentros de poesía y eventos culturales, nos muestra una variada gama de escritos y estilos poco comunes, es ejemplo vivo para los jóvenes poetas del Istmo.

En el ruido de la grava acariciada por sus pies descalzos, en el sueve rozar de la arena, desenreda la historia del chamizo, la huída de los bicuniza y la desaparición de las hortalizas y las milpas, encuentra en el amor de Manuela la extensión de sus pensamientos con la llegada de Tania y de Manuel Alejandro.

Un día aciago, no por aciago menos imborrable, ese 24 de septiembre de 1987, una mano no anónima, hizo un disparo, parafraseó a Mejía Godoy, “mordió tu carne dulce, la bala de un cobarde, callaron los poetas, cuando se fue tu tarde” y ese balazo hizo que sus ideas y sus personajes se fueran diseminando por el extenso horizonte y los que veníamos detrás fuéramos recogiendo para darles forma, darles vida, darnos la posibilidad de encontrarnos jodiditos hacedores de versos.

Murió Alejandro, pero el sueño mezquino de matar su ejemplo, su obra no se ha cumplido, por fortuna para los que le sobrevivimos, porque pocos son los elegidos y, Alejandro nos lo demuestra, son incontables.

Gabriel Cruz Martínez
Mayo 2005
Tomado de Una pinta al cielo, Compilación, Pag.155

 

 

 

 

EL TOLEDO DE LA POESÍA:
ASI ERA LLAMADO ALEJANDRO CRUZ

La muerte de Alejandro Cruz conmocionó y sigue en
la mente de amplios sectores de la comunidad
oaxaqueña no sólo por su intensa actividad política y cultural, sino por su calidad humana y su sentido de la amistad, a la cual, recuerdan quienes lo conocieron, daba un especial valor, por encima de la ideología.

Cruz Martínez acababa de cumplir 27 años cuando lo mataron. Había nacido en agosto de 1960 en el municipio de Ixtepec y desde muy joven fue manifiesta su inquietud política. Siendo estudiante de la Escuela Normal del Istmo fundó el movimiento 17 de Octubre, después fue expulsado; en Ixtepec formó parte del Frente Único Popular Ixtepecano, afín a la COCEI. En 1981 trabajó en Radio Ayuntamiento Popular. No había movilización campesina o estudiantil en la que no estuviera presente. Fue encarcelado en dos ocasiones: una en diciembre de 1983 durante el desalojo del Palacio de Gobierno, en Juchitán, y la otra el 3 de agosto de 1986, durante las elecciones municipales.

Sin embargo, su vocación política no lo alejó nunca de su interés por la cultura y su difusión. Es mas, el quería que política y cultura tuvieran una comunicación orgánica, eso lo convertía en un promotor cultural nato, actividad que él vela muy por encima del trabajo burocrático en que suele convertírsele. Fue participe de la Biblioteca Popular de Ixtepec, fundador de la Asociación de Poetas y Cuentistas de Oaxaca APOCO), colaborador de la Casa de la Cultura Oaxaqueña, y al morir fungía como Consejero de Educación y Cultura del Consejo que gobierna Juchitán. Si en lo político era un radical, en lo cultural mostraba una gran apertura. Al fin poeta, siempre se mostraba ávido por lectura de todo lo que fuera poesía. La poesía era una presencia constante en su cotidianidad. Su hablar, enérgico y contagioso. Se vela acompañado a menudo de figuras y giros poéticos. “Vivía cerca de las palabras y les daba una alegría que te envolvía”, asienta Manuel Matus, uno de sus amigos mas cercanos. Fue autor de cuatro libros de poesía, entre los que están, Se Cancela por Olvido, Las Historias que el Tiempo no Registra y Hagamos una Pinta al Cielo.

Se le tenía como el poeta oaxaqueño con más perspectivas, al grado de llegar a llamarlo “el Toledo de la poesía”. Y no obstante su militancia, no escribía para la COCEI, lo hacía para toda la gente, su temática no era ni exclusiva ni mayoritariamente política. Alejandro Cruz Martínez fue asesinado en la tarde del 25 de septiembre cuando, acompañado de un grupo de comuneros, se dirigía a reclamar la perforación ya acordada por las autoridades de unos pozos para riego. Le disparó Manuel Pineda Santiago desde una camioneta en la que se encontraba con otros individuos del PRI.

Pero, dice Manuel Matus, esa disputa fue el pretexto, a el lo mataron por su militancia política y cultural, por ser un hombre que no se callaba alegrías y desacuerdos; “no tenía límite para hablar y eso se “volvió peligroso para él”. Hoy, además del recuerdo y el respeto de sus compañeros le sobreviven su esposa Manuela, su hija Tania de seis años y su hijo Manuel Alejandro de dos.

Arturo García Hernández
Publicado en el periódico La Jornada, octubre de 1987

 

 

 

 

 

 

POEMAS DEL POETA CHITUGUI
Alejandro Cruz Martinez
Poemas de amor dolido del libro “ Se cancela por olvido”

I

El día está triste y pensativo
no hagas caso de su nostalgia
vete a caminar tus recuerdos
y a mancharte la piel con la amargura.

Así te digo a diario
al pestañear la tarde triste
la tomas de brazo y viajan en autobús.

Le das un apretón de manos
un beso
vuelves la espalda
y sienten tus talones
sus fragmentos de nube.

Así me contestas a diario.


II

No me cabe tanto amor
en este pecho
en este cajón anquilosado
que puede estallar en mil momentos.

Pues no me cabe tanto amor
y aunque cupiera
la ilusión de contenerlo
haría desbordarlo.

Puedo ser sincero y decirte
que mi pecho de adobe y paja
no basta para represar mi amor.

Sin embargo
he aprendido a vivir con
este derramamiento.

Tu amor que se desborda
de este pecho anquilosado
a final de cuentas
se lo entregaré a otras
porque no se desperdicie.

III

No se cómo pedirte
que me ames absolutamente
aunque solo sea un día.

Pero solamente a mí
que te olvides que eres de otros muchos
antes que yo.

No sé cómo pedírtelo.

Lo juro.

Necesito tu absoluto amor
por una tarde
tan sólo una tarde
para beber tu indiferencia.

IV

Dibujaste un beso
sobre mis labios anhelantes
un beso que he desprendido
lentamente de mi boca presurosa
un beso que está colgando
en la pared solitaria
de aquella esquina ¿te acuerdas?
donde aún sigo esperando.

V

Injertaré un beso
a las plantas de tus pies
a las flores de tus senos
al brevísimo césped de tu pubis.

