CARLOMAGNO


Escrito por Guillermo Marin el .

 

En los primeros años de la década de los años ochentas trabajaba en La Casa de la Cultura Oaxaqueña y un día me pidieron del INBA un artista joven con talento para recibir una beca para ir a realizar un curso de artes plásticas a Argentina.

 

Mi decisión fue inmediata. Conocía a un muchacho muy sencillo y talentoso del pueblo de San Bartolo Coyotepec, que el maestro Roberto Donis ya lo había detectado. En aquellos tiempos La Casa de la Cultura inició un programa inédito hasta entonces. Realizar exposiciones de maestros del arte popular en la Galería Los Príncipes, que era la más importante de la institución. La idea era “dignificar” a estos artistas de la Cultura Popular.  Así fue que conocí a Carlomagno.

A través de los años, he visto como se ha ido forjando Carlomagno, no solo como artista, sino como hombre, ciudadano y padre. Lo más valioso de los artistas oaxaqueños, es que no dejan su estirpe indígena zapoteca, por el contrario, ahí abrevan y recrean ese maravilloso mundo mágico.

“Mi nombre es Carlomagno. Soy oriundo del pueblo de San Bartolo Coyotepec. Actualmente tengo 40 años. Mi trabajo es en barro negro. Mi formación como artista la realicé en el Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo en 1983. Yo me di cuenta de mi aspiración de ser artista a los 15 años. Después de ser un joven campesino, me di cuenta que tenía cierta facilidad para imaginar “cosas” y crear cosas que no existían al darles vida con el material que trabajaban mis padres. Yo había trabajado el barro negro desde niño.

De ahí retomo lo que eran para mí los cuentos y las narraciones de los abuelos. Las historias de los nahuales, de las brujas, de todo ese mundo indígena tan importante, que fue la herencia de mi abuelo de parte materna. Camilo Martínez me adentraba a ese maravilloso mundo que es la fantasía de sentir y ver…lo que no existe.

Recuerdo que lo que también me influenció fueron los Carnavales de aquí de San Bartolo Coyotepec. Los muchachos disfrazados de diablos en ese entorno tan bonito que salía ese 29 de junio de cada año. Hace treinta años era mucho más especial.

Me gusta retomar las leyendas antiguas de mi pueblo, como la de:

Dice la voz popular que después de la conquista se quedaron en encomienda de estos pueblos, tres santos católicos. Del pueblo de San Bartolo se quedó San Pedro y San Pablo. De Santa María Coyotepec se quedó Santa Isabel, de Ánimas Trujano y de la Raya se quedó San Juan.

Dicen que la gente estaba muy triste porque había sucedido la conquista y ya no quería reír. Entonces los santos se preocuparon, hicieron una reunión y dijeron – vamos a ver a Dios, que está ahí en el cielo y que todo lo sabe y lo resuelve. Entonces se fueron los santos a hablar con Dios.

Dice la leyenda que Dios esta sentado ahí en el cielo en un gran trono. En la mano diestra tiene a un gran mundo y en la mano siniestra tiene un cántaro de barro negro. En ese cántaro tiene al diablo encerrado y tapado con un olote.

Dice la leyenda que llegaron los tres santos y le expusieron el problema a Dios, que las gentes de estas tierras ya no querían reír… y que, qué solución les iba a dar. Les voy a dar el cántaro un día, para que lo saquen, dijo Dios. La condición era que no se pasaran de ese día. