DORIS ARELLANO

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 Es Tuxtepec por su naturaleza, una región exuberate. La fértil llanura que se desprende de la base de la Sierra Norte de cara al Golfo de México es acariciada por caudalosos ríos que la serpentean. Antigua casa de los Viejos Abuelos, los olmecas hace más de cuatro mil años humanizaron el paisaje y dejaron testimonios de su grandeza espiritual por esta verde zona de Oaxaca.

Tuxtepec, que en lengua náhuatl significa “Cerro de conejos”, lo que indica que esta bajo la influencia lunar y la Luna es la aliada cósmica de las mujeres, y las mujeres son las “verdaderas creadores” de este mundo. El mundo femenino de nuestros Viejos Abuelos esta representado por la Luna, la oscuridad, la humedad, la intuición y el mundo desconocido, tanto interno como externo.

En el mundo de las artes plásticas tenemos a varios creadores de la región del Río Papaluapan, dentro de ellos AQUIOAXACA presenta a Doris Arellano, que nos ofrece una obra que a pesar de estar en un proceso de evolución, ya presenta una fuerte personalidad y un estilo que, aunque no esta totalmente madurado, se advierte en él una búsqueda propia, saturada de la esencia de la cultura de sotavento. Doris parte de la expresión popular de su cultura, pero maneja el color y el movimiento, con mucha fuerza y carácter, dándole un renovado impulso a la pintura tuxtepecana. Auguramos en la obra de Doris Arellano será a mediano plazo, un punto referencial en la plástica oaxaqueña, que no se supedita a los obscuros “círculos del poder central” de la Verde Antequera. Doris como la vegetación de su tropical tierra, crece libremente entre la tela, la imaginación femenina, el movimiento y el color.

“Nací en Tuxtepec, Oaxaca en el año de 1966. Me inicié en la Casa de la Cultura y tomé clases con el maestro Mariano. Posteriormente viaje a la Ciudad de Oaxaca y estudié en la Escuela de Bellas Artes de la UABJO.  Desde niña yo siempre dibujaba, en la escuela me la pasaba dibujando y era para mí una forma de interpretar el mundo que me rodeaba. El descubrimiento del óleo se dio en Bellas Artes y ahí se descubrió completamente mi vocación.

Yo pinto lo que voy sintiendo y la mujer ocupa un lugar fundamental en mi obra. Trato de expresar en mi obra lo que siente una mujer. Escucho atentamente a mis amigas y ellas me platican lo que están viviendo y como soy una persona muy sensible, siento lo que ellas sienten y lo plasmo a mi manera en el lienzo y le doy vida con los colores y las formas. Son puros sentimientos de mujeres traducidos en formas y colores.

 

No me gusta pintar paisaje, será que vivo en medio de esta vorágine de tonos verdes. Pero me llama la atención la raíz de nuestra cultura popular. En mis cuadros generalmente no les pongo rostros a las mujeres, porque pienso que puede ser cualquier mujer, no pinto a una persona en especial, pero me gusta pintar rostros.

 

La pintura es un camino y el camino cuando se recorre va cambiando el paisaje. Mi obra recoge el paisaje de mi vida, de mis amigas, de mi cultura y, por qué no decirlo, de mi propia alma. En cada pincelada uno va dejando un pedazo de mí ser. Yo siento que mi camino se dirige al universo abstracto de la forma, el movimiento y el color. Cada vez en mi obra se desvanece la figura. No se a bien a dónde se dirige mi obra, pero lo que tengo muy claro, es que yo seguiré pintando toda la vida.

Yo no pinto para vender. Para mí cada obra es especial. Puedo pintar un cuadro y estar llorando y llenarlo de tonos de azul, pero no es que me haya pasado algo, es solo un sentimiento que se apodera de mí y se proyecta en el lienzo. Ese tipo de cuadros los siento mucho y son para mí. Mi hija Frida, que tiene doce años, sabe que esos cuadros también se le van a quedar a ella.

Yo siento pasión por pintar. Cuando comienzo en la tarde me puedo quedar hasta las dos o tres de la mañana pintando. Me desconecto del mundo y me entrego por completo a la creación, el tiempo pasa velozmente sin que me de cuenta.

En Tuxtepec a la gente le gusta mi trabajo. A veces me piden paisaje o retrato y aunque no me gusta lo hago por complacer a la gente. Lo que no pinto son imágenes sacras, pues yo soy creyente y no se en verdad cuál era el verdadero rostro de estos personajes de la religión. Yo solo pinto lo que siento.

A mi me gusta pintar con colores fuertes, por eso no me gusta pintar con acuarela. Me gusta manejar colores intensos y pintar curvas. Yo no escojo los colores, ellos aparecen en el lienzo. Me encantan las curvas y los trazos con intensidad e intención.

Mi obra se esta exponiendo en varias partes de Oaxaca, del país y en Estados Unidos. El INBA se esta encargando de hacer todos los trámites para que la obra salga del país.

En mis planes a futuro es poner una sala de exhibición en el centro de Tuxtepec. Tengo el deseo de que mi gente conozca a otros pintores, tanto de Tuxtepec como de Oaxaca y el país. No tanto sería para vender, sino para brindar un espacio a la comunidad para que se acerquen a las artes plásticas.

 

Actualmente estoy trabajando por el desarrollo cultural de Tuxtepec. Yo pienso que se necesita hacer mucho por mí tierra en el aspecto cultural, pero me he enfrentado al desinterés de los políticos por la cultura. Creo que el mejor espacio de lucha por la cultura es el lienzo y los colores.

No se si existe vida después de la muerte. Pero yo ciento que si. Yo no quiero irme sin dejar huella, y no es vanidad. Yo quisiera dejar mi obra para que otros sientan lo que yo sentí, aunque ya me haya ido. El arte es un camino en la vida que me ayuda a trascender”.

DORIS ARELLANO MANZO

Calle de Benito Juárez No. 225

Col. Centro C.P. 68300

Tuxtepec, Oaxaca. México.

Tel: (287) 875 86 43

Tel. Cel. 044287 100 6601

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