LA GUELAGUETZA 2004


Escrito por Guillermo el .

Entre la Pléyade de fiestas que tienen las ocho regiones de Oaxaca, la Guelaguetza ocupa el lugar más importante. Punto de encuentro de las apartadas regiones separadas por inmensas cadenas montañosas, profundas cañadas, selvas vírgenes, bosques cerrados, costas abiertas y también páramos desérticos.

La Guelaguetza es una fiesta compartida por todos los oaxaqueños. Sus más de trece mil comunidades, sus quinientos setenta municipios, sus ocho regiones, sus 17 naciones indígenas, sus culturas mestizas y afromestiza, encuentran cada año en el Auditorio Guelaguetza, un punto de fusión y hermandad a través de su “flor y canto”, como así se los enseñaron sus Viejos Abuelos hace más de tres mil años.

Fiesta de luz y color, alegría de ser y trascender. Fraternidad y hermandad. Música, danza, arte, y el sentir de una cultura que se resiste orgullosa a desaparecer devorada por la “modernidad homogenizadora”. El Espíritu humano vibra y se funde en “el compartir”, en el dar “su Guelaguetza” a más de 12 mil almas que comparten la alegría sobre humana de unir el cielo con la tierra, el cuerpo con el espíritu, la alegría de ser y la esperanza de trascender. Dejar testimonio, no sólo de su cultura, su pueblo o su danza, sino de su propia experiencia personal de estar frente a un generoso público que en algunos casos, vienen de muy lejanos lugares. En este año abre La Guelaguetza la cultura Mixe de la Sierra Norte.

La Guelaguetza es dar y recibir. Las delegaciones vienen de las ocho regiones del estado a presentar su danza, su música, sus productos regionales, pero sobre todo, vienen a dar su corazón a cielo abierto. El público se entrega totalmente a esta fiesta del Espíritu. Ellos también vienen de lejanos lugares, tanto de la geografía nacional como de lejanos países.  

Desde temprana hora, cada tercer y cuarto lunes de julio, los oaxaqueños y sus invitados suben las escaleras del “Cerro del Fortín”, como es la tradición, en medio de la vendimia o cómodamente llegan por la carretera panorámica al Auditorio Guelaguetza, que se encuentra enclavado en la “nariz” de una cadena de cerros que se desprenden de la Sierra Norte.

 

Desde tiempos inmemorables los habitantes del la Ciudad de Oaxaca, acostumbraban subir a realizar la fiesta de “Los Lunes del Cerro” en la antigua “Rotonda de las Azucenas”. Las familias subían comida, música y realizaban una fiesta comunitaria en el cerro. A partir de 1932 cuando se celebró el "Cuatrocientos Aniversario" de que la villa pasó a tener el título de Ciudad de Oaxaca, se realizó un “Homenaje Racial”, en el que se invitaron por primera vez a las regiones a presentar su música y su danza, pues la ciudad acababa de sufrir el año anterior un terremoto muy fuerte que la dejó en la ruina.

La siguiente delegación es la de Tlacolula de Matamoros. Abre muy dignamente con sus “Chinas Oaxaqueñas”. La chirimía y el tambor tienen su origen desde lejanos tiempos de los Viejos Abuelos y siguen presentes en las fiestas y tradiciones de las comunidades oaxaqueñas.

A partir de ese año, se siguió invitando a las regiones a compartir esta fiesta con los oaxaqueños y más tarde, cuando se hizo muy famosa y se le llamó “La Guelaguetza”, empezaron  a venir personas de todo el país y de otros continentes. La Guelaguetza siempre ha sido una fiesta popular, y la mitad del Auditorio Guelaguetza tiene la entrada libre, por lo que los citadinos mantienen la fiesta como parte importante de su patrimonio.

Las “Chinas Oaxaqueñas” llevan sobre sus cabezas los hermosos canastos decorados con flores, los hombres “cargan” su gabán de lana. El Valle de Tlacolula está presente en La Guelaguetza 2004.