Injertaré otro beso
a la raíz de tus cabellos
y puedas peinar mi aliento
en tu fértil cuerpo de barro
brotarán ansiosas carcajadas
y serán tus poros milenarios
pozos con aguas apacibles
cuando se descobije
la primavera
mi pasión brotará constante
en la pradera de tu nombre.

VI

Lento caminar sobre tus horas
mirando cada piedra y cada árbol
tocando los minutos que adormeces
en esta calle de mi pueblo olvidado.

Perezoso el camino que me ofreces
calle de mil bocas y mil ojos.

Creadora de mi infancia
dueña de mis veintidós años mozos
testigo de mi vida y mi suerte.

La calle de mi pueblo abandonado.

Cada casa es un lunar secreto
y es cada niño escalofrío que presagia
en tu sonrisa se columpia el tiempo
desnudo y hambriento, que tu cargas.

Nacida en la noche o en el alba
untada de mi amor, viva siempre
Una calle de mi pueblo conformizo
una ventana de recuerdos que no llegan
un pedazo de mis años que le debo.

Una calle de mi pueblo, olvidada.

VII

Ahora me toca a mí
confesarte que soy un gandalla
y un aprovechado
que me tendiste los brazos
y te besé los senos
claro que también capturé tus pies
luego de haberte besado el cuerpo.

No es que debiera decírtelo
confesarte que soy un gandalla.

Pero este plantón
me obliga
a confesarlo.

Tomado de Una pinta al cielo, compilación 2005, Se cancela por olvido, 1983

LAS HISTORIAS QUE EL TIEMPO NO REGISTRA
Pensadas para llevarse a teatro comunitario, lo cual lo hicieron 3 grupos de oaxaca.

AMOR Y MUERTE DE MARÍA DE PACHI

I

Camino descalzo
entre las leyendas de María de Pachi.

Es un caminar de mezquites, cuchibrujas y duendes
cada palabra suya es un pozo de recuerdos viejos
y el camino es largo
como la voz de ella.

La enagua de María de Pachi tiene lunares rojos.

Beso de pitahaya y paguyeo.

Abrazo de iguana y arena.

No quiero volver lo caminado
sobre los hombros de María de Pachi.

Mirada de sulfurosa tierra sobre un pecho de brocado encendida palabra de flamboyán
mirada que adorna su leyenda.
Hoy me ha contado de los amores del río
con las hijas del viento
escucho a María de Pachi
y me duermo en los brazos de la yucuela
polvo ágil tras lagartijas raudas.

María de Pachi
eternamente sobre el piso de su carreta
es aroma de guie shuba y mudubinas
bueyes de paso lento como la voz de ella
ritmo de palabras aladas y luces de alegria
chamizo que se revuelca con la sombra
vaho fresco de vientre acalorado.

María de Pachi
casa a su hija anémica de albahaca
con el huanacastle animoso
los alcarabanes y chituguís se acomodan la voz
en su garganta de barro.

María de Pachi
hoy dormirás sola en tu hamaca de ixtle
déjame dormir entre tus dientes gastados y
podridos
para no olvidar el ritmo de tu voz
ni el calor de tus cuentos.

Ando sobre las leyendas de María de Pachi
y los brazos del sueño
me enredan el cabello de la muerte Pachi
y un beso largo o una sonrisa ancha
para nosotros
— los viejos—
que los vimos crecer.
San Jerónimo Ixtepec,
mayo-julio, 1984


II
DAMIANA MAN

Yo conocí a Damiana Man
la tarde que incendiaba su tristeza.

Salió a la calle con sus ojos de cobre
y su frondosa enagua,
con una escoba de varitas flacas
amontono en su puerta
sus recuerdos, sus angustias, su melancolía
y los quemó.

Es triste la historia de Damiana Man
hija del viento y de Chepe Bupu.

Creció entre cantinas
buscando a su padre
destapar cervezas
preparar comidas en la casa ajena
y llevar poca a su padre ebrio.

Yo sé la vida de Damiana Man
que creció sin juegos y sin sonrisas
con la tristeza enredada en los tobillos
y los gritos de su padre
exprimiéndole los ojos.

De cabello hirsuto y sin adornos
su cara iluminada por sus ojos claros
—tarde con sol, madrugadas de luna—
Ella es de sonrisa falsa
y brinca los charcos de risas infantiles.

Damiana Man no cumplía quince años
salió a buscar a su padre
entre las cantinas del pueblo
mirando a los hombres sucios
y corriendo por calles que la acarician.

Cuando cruzó las vías de los trenes muertos
Man Chapahuini, le sujetó los brazos
Damiana Man no huyo de él, ni gritó tampoco inmóvil como niña sin juegos
o como muñeca rota
dejó su lengua de nicotina y su voz de mezcal
exprimiéndole los senos.

Damiana gritó cuando conoció
al hombre dentro su cuerpo.

Y la sonrisa idiota de Man “muchachita”
se amplio tanto que devoro a Damiana.

¡Infeliz su padre, que cobro la afrenta!
Tres litros de mezcal, dos paquetes de
cigarros y catorce pesos para pagar canciones.

Damiana Man, cambio de padre y de casa.
Ahora vieja busca al hombre que amanece
bajo un árbol
o en la playa del río.

O alza su enagua
y esconde su huipil bajo su espalda
para recibir a otro hombre.

Man Chapahuini
le encendió su sangre desde joven
no tuvo hijos Damiana Man
pero acurrucó en su seno
a todos los hombres de mi cobarde pueblo
y vendió verduras
y también su cuerpo silvestre
pero jamás sonrisas.

Yo conocí a Damiana
cuando ya era una anciana
pero su historia la aprendimos de muchachos
ella incendiaba su tristeza y sus trapos viejos.

Mi padre dice
que los senos de ella
fueron más duros que las papas.

San Jerónimo Ixtepec, 1983

HAGAMOS UNA PINTA AL CIELO
Folleto dedicado a la muerte de los amigos y a la lucha popular en defensa del pueblo

El dolor me inunda la boca
y la rabia me desgarra la garganta
con un grito pesado
que hora duerme a mis pies.

Tengo miedo de llegar a ese recuerdo
al angustioso recuerdo
que un día, ustedes se fueron.

Se marcharon juntos
como se van los compañeros
ustedes eternos compañeros.

Dicen que fue accidente inevitable
yo aseguro que fue asesinato
si no hay en la tierra un culpable
culpo a Dios de irresponsabilidad
ante este crimen.

Es inútil olvidar
no puedo engañarme de tu sonrisa Hugo
de tu corteza Rubén
de la alegría y el dolor que juntos creamos.

¿Se puede olvidar con quienes se comparten
sueños?
¿o cuando se discute y coincide?
¿o cuando se aprende lo correcto?
no quiero olvidar
y prohibido el llanto a sus memorias.

