LOS CHATINOS

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El territorio del pueblo chatino se sitúa en la Sierra Madre del Sur, extendiéndose por la costa del suroeste al noroeste, hasta llegar al distrito de Juquila y penetrando hacia la zona montañosa, hasta llegar al distrito de Sola de Vega y colindando con los distritos de Miahuatlán y Pochutla.

Los chatinos se nombran a sí mismos en su lengua "Cha’tnio", que significa "trabajo de las palabras" y que se puede interpretar como los que hablan palabras elaboradas. Pueblo de orígenes remotos, hasta ahora se han encontrado vestigios en la costa que datan del año 400 a.C., aunque las estelas encontradas en Nopala datan de 600 a 800 d.C.

Su lengua está clasificada en el grupo Otomangue, tronco Savizaa, familia zapoteca. Como todos los pueblos que son hijos de los hijos de nuestros Viejos Abuelos, los chatinos mantienen como una de sus herencias fundamentales a la familia.

En efecto, el núcleo básico entre los chatinos es la unidad doméstica, la cual está compuesta por una o más familias emparentadas y se torna la estructura fundamental de producción y consumo. De esta manera, los hombres colaboran en los trabajos agrícolas, pastoreo, cacería, pesca, y construcción de viviendas, las cuales generalmente son de piso de tierra y las paredes de carrizo recubiertas de lodo o hechas de adobe, con techo de palma o teja.

 

Las mujeres se dedican al hogar, donde el cuidado de los niños, animales domésticos, acarreo de agua y leña, el trabajo en los huertos, la recolección y la producción de artesanías ocupa todo su tiempo.

El espacio de mayor simbolismo y representatividad, como en todas las casas de los pueblos originarios, es el altar; situado en un extremo del rectángulo en que se construye la única habitación del hogar.

El sentido espiritual y místico por la vida, otra de las valiosas herencias de los Viejos Abuelos, encuentra un espacio de expresión interior en la vida personal y familiar de los chatinos, y llega a espacios comunitarios el 8 de diciembre, en torno a la milagrosa Virgen de Juquila, símbolo que unifica, en la fuerza del espíritu a propios y extraños.

El mundo de la cultura chatina se sostiene al guardar un sutil equilibrio entre la sociedad de los seres humanos, el mundo inconmensurable y maravilloso de las criaturas de la naturaleza y las fuerzas y entidades desconocidas que envuelven la existencia de todos los seres vivos.

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