La mujer yalalteca hace digna presencia en el Auditorio Guelaguetza. Los pueblos indígenas de las montañas guardan con mayor rigor sus ancestrales tradiciones y costumbres. El carácter de la gente serrana es más introvertido y sus bailes, a pesar de ser alegres mantienen un sentido místico y ritual.

La fiesta sigue con Huautla de Jiménez, centro espiritual y cuna de la Mujer de Conocimiento María Sabina, que con orgullo le presentan al público su “Fandango Mazateco”, con sus sones y jarabes mazatecos, “Flor de naranjo”, “Flor de liz”, “Flor de piña”, “Anillo de oro” y “El Jarabe del palomo”.

La ternura y el misticismo son los ingredientes más sobresalientes de esta región en la interpretación de su danza y su música. Huautla de Jiménez es considerada por propios y extraños, “el Tibet mexicano”.

Hace su aparición la delegación de Santiago Juxtlahuaca de la Mixteca, con un baile que refleja la vida de los intrépidos hombres que arrean el ganado llamada “La Danza de los Rubios”. Los sones y jarabes de los mixtecos, pero la danza de Los Rubios se baila con violines y guitarras, está conectada culturalmente con el estado de Tamaulipas, Veracruz. Puebla y las Costas de Guerrero.

Los españoles durante los 300 años de Colonia prohibieron terminantemente a los pueblos indígenas bailar o producir su música ancestral. De modo que después de la Independencia al inicio del siglo XIX, muchos pueblos re-inventaron su danza y su música con las influencias de Europa. De esta manera el violín, la guitarra y el bajo fueron utilizados para expresar sus sentimientos.

En el baile de Los Rubios se usan máscaras que nos recuerdan a las castas que existieron durante el período colonial. Las chamarras y chaparreras son muy típicas de la región. La música de aliento llegó con los franceses.

 

De la región del Istmo de Tehuantepec, donde la cintura de la nación se adelgaza. En donde el aire sopla con reciedumbre, capaz de arrancar árboles o pasiones encendidas de sus mujeres hermosas. En donde la tradición zapoteca se fortalece y se expande hacia las costas de Veracruz y Chiapas, viene la delegación del Istmo a presentarse en la Guelaguetza 2004 en el Cerro del Fortín.

La región del Istmo de Tehuantepec fue muy deseada por las potencias del siglo XIX, su potencial estratégico y económico hizo que arribaran un gran número de extranjeros de diversas nacionalidades, lo que enriqueció a la cultura zapoteca a través de las “apropiaciones” culturales que realizó.

La música zapoteca del Istmo tiene una gran influencia europea, especialmente alemana y francesa, pero ha desarrollado un sello muy propio que le ha impregnado la cultura zapoteca. Tal vez de las tres regiones en donde históricamente se ha desarrollado la cultura zapoteca, Sierra Norte, Valles Centrales e Istmo de Tehuantepec, es ésta última la que mantiene más alegría festiva en sus tradiciones y costumbres.

De la Mixteca se presenta la delegación de Santa María Asunción Tlaxiaco, sones y jarabes de Tlaxiaco. La representación abre con la Canción Mixteca tocada por la Banda Sinfónica del Estado. Con paso lento y en dos líneas de manera mística y ritual despiertan la aclamación del auditorio con sus 11 mil almas.

“Despierten corazones, desde la región Mixteca, les traemos los sones y jarabes de Tlaxiaco”. De esta manera la música y la danza inician, mientras unas parejas se ponen a tejer el tradicional sombrero de palma.

 

La delegación de Ciudad Ixtepec toma el foro con la hermosura de sus mujeres y la gallardía de sus hombres.  Las mujeres visten sus bellísimos trajes con sus luminosos resplandores y los hombres lucen sus sombreros panza de burro.

La delegación de Santiago Ocotepec presenta el baile “La Compañera del Chinanteco”. El balile representa la labor cotidiana de la mujer chinanteca en el proceso de la limpieza del maíz.

Se presentan las costumbres de los pueblos chinantecos de la parte media del Distrito de Choapan, conformado por los tres municipios: Santiago Ocotepec, San Juan Lalana y San Juan Tejapa.