Tal vez ellos nos esperan ansiosos
para guiarnos por donde ahora viven
para mostrarnos su ropa celeste
su cabello peinado
el libro al brazo y los lentes de Rubén
ya compuestos.

Cuando nos veamos, me dirán
si no hay países donde habitan
ni lenguajes que dividan
y ustedes estarán bien
¿o les falta algo?

Si esto último fuera cierto
les suplico nos lo hagan saber
y mañana mismo
sin reuniones, ni mítines, ni marchas
—se los juramos—
haremos una pinta al cielo.

?????

Al medio día que lo supe
sabía que no era cierto
otra broma de los compañeros.

Pero allí estaban
juntos, fríos he imposibles
Hugo con los ojos de sorpresa
y Rubén con su delicioso sueño.

La noche anterior
bromearon a Rubén mientras bailaba
y esas bromas brotan negras
en este dìa acartonado.

¡Ay! sábado maldito
este día no tiene luz
y el sol apareció por rutina.

¿Sirve de algo que les mire la cara?
¿o las manos?
¿o les grite que no lo creo?

Sería mejor que lo supiera después
o que no lo supiera
es tan doloroso recibir dos muertes
en un día.

Tengo una pregunta y un millón de dudas
¿qué carajo hacían a esa hora
a esa maldita hora
en ese lugar de mierda?

Alguien dijo que era su destino.

¡A la chingada el destino!
no sabe a nada mirar la muerte
la muerte reaccionaria y desnuda
sobre estas cuatro sillas de madera
los gritos brotan como bufidos de toros
hieren los oídos y dejan libre el llanto.

¡Maldita la muerte impúdica!
este sábado esta hecho con desperdicios
de otros días
Hugo levanta su cerveza y no la bebe
y Rubén dispara al aire
su voz estentórea y despierta a sus vecinos
dicen que a Rubén
le llegó la muerte mientras dormía

estoy esperando el día en que despierten
de golpe, bruscamente
y vengan a decirnos que fue una broma
y ese día
pasen a la casa, cabrones
para irnos a emborrachar de gusto
como lo hacíamos antes
¿recuerdan?
cuando aún no habían partido.


PARTO EN LAS MONTAÑAS

La libertad está pariendo
en las montañas rebeldes de San Miguel
Chimalapa.

Es un parto difícil
y soy un testigo más de este momento
los hombres se cuelgan la tristeza al hombro
y las mujeres su coraje en las manos.

Quiero gritar en este instante de bronce
en este día metálico
cuando la libertad está pariendo.

Hoy ha llorado un pueblo
anunciándose vivo
en las montañas de libertad dolorosa.

Un pueblo que nace libre
un pueblo rebelde y seco.

En San Miguel Chimalapa limpio
sonrosado y nuevo.

Compañero Polo
permite que te hable mi voz gastada
no necesito al sol para crear
mi túnel de palabras milenarias
no me interrumpas

hermano mayor del pueblo
no espantes a mis saurios con tu silencio.

Sé que mil aguijones de alacranes fieros
se clavaran en tus manos
pero levantarás tu puño
y millares de sonrisas.

Te ofrezco mi cueva de armadillo
para descansar de tus angustias y desvelos
siente la paz de una hamaca.

Compañero Polo
la historia espera en la puerta de su casa
salúdala, háblale y ríe de sus bromas
sé que cantarte es difícil y apresurado
es como pedir a la chuparrosa
que beba inmóvil
tuya es la historia y el dolor del Istmo.

Marcha paso a paso por tu vereda
peina con tus dedos a la tarde arisca
Polin de Gyves
ningún golpe dañara tu piel de iguana
ningún canto dormirá tu voz
hay un gato montés en tu cabello
déjalo correr entre el monte.

Perdóname por desviar tu atención
hermano Polo
mañana te espera una hamaca de ixtle
para contarte del conejo marrón
que burló al coyote.

El dolor me sabe a sangre coagulada
a vidrio pulverizado
a cerveza barata y cigarrillos finos
miro mis manos y sus diez serpientes
tanto llorar a mojado el cielo
y corro en mis encías
la vergüenza de estar callado.

La mañana ha llegado con su velo negro
a ofrecerme el pésame
las aves, las iguanas y los peces
vienen a decirme que debo ser fuerte
miro mis pies y sus diez raíces
y me siento imbécil por estar parado
sumergido en esta tierra que ustedes pisaron.

El recuerdo cabalga hasta donde estoy
vienen buscando un contrincante a su medida
y por ustedes le di la espalda.

 

 

 

 


LAS MENTIRAS DE MANUEL YELA, como lamayoria de sus trabajos esta fue una recopilación de la historia oral de su pueblo, San Jerónimo, Ixtepec.

Manuel Yela se caracterizaba por sus ademanes, su voz, su buen humor para contar sus historias.

El guendaruzá’ diidxaxhiihui’, es el término que utilizó Fray Juan de córdova para explicar el arte de contar mentiras, de hacer mentiras. La mentira no es dolosa, mucho menos intencionada, es el arte de contar sucesos fantásticos, que de antemano sabemos que nos son reales pero les damos credibilidad.

No me importó, al hacer este trabajo, la originalidad de Manuel en sus historias, sino que por atribuírsele a él en Ixtepec, se consigna un relator, pero en el Istmo de Tehuantepec, donde la mentira es un género literario oral, es común que las historias se conozcan en otros puntos de la región y en cada lugar se le atribuya a determinada persona la creación, sin embargo, no hay autores para un género colectivo, al menos que se piense en el autor colectivo de los géneros literarios que las etnias defienden, que es la misma comunidad.

I

Como se crió en casa de su tío Paciano Palomec que tenía ganado, Manuel Yela aprendió a torear. Dicen que toreaba muy bien que hasta los pueblos del Istmo supieron de su fama de buen torero.

En una ocasión, los habitantes de la población de Ranchu Gubiña (Unión Hidalgo), lo invitaron a torear en la fiesta del Santo Patrón y contaba Manuel que en el ruedo, hecho de horcones y polines, en frente de él, había una señora que daba de mamar a su hijo como de diez meses de nacido. Mientras contaba esto, Manuel Yela recordando esa fecha, hacía los movimientos de torero: un ooole y hacía un cambio, ooole y tendía las manos como si estuviera frente a un toro y decía: Aja toro, órale bonito, y le chasqueaba la boca y avanzaba un pie, se ponía de lado y siempre invitando al toro. Decía Manuel Yela que esa tarde toreó tan bonito que la gente le aplaudió tanto, pero lo que más emocionó fue que el niño dejó el pecho materno y gritó: “Viva Manuel Palomec” y siguió mamando.

Versión de Jesús Hernández
4ª sección, Cd. Ixtepec, Oax.


