Zonas Arqueológicas ubicadas en los Valles Centrales

A LOS PIES DE MONTE ALBÁN


Escrito por Guillermo el .

Los antiguos hombres y mujeres de conocimiento escogieron la Montaña Sagrada de Daany Beédye (“La Montaña del Jaguar” en lengua zapoteca), para crear un conjunto arquitectónico que les permitiera desarrollar las prácticas de sus ancestrales conocimientos sobre la energía y la trascendencia del Espíritu.

 

La montaña no es sagrada porque ahí se construyó en la materia un homenaje al Espíritu, sino porque en este “punto” de Tonatzín, “nuestra madre querida”, extrae de sus entrañas vivas, energías telúricas que proyecta al universo. Y de él recibe energías cósmicas que fecundan a la Tierra.

 

 Monte Albán es entonces, un punto energético de la Tierra.  Las fuerzas telúricas y siderales salen y entran para mantener el delicado equilibrio de “nuestra madre”, como ser vivo, sensible y consiente, unido al Universo.

 

 El turista desinformado, solo vista “la zona arqueológica” para ver “las ruinas”. Pero Monte Albán esta vivo, vibrante y vigente. “La Montaña del Jaguar” es un sitio de poder, en el que los Viejos Abuelos, a lo largo de 1350 años lo construyeron y usaron para traspasar la limitada periferia de la existencia material. Y hoy representa el legado más importante para enfrentar el futuro.

 

 Las energías que vibran y reverberan en La Montaña Sagrada, siguen eternas e inmaculadas, incólumes, dispuestas a trasmitir a los seres espirituales consientes el prodigio de percibir lo inconmensurable. Daany Beédxe sigue vivo…acaso el que está “muriendo” es el ser humano “moderno”, que sobrevive atrapado en la adoración de la materia y el culto al “becerro de oro”.

 

 Aquíoaxaca visitó las faldas de la Montaña Sagrada que dan al oriente, hacia el pueblo de Xoxocotlán. Antiguo recinto en donde vivían los hombres y mujeres que en vías de la transición (Xoxo es Xolotl, el nagual de Quetzalcóatl, el símbolo de la trasmutación) daban el soporte material para el mantenimiento de las edificación y el servicio a los estudiantes y maestros, atrevidos viajeros del infinito, que buscaban la luz.

 

Monte Albán no está muerto. Sigue vivo y encendido, como una antorcha que ilumina nuestros desafíos materiales de vida, con su poderosa fuerza espiritual. Es un faro de luz, que nos han dejado nuestros Viejos Abuelos para que los recordemos, no perdamos el camino y actuemos en consecuencia. Con los Valores y Principios con los que durante siglos, trabajaron afanosamente –sin miedo y sin ambición- por crear un monumento al Espíritu, que trascienda nuestra limitada y obscura existencia material.

 

De modo que caminar por las faldas de las cuatro montañas que conforman la unidad arquitectónica de la zona arqueológica llamada “Monte Albán”, es en verdad un deleite. Otro mundo en este mundo mágico de La Montaña Sagrada. Sin embargo, el conquistador-colonizador de ayer y de hoy, nos ha tratado de enseñar, que la civilización del Anáhuac ha muerto, que no queda de ella nada, solo piedras en ruinas, que son del interés…solo de turistas extranjeros, tan solo un medio para “que algunos” hagan dinero.

 

 Pero no solo la civilización está viva, presente y vigente, en cada uno de nosotros, los hijos de sus hijos, sino que el mismo monumento al Espíritu sigue vivo y palpitante, para aquellos que tienen un jardín en su corazón, para aquellos que saben ver con el corazón, para los que pueden abrir las “alas de la percepción”. Para todos aquellos que se asombran con el amanecer, el canto de los pájaros y las puestas de sol. Para los que les gusta caminar por estos maravillosos lugares.

 

 Monte Albán, no solo es la “zona arqueológica” para los turistas. Es un lugar sagrado para los oaxaqueños, aquellos que se sienten “hijos de los hijos de los Viejos Abuelos”. Hombres y mujeres que buscan un destino mejor para todos, en donde la justicia y la igualdad de oportunidades acaben para siempre a “los vencedores y los vencidos”. Monte Albán es entonces el futuro.

 

 Caminar por las ladeares de Monte Alban, es mantener el firme propósito del “fuego interior”, que rige los destinos de los seres luminosos. Es entender a través de la percepción de que la Montaña del Jaguar, sigue viva y presente. Que los

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