¡Ya llegaron los de Ejutla! ….

De la región de los Valles Centrales se presenta el jarabe ejuteco.

Las mujeres con sus remolinos de colores salpican el espacio de formas, como remolinos policromos.

El grito viril de los hombres resuena en el foro, ¡Ya llegaron los de Ejutla!

La Danza de la Pluma hace su presencia en el Auditorio Guelaguetza. Está compuesta con marchas, himnos, pasos, sones y pasos dobles. De Zaachila representando a la región de los Valles Centrales.

 De los Valles Centrales, viene la delegación de San Antonino Castillo Velasco a presentar al Auditorio Guelaguetza el jarabe del Valle en las fiestas de Boda. Hermosa representación de un ritual que tiene miles de años de repetirse con pocas variaciones en esta tierra zapoteca.

La belleza de sus mujeres, la destreza de sus movimientos, la cadencia y al mismo tiempo la alegría hace un deleite a los sentidos.

La fiesta comienza con un discurso pronunciado por una de las bellas muchachas de la comitiva. “Apreciables y distinguidos invitados, reciban un cordial saludo de los habitantes de la noble Villa de San Antonino Castillo Velasco, que hoy se presenta con su Guelaguetza en las Fiestas del Lunes del Cerro 2004.”

“Es para nosotros motivo de gran orgullo, participar de la fiesta más importante de Oaxaca y compartir las tradiciones y costumbres de nuestro pueblo, como la Mayordomía, fandangos, blusas bordadas y artesanías. Señoras y señores: San Antonino Castillo Velasco los espera siempre con los brazos abiertos.”

Para seguir con la Guelaguetza, de la región del Papaloapam… “mujeres que viven entre tulipanes y jazmines nos traen Flor de Piña. Esta danza significa la alegría que tiene la mujer por la buena cosecha de piña”

“Buenos días Oaxaca, buenos días visitantes nacionales y extranjeros. Sólo les vengo a decir que acabamos de llegar, medio viaje fue subir y medio viaje fue bajar. La montaña atravesamos, la friega fue inclemente, …pero ¡que tal ya llegamos Tuxtepec está presente!

“Sí señores, yo soy Tuxtepec. Y le digo a mis hermanos de las otras regiones, hoy que juntos laten nuestros corazones mostremos al mundo entero, el orgullo nuestro de ser oaxaqueños”.

“Ya se escuchan los acordes de música sin igual y una feria de colores del atavío regional que lucen bellas mujeres de mi rincón tropical. Con un porte señorial hacen su entrada triunfal, luciendo primores mil, los bordados del huipil, ya se inicia la danza que causa alegría, asombro. Baila doncella la danza con una la piña en el hombro.”

 

La delegación de Villa Sola de Vega hace su presencia en la fiesta más grande que une a todos los oaxaqueños. Con sus bailes, jarabes y sones vibran todos los corazones.

 

 

“Venimos de un paraíso terrenal, orgullo del oaxaqueño venimos de Pinotepa Nacional. La delegación de la Costa se hace presente con las Chilenas de Pinotepa Nacional…!que viva Pinotepa!

“Yo soy puro costeño, nacido bajo un palmar, me gusta mucho el chirimole y la chilena bailar. Pero más me gustas, tú negra, cuando te miro bailar”

“Ya se que me andas espiando, negro retinto y mal hecho, soy mujer costeña, te voy a hablar muy derecho, para que se te quite el orgullo y se te quite lo arrecho”.

“Aquí terminan los bailes tradicionales de Guelaguetza de este primer Lunes del Cerro, nos vemos en la Octava de las Fiestas del Lunes del Cerro.”

Así termina la fiesta de todas las fiestas. La gente empieza a abandonar el Auditorio Guelaguetza. Las delegaciones se estrechan las manos, se toman fotografías y algunos son entrevistados. La vendimia está en su punto, con un sol incandescente y los estómagos avivados por los exquisitos aromas de los guisos oaxaqueños. La gente baja el cerro lentamente comiendo y bebiendo.