II

San Jerónimo es mi pueblo y es tan bonito que nunca me voy a ir a vivir a otro lado. Decía Manuel Yela Cuando se inundo el río, la gente que vive al otro lado, en Cheguigo, pasa al pueblo por el puente del tren. Ese puente está un poco al sur de la iglesia de nuestro Santo Patrono.

Dijo que nunca se iba a ir de aquí, pero un día fue a México. Llegó en el tren y se bajó cuando dijeron que esa era la terminal, que ya estaban en la ciudad. Pero había tanta gente, tanto carro, tanta casa, dijo, que ya no cabía él. y a lo mejor se perdía y se regresó. Se metió otra vez a la estación y pidió un boleto de regreso a San Jerónimo, ya no había, ¡en México también se acaban los boletos! y ahora ¿qué hago? pensó Manuel, pero adelantito vió una tienda y listo como era, inteligente como era, porque era meñú, que le dice a la señora que vendía: “véndeme dos jabón oro, de ese jabón en barra, ¡gruesote! y que lo pone bajo su huarache, se subió a la vía y se vino toda la vía desde México hasta San Jerónimo. No se lo vas a creer pero al llegar al puente que se baja de la vía, todavía quedaba una tejita de jabón, con esa se bañó en el río.

Versión de Emilio Enríquez
4 sección, Cd. Ixtepec, Oax.

 

IMAGINERIAS, Cuentos para niños recreados de historias de su pueblo.

LA NUTRIA

Te contaré, Tania, de un perro que vive en el agua. En nuestro pueblo vivió en el río cuando ni tu ni yo habíamos nacido. Los viejos nos lo cuentan, Tania y como dijo el poeta, los viejos son los que más saben.

Dicen los viejos, Tania, que cuando la montaña se alegró del mundo y de las aves y de las flores, de su risa brotó agua, pero en nuestro pueblo, el río no tenía piedras, apenas una que otra, pues los peces, algunos, tenían muchas escamas aunque otros anduvieran desnudos.

Pero nuestro río, ese que apenas es un hilo de agua entre las piedras, fue caudaloso. En su ribera crecían hortalizas y flores en su corriente, además de flores y peces de colores, había nutrias y los viejos las llamaron perro de agua. Lloraban como mujer y les gustaba revolcarse en la arena.

Dicen los viejos, Tania, y debemos aprender de ellos, que en donde ellas salían, las nutrias, era en la parte llamada piedra bola y en ese montón de piedras se acostaban al sol y se volvían a meter al agua. Así jugaban.

Los viejos saben mucho, dicen que en 1928, se inundó el pueblo y se llevó hortalizas y flores, pero las nutrias siguieron viviendo en la piedra bola.

Los viejos lo volvieron a ver en 1944. Se inundó otra vez nuestro pueblo. La gente, mis abuelos, mis tíos y los tíos abuelos de otras personas sacaron al Santo de la Iglesia y lo bajaron al río enojado, cuentan que dejó de llover y las aguas se retiraron del pueblo. En esa ocasión no solamente dejó piedras donde hubo papas y cilantro y arena donde hubo gladiolas y lirios sino que se llevó las nutrias.

Los abuelos lo cuentan, Tania, y ellos saben tanto. Cuando vamos al barrio de Cheguigo, que está al otro lado del río y escuchamos en la noche gemidos de mujer, no te espantes, Tania, que no es ninguna alma en pena, son las nutrias que regresan a jugar contigo, para que las conozcas.

Los viejos lo saben todo, Tania, menos que tienes una amiga nutria.

LUCIÉRNAGAS

¿ Sabes que el amor es un duende, hijo del espíritu del monte? ¿No lo sabías, Tania? Dicen que cuando creció el río y se volvió adulto, perdió la gracia de los niños y se puso serio y las penas que tenía escondidas en forma de piedritas, no lo dejaban cantar.

En las noches, su corriente no reflejaba la luz de la luna y a los pobladores que habitaban su ribera les daba miedo bajar en la noche. Una pareja de jóvenes, enamorados ellos, buscaban su ribera para dejar escapar su juventud en besos y sueños y aunque tenían miedo, lo hacían bolitas que guardaban en el morral de ixtle del muchacho.

Una noche, Tania, en que los jóvenes bajaron a platicar su amor, la noche se volvió seria como el río y los jóvenes tuvieron mucho miedo, el espíritu del monte desenrolló el petate que cubría el cielo y las estrellas se asomaron. Cuando los jóvenes vieron las estrellas en el cielo, su amor se alumbró como faroles de la fiesta del Santo Patrono y el muchacho quiso atrapar una para su amor y buscó por la ribera un puntal que alcanzara la estrella.

Cuando encontró un árbol de palo blanco, desprendió una horqueta y alcanzó una estrella como si fuera una pitahaya pero la estrella se cayó y se rompió en mil pedazos.

La joven iba a llorar por la estrella rota cuando vió que de sus pedazos brotaban infinidad de luces que volaba

la corriente del río y otras que incendiaban las cuevas de los armadillos y otros que alumbraban los hoyos de las iguanas y otros más que se posaron en el pelo de la muchacha que así lució su cabello nocturno.

El joven detuvo en la horqueta diez de esos cocuyos, luciérnagas le llamaron los viejos, y significó felicidad de enamorados. El Espíritu del Monte, así premió aquel amor de jóvenes.

Cuando crezcas, Tania, y sepas del amor, escucha la voz del espíritu del monte que así sabe contar historias de amores y luciérnagas.

Poesia ultima, de su ultima libreta de escritores, 1987
Sobre la dura piel de la palabra
....y aquí empiezo a callar para decirte..
Carlos Pellicer

SOBRE LA DURA PIEL DE LA PALABRA

Sobre la dura piel de la palabra
deslicé mis labios silenciosos
con la prisa de quien pide un beso.

Su caparazón
me retornó de tus ojos profundos
a la brisa dentro de su cuerpo.

En su dura piel
la palabra me brindó un collage
de lIanto-risa-suspiro-miedo.

Deslicé mis dedos sin tacto
y la lápida de tu risa
encerró mis besos balbuceantes.

Derramé mis cantos
agoté mis esperanzas flacas
retorné a trotar los ojos
mudos y pálidos de sueño.

Vestido de metáforas marchitas
me enamoré de la palabra amarga.

La palabra
explotó
en mi
oído
y
quedé
sordamente
herido
de charlatanería

II

Desenterré mis raíces
y salí a caminar por las montañas.

Hubo lugares donde comí flores
y otros donde aspiré su perfume.

Nací de un vientre vegetal
oscuro y perfumado
y recorrí lagunas, sierras y valles.

Enterré mis raíces en el vientre de jade
que sopla en la vieja Antequera
y pagué tributo a la amistad,
la soledad y al amor.

Me castigó el orgullo mis hojas
y la envidia marchitó mis cogollos.

Hube de retornar marchito
el vientre que me aguarda, confiado con nuevas raíces, sin flores de amor.

III

ELEGÍA

Yo digo que no hay más remedio
que echarse un fusil al hombro
decir: Ya no estoy solo
irse al monte a luchar.

Atrás, vienen mil gentes
con su fusil al hombro
cantando la la la la ra la
dispuestos también a luchar.

IV

NISAGUIE

A Tania, simplemente

La lluvia tiene cuerpo de mujer
andar ondulante que invita al amor
la lluvia tiene cuerpo de mujer.

Su cabello es largo y oscuro
que desparrama cometas y luceros
y salpica su risa por todas las calles.

Mira a todos y con todos sonríe
le gustan los versos que hablen de amor
amor a la tierra, amor a los niños
amor a la rabia en el pecho del hombre.

No me gusta ver llorar a la joven lluvia
porque sus párpados cierra y su rostro ensombrece
no me gusta que su rostro se agriete
por todos los dolores o su rabia infinita.

La lluvia es una joven hermosa
que le deja recuerdos frescos, verdes y suaves
por donde la miran pasar.


HAY DÍAS

Hay días
que me parecen tristes o nostálgicos
y debo cargar nubes en los hombros.
Hay otros días
que son pesados y largos
y me acuesto a mirar el cielo que me aplasta.

También hay días
—como hoy—
en los cuales preciso tus besos y tus hombros
que reclines tu frente en la mía
o me hables al oído
entonces
maldigo la distancia.

A ESTA TARDE PINCHURRIENTA

La tarde pinchurrienta
se le está escurriendo la tristeza de los ojos
está pálida
sus párpados de gas neón irritan.

Cuántos lunares tienen la tarde
se llenó de pájaros y horas y tristezas
le brotó una cola de rata
y no lo sabe
la forcé a mirarme y le estampé un beso
está muy pusilánime la tarde
subí sus pantorrillas
y me aventó como a sus vehículos.

Qué lindas pantorrillas tiene la tarde
con su asfalto nuevo y sus calles anchas.

 

CUANDO ABRÍ LA LIBRETA

Cuando abrí la libreta
y tomé la pluma para escribir
una idea descansó en mi hombro.

Dejé la pluma
y ya no me importó la libreta
la idea seguía descansando
le sobé el lomo
le acaricié el piquito
y puse mi cabeza sobre su hombro.
Les juro que era una idea muy buena
no recuerdo de qué trataba
pero me acarició los oídos.

No supe cuándo ni cómo se fue
pero ahora
que deseo escribirla
solamente su aliento
tengo en mi oído.

Resulta que ahora las letras vienen
desnudas
con hambre
con sed
y con unas ganas inmensas de trabajar.
Sólo que ahora cuando sucede esto
no hay ropa
ni comida
ni agua
ni hay vacantes.

Por eso afirmo que debemos decir
“el pan nuestro” de los poetas
Es el a
ve
ces
diario.


Viajaba en autobús
y de pronto lo inundó la alegría
de muchos jóvenes que aman.

Estaba sentada en la última fila
y la alegría se estrelló en mi cara
me sequé pacientemente,
con la mirada de una niña de 18 años.
Sin abrir la boca
le dije que me gustaba y que era hermosa.

No me dijo nada, ni siquiera me miró
pero su alegría, su nariz, sus ojos
se estrellaron en los míos
cuando aturdida, se sentó junto a mi.

PASEO

Te llevo en mis bolsas
y de vez en cuando
te sonrió.

A veces
busco tu compañía y te sacó a la luz.

La charla amena
y en cada beso
te desmigajas.

Fuiste la suficiente migaja
que al formarte toda
satisface mi hambre.

Te llevo en mi sangre
Y de vez en cuando me sonríes.

EN PROVINCIA

Campos de Nescafé
vientos olorosos a sangre
sangre que riega esos campos
otrora mexicanos.

Los gringos hablan inglés
y los mexicanos de Og Mandino
¡ni rezar a Dios,
porque Dios está durmiendo!

han caído los mexicanos
ante el poder del gringo.

Lloramos ríos de provincia
porque mañana;
serán átomos de la NASA.

Reímos
y el Tío Sam
nos lleva al circo
donde un blanco
monta, escupe y golpea
a un mestizo.

MI FÉRETRO

Naciste de árbol joven,
quizá de un vieja o de uno verde.

Naciste de cedro,
de roble o de pino;
tal vez de abeto,
de mezquite o de pirul.

Todo pasa y tu resistes
todo avanza y tu quedas.

La tierra es tierra,
la habito, la habitas,
tú por fuera, yo por dentro.

Más cuando funcionas
como lo que eres: guardián
me cuidas, yo tiemblo,
me defiendes mientras lloro,
te desgastas, me desgasto,
te desmoronas y me pudro.

Mas todo pasa y te resistes,
el tiempo vuelo y te arrastras.

Cuando lloran, con seriedad
miras al gentío apagado
que llora —sin conocerme—
“la pérdida irreparable”,
no saben que me cuidas
y sonríes mientras tiemblo.

Todo pasa, tu parado,
todos gritan, tu inmutable.

Al escuchar al viento
chocar contra el polvo
y al polvo contra el viento
semeja sinfonía sin orquesta
la cual dejaré de escuchar
hasta que se apague.

Todos pasan,
todos te miran,
me cubres
y te amo,
eres cedro, roble o pino,
quizá rosal, cardo o abrojo.

El encaje que te cubre
parece frac de los 60’s
te ves serio y adulto
y eres más joven que yo.

Riamos sin hacer ruido;
la gente puede asustarse.

Mas, sigo caminando
con mi espalda en tu espalda
y mi vientre bajo el tuyo,
tengo miedo, soy miedoso,
me sonríes, acaricias y calmas.

Se acerca el día final.

Estoy nervioso.

Me miras, te despides de todos
cubres con tu cuerpo mi cuerpo
y ya no tengo miedo
de vivir siempre, eternamente,
dormido en cuatro paredes, riendo.

 

 

UNA CALLE DE MI PUEBLO

A Ricardo, mi sobrino, quien la camina.

Lento caminar sobre tus horas
mirando cada piedra y cada árbol
tocando los minutos que adormeces
en esta calle de mi pueblo olvidado.

Perezoso el camino que me ofreces
calle de mil bocas y mil ojos.

Creadora de mi infancia
dueña de mis veintidós años mozos
testigos de mi vida y de mi suerte.

La calle de mi pueblo abandonado.

Cada casa es un lunar secreto
y es cada niño un escalofrío que presagia.

En tu risa se columpia al tiempo
desnudo y hambriento, que tú cargas.

Nacida de ladrillo, cartón y adobe
esbozo de algo que se muere.
Nacida en la noche o en el alba
untada de mi amor, viva siempre.

Una calle de mi pueblo conformizo
una ventana de recuerdo que no llega
un pedazo de mis años que le debo.

Una calle de mi pueblo, olvidada.

EPIGRAMA

A mi rostro lo habitan
dos, estrellas fugaces
que esperan ansiosos el día
¡ay! compañerita
en que me abandonen para siempre
y me vayan a colgar, traidoras,
en tus lágrimas que nacen.

No dibujaste un beso
sobre mis labios anhelantes
un beso que he desprendido
lentamente de mi boca presurosa
un beso que está colgado
de aquella esquina, ¿te acuerdas?
donde aún te sigo esperando.

Nos sentamos sobre un verano
a ordenar nuestras noches despapeladas
noche a noche le fuimos dando sentido:
que un beso, que un sí, que una lágrima
y formamos el conjunto tan inmenso
que aun me sobran noches para compartir
contigo.

Como quisiera, mujercilla.
poder leerte a solas estas líneas
para que escuches mi voz desmigajarse
y sientas sobre tus manos
el calor de mis lágrimas
quienes al oír tu nombre
se deslizan presurosas
de mis ojos a tu aliento.

Sentados en una banca del parque
mi voz inundó a tu cuerpo.

Y si ahora te recuerdo
es porque hace un momento
me inundaron con tu nombre
todos mis amores.

**
Al mirar tu sonrisa coqueta
estrellarse sobre mi gesto adusto
creí que mi cuerpo se destruía
pero es amor el que brotaba.

Tus lágrimas van cayendo
al par de sus cabellos nocturnos
y cuando levanté tu rostro
un océano sin estrellas nos bañaba.

Si yo pudiera seducir tus labios apetitosos
haría de cuenta que devoraba una pitahaya.

Todo empezó con un suspiro y así terminó
el amor es una palabra que tiene vida.

—¿Te leo algo, mi amor?

—Lo siento cariño, estoy escrita en chino.

Dicen que las leyendas
tienen ojos de lambimbo
y a sus pies le brotan nubes.

EUSTOLIA OSORIO

Eustolia Osorio se fue al mar
a conocer la muerte.
Se escudó tras las piedras de sus años
para defenderse de la angustia
y el camino de tantas historias la ajan
que no sabemos si es mujer o leyenda.

Eustolia Osorio se mató de nombre.

Ella sacrificaba reses que cambiaba por huipiles
siempre quiso tener mariposas en el pecho
dormir a las nubes y bañar al río.

Pero sus ojos perseguían al mar y las gaviotas
y sus pies marchaban a la salina.

Con sus manos de luna y huanacastle
Eustolia Osorio se nombró la bayunquera

y fue reyna de canoas y cayucos
su cuerpo de guiriziña persiguió al mar.

Cuando acarició el mar, la anciana bayunquera
había tenido treinta años, tres hijos y seis
maridos
y regaló un beso corto al camino
que se despidió de ella
en un árbol de lambimbo joven
ese beso le quemó los labios, el sueño y la risa.

Cuando Eustolia Osorio conoció el mar
las olas y la espuma se alegraron tanto
que su cayuco amaneció más joven.

A lo lejos escucha una canción de amor
cuenta la historia de una nutria enamorada
de un pescador que huyó a tierra firme
para no matar con agua de sal
su frondoso cuerpo de río.

No quiere hablar mi pueblo
de Eustolia Osorio que sacrificaba reses
por tener mariposas
no sabemos su edad final o sus amantes salinos
ni sabemos si fue mujer o tal vez leyenda
quizá nutria de río en un mar furioso.

Sabemos que Eustolia Osorio nació en junio
cuando la luna es una semilla de mango
no me pregunte de sus hijos
no, me importa la cintura de la montaña
—que dicen—
rodeó amorosamente
para llegar al mar.
No conozco la historia de Eustolia Osorio
—que dice el tiempo—
se convirtió en arena.

NA BUNDIA

Sentado bajo un lambimbo
recibo la noticia en la espalda
Na Bundia se murió de grande.

El árbol lloró sus frutos
y manchó mi nostalgia
¡Ay¡ Na Bundia
ahora pondremos un lunar de tela
en la puerta de tu casa.

¿Quién me cantará del refafo rucu?
¿quién me curará de espanto?
y mis lágrimas brotan
como manantial en monte.

Los huanacastles abandonaron sus hojas
y los naranjos no revientan flores
Na Bundia no revientan flores
Na Bundia se murió de años
su vida se apagó como las velas.
No quiero llorar ahora
porque la tarde ocultó al sol.

Ríos de lambimbo corren por mi pueblo
y la angustia me exprime las ansias
de gritarte “esta es tu casa”.

¿Quién cantará la tonada del cacheza luchía? ¿quién se reirá de mi amor imposible?
¿quién hablará de aquella laguna encantada?

Se murió Na Bundia por vivir bastante.

En tu novenario
tus hijos y tus sobrinos iremos a levantar
tu cuerpo blandito y tibio.

Primero tu cabeza de azahares
después tu cuerpo de milpitas.

Iremos todos tus parientes a esconderte
en la playa del río
el agua de los mil suspiros
que extrañan
gimen
y nostalgian.
Se murió Na Bundia
cuando el lambimbo se cayó de viejo.
DE CÓMO NACIÓ EL CHAMIZO

Cuando el siglo amanecía
un chituguí, amarillo como limón maduro
trinó la historia de amor
entre las piedras del río.

Pánfilo Guzmán amaneció del barro de Tepalcate
y se enamoró
de Leticia Vázquez
la que nació entre plumas de palomas y cantos de
gallos

de la Huana Milpería
en esos días no había piedras ni arena
—el río no enfermaba de tristeza—
y las hortalizas y guiriziñas y huanacastles
eran la sonrisa constante
de la playa del río.

Ellos fueron los cómplices del amor de Pánfilo y
Leticia

En las tardes de garbanzo maduro
sale Pánfilo de Tepalcate
y robando la luz de la luna en su morral
avanza por la vereda,
que le sopla el pelo
y alimenta su pasión.

En las noches de amor,
—cuando las estrellas anochecen pulidas—
los amantes destrenzaban sus veinte años
y cabalgaban por sueños y promesas
y dormitaban en su futuro nervioso.

Los padres de Leticia
la que creció entre huevos recién puestos
y agua de pozo
se negaron a juntar su apellido
con “la gente que no camina” de Tepalcate
y ataron a Leticia
al comizcal para hacer tortillas.

En esas noches
las nubes cubrieron la luna y su luz
Pánfilo no pudo robársela en su morral de ixtle.

Entonces desenredó el día que tenía guardado
en los hilos de su hamaca
y el día lloró
y el siguiente, el siguiente y muchos más
hasta que los guiriziñas y huanacastles
y las hortalizas
corrieron río abajo
buscando refugio
donde abundan los pájaros.

Cuando los días dejaron de llorar
el río había entristecido
y en vez de árboles como sonrisas
sus ojos se marchitaron
y las piedras y la arena invadieron su alegría.

Fue en esos días
cuando Pánfilo Guzmán,
le pidió a Chituguí
fuera su corresponsal de amor.

Cuando Chituguí cantaba corto
Pánfilo llegaba exacto
si trinaba largo
Pánfilo llegaba tarde.
Si cantaba corto y largo
Pánfilo no llegaba
y con Chituguí planearon fugarse.

Pidieron a la luna, oscuridad para sus sombras
y a las piedras del río,
silencio para el caballo.

Y en la madrugada
cuando el sueño nos amarra a la hamaca

y nos sujeta al catre o al tapanco
Leticia Vázquez abandonó su casa
en un manta guardó sus recuerdos y sus cariños y sin cerrar la puerta de su adolescencia
siguió a Pánfilo, para vivir con él.

Pero Baltazar Vázquez, el que vivió en el monte hablaba la lengua de Chituguí
y los esperó en la playa.

La luna, infiel a los amantes
iluminó el amor que a los veinte años es torrente y un relámpago de pólvora
deslumbró al río.

Los amantes se besaron.

Cuando se descobijó el día
el padre
en lugar de cuerpos
descubrió entre las piedras
dos plantitas verdes.

En esas plantas
cantaba Chituguí todas las tardes
repitiendo la letanía de amor
y cantaba largo
y cantaba corto
y cantaba corto y largo
hasta que se convirtió en flor.

La gente dice —desde entonces—
que la enramada de boda
debe ser de chamizo fresco y tierno
que es cuando abre sus flores amarillas.

LUCIANO DIAZ

Sentado en la esquina de la tarde
Luciano Díaz nos regala sus sueños
con su cansada voz de barro.

Vemos correr a Chano entre el tuzal
o revolcarse entre sus sueños
de ladrillero.

Nos canta versos con edad de siempre
y sus manos de huanacastle
cubren nuestra imaginación de mozos.

Su rostro es de senderos encontrados
donde anida el tiempo carcomido.

Sueño y cansancio enseñan sus ojos profundos.

En su boca silvestre
maduran limones
que confundo con canarios.

Enjuto de caminar pausado
ordeña a la aurora sobre sus huaraches
y con el sombrero espanta las moscas.

Luciano Díaz nos sienta sobre su voz
y entre su aliento de anciano
vamos pescando leyendas.


POCOS SON LOS ELEGIDOS

A Tania Nisa Guiée

Pocos tienen el valor de gritarlo todo
desnudar la palabra por las calles
destruir los edificios que levantó el engaño.
Pocos son los elegidos
los que avanzan sin detenerse
para mascar la rabia de los hombres mudos.

Avanzan por las calles del tiempo carcomido
y se detienen frente a la historia ciega, anciana
para explotar su coraje.

Pocos tienen el valor de gritarlo todo
destruirlo todo y construirlo todo.

Sus rostros se pierden en los recuerdos
de los hombres mudos, temerosos de la vida
sólo sus nombres alumbran sus ansias.

La realidad es un mérito de ellos
se les valora su compañía
sólo duermen sus cuerpos de barro.

Pocos son los elegidos de la historia
de los pueblos surcados de tristeza y barro.
Pocos son
y sin embargo, son incontables.

LLEGUÉ TARDE A TODO,
INCLUSO AL ROCK

Para Roberto Poblano
el que se sienta en las nubes,
ya vas carnal.

VIAJE SUSPENDIDO

Vamos preciosa, sé buena.

No vayas a gritar otra vez
el baño está por la derecha
sigue igual
desde que despegaste.

Esta noche
las estrellas son esferas de navidad
ella espera
el camión de las ocho treinta p.m.
pero el camión anda con muletas.
Hey, hey, nena, por favor
el camión no pasará
ella se disgusta y patalea
se desnuda en la avenida principal
y los semáforos encienden su luz roja.

Oye nena, escucha
no hagas este avandarazo
no lo hagas, por favor
esta noche, los camiones no andan solos
y lo peor nena, lo peor
esta noche no es domingo.

Acúsame con el mundo
que te forcé a darme un beso
te chantajeo con mis traumas
de chavo fresa.

Vamos, nena, grítalo
esta noche voy a forjar un beso
para tus hombros.

Vamos nena,
tus talones se sienten fatigados de llanto
no deambules con tu bolsa al hombro
no empañes tu adolescencia con bilé rojo
ni provoques embotellamientos en tus venas.

Nena, por favor,
no disminuyas la luz de tus ojos al fumar
no soy moralista.

Nena, escúchame ahora, por favor, nena
vaciaste mis bolsillos
mi imaginación se despedazó todita
siéntate en la esquina con los cuates
nena.
Vamos a, fajar en la cintura de la calle
cuando en tus dientes
amanezcan flores.

Escucha esta rola
gime mientras escuchas
no me mires a los ojos, nena,
porque el amor enceguece
no me mires las manos
pues la locura se nota
comparte tus dientes conmigo
ven, nena, abrázame
vamos a mirar la luna
y orinar las bardas
no escuches la risa
de los novios decentes
forjemos un cigarro
nena, uno sólo
quemaremos nuestros sueños
y guardaremos la bacha.
Vámonos en ese bus, nena
besaré tu espalda como espejo
y tus labios de epazote.

Beto el titis
fue fumador de mota
y el mero machín de la colonia
tenia ojos de lagarto y vitalidad de gallo.

Paco, el buitre
fue campeón de vencidas
con sus garfios de cobre.

Y a tí, nena,
te inundaban el cabello de ideas
como si fueran piojos.

Beto se hizo boxeador aficionado
y Paco estibador del muelle
y tú, nena,
andadora de calles.

Beto se dedicó a beber
y se volvió teporocho,
Paco se dedicó a la mota
y tú, nena, pescaste gonorrea,
Beto se duerme en las madrugadas
y se cobija con neblinas,
Paco asalta a los transeúntes nocturnos
y tú, nena, ahora no me sirves.

Vamos, nena,
cúbrete las mejillas de rubor
descálzate las tobilleras
nena, por favor,
no hace falta bailar.

Tu mirada me lo dijo:
la noche se volvió cartón
y a tí, nena, tú lo sabes
se te acabaron las pilas.

¿El amor? dos cuadras adelante
por la derecha
entre las chavas de la esquina.

No bebas de la cerveza
ni aceptes cigarrillos.
Están cantando en voz alta.

Por favor, no te detengas
en una cuadra adelante.

Levanta un pie, preciosa
ahora el otro
convulsiona tu cuerpo.

Nena,
la música es azul y amarilla.

Nada entre la música, por favor
ahógate de notas y guitarras eléctricas.
Esta noche, preciosa,
te convertirás en nube.

No, baby, no,
la mota nada dice
si andas fúrica.

Vamos, chava, sacúdete.

La música es suave
como piel de topo.

El amor llegó en bicicleta
y tus besos tronaron.


SANDY BLUES

Quiero contarte una historia fresa
de un chavo bien loco
y una chica cursi
él tenía ojos de morsa
y la piel de nutria.
Era moreno como la música de Paul Robesson
y ella no tenía pecas.

Esta historia
se bebe con tragos de tequila, mezcal o ron
es que a la chava
le nacieron besos en la frente
y usaba calcetas a los tobillos
y sus zapatos fueron enredaderas.

Los chavos se conocieron en un parque
—andaban sacadísimos de onda—
y volvieron a sus lugares de origen
él con los ojos ligeros
y ella sin flores en los pies.

II

Esta historia, nena,
es para beberse con hielo
el chavo estuvo alucinando
con un beso que le pintó la cara
y le manchó la sonrisa.

La chava se miraba en el espejo
la espalda desnuda
esperaba le naciera piel de nutria.
Los años pasan, nena,
y los animales envenenaron de música y poesía.
La historia que te cuento, preciosa,
es para escuchar un disco de B.B. King
acostada
en mitad de tu adolescencia.
Hey, nena,
escucha la ultima parte
ella se volvió bugambilia
y él
zorro de monte.
Por favor, nena, alcánzame la toalla
vamos a secarnos
de la música de Carole King
y desayunamos ancas de hueledenoche.

Sirve otro trago, nena,
aún tengo historias fresas
que debo contarte.

SHIE GUENDA PUTA NA’YACA
ULALIA

Siempre caminaba ligera, como si al andar sus menudos pies sólo rosaran el suelo. Su joven cuerpo se esti- raba en cada paso. Hoy, dicen que tiene un dolor en el alma y su cara es un pozo de arrugas.

¡Ulaliaaa! ¡Ulaliaaaa! ¡jija de la chingada!... ¿Ónde se ha metido esa escuincla? Ahí va la chamaquitada a traer a Eulalia que esta entre el chamizo con sus pantaletas bajo de ella, mientras polo le jugaba la espalda. Ni bien había llegado a su casa, ya tenía pretexto es que me fui a traer leña pal comixcal, luego cuando se acaba, usté me pone a juntar varitas.

Todo terminaba en un regaño.

Antes que se hiciera vieja, tenía unos ojos bien chulos, grandotes y claritos. Sus amigos eran uno o dos años más grandes que ella.

Ònde vas cabrona! Segurito al río, ¡ah! nomás les entra la brama y luego buscan monte. Pero Eulalia se hacia la sorda y se iba a su escondite de chamizo.

Si la hubieras conocido cuando tenía trece o catorce años, le hubieras visto las piernas escondidas entre sus naguas, tratando de tapar lo guapa que ella era.

Pero a esa edad no dejaba de ir al chamizo.
Sólo se iba con el que ella escogía.

Eulalia pasaba por el parque donde estaban los muchachos, volteaba a mirar a uno y le clavaba vista para después sonreírle con esa sonrisa de burla y desprecio.

¡Qué jijo de la chingada vas a dar vuelta hasta el parque! ¿A ver que no puedes bajar derecho?

Eulalia se iba al chamizo por el parque.

La vida en el mezquite parecía monótona para las tardes de ella, siempre el chamizo con un joven distinto, parecía que aquello nunca iba a terminar.

Hacer atole, totopos, agarrar su toalla y su jabón y dar la vuelta por el parque. Un día, Eulalia salio del mezquite y no supimos de ella. En ese tiempo empezamos a platicar sus cosas.

Pinche Polo, tu la llevaste más tiempo al chamizo ¿cómo le hiciste pués?

No chingues, quien si la gozó fue Chemán, él la desfloró.

No!

¡A poco!

Si, ella se reía de él, lo miraba y agachaba la cabeza.

Yo lo vi ponerse rojo, rojo.

Que pendejo.

Si será güey.

No se vaya a enojar Na Vige, pero eso es lo que cuentan y si ella salió cusca, no es culpa de usté, no es que diga pa que se enoje, pero su nuera que en paz descanse, fue igual que la hija.

No me enoja, Na Bundia, no se apure, tómese su pozol, ¿está un poco dura la calor verdad?

Uta, sí, no se aguanta.

En esa temporada el río creció tanto que llegó a las primeras casa que están a la orilla del barranco donde corre. Pero aquello era agua no chingaderas. Traía reses, traía marranos, árboles hasta gente que se ahogaba. Pero no nos trajo a Eulalia.

Polo ya se había casado cuando lo supimos.

Sonó como cuando el río trae agua, primero lejano, después tan fuerte que nos llenaba de emoción.

Eulalia venía a casarse.

Na Vige compró cohetes y cantaritos. El era hijo de Chela Mando, de los de Nizanda, a dos horas de camino.

Cuando ella llegó al pueblo, se sintió como en un principio: sin amigos. Pero los jóvenes se equivocaron, pues parecía que con el chamizo que se llevó el río, se fue la costumbre de Eulalia.

Se buscaron madrinas: de arras, velación y otras. Como a los quince días se pasó a pedir huevos pal marquezote. El viernes que se mató la res, se llevó pan a todas las madrinas. El sábado iba a ser la boda por el civil. Facundo, el novio, legó en la madrugada. Como a las ocho se puso a beber con los invitados. El domingo era la boda por la iglesia y el baile de cantaritos.

Siempre caminaba ligera, como si al andar, sus menudos pies solo rozaran el suelo. Pero dicen que se volvió loca desde que facundo la plantó en la iglesia. Hoy, luce en la calle su vestido de novia y su cara llena de arrugas. Dicen que quedó así por los gestos que hacía cuando le quebraban los cantaritos blancos en los pies. Otros dicen que son los surcos por donde bajó la saliva.

Na Vige dice que ella no sabe nada. Que nunca ha tenido una nieta puta.

Alejandro Cruz
Poesía inédita facilitada por su esposa.

GUÍAS TURÍSTICOS DE OAXACA
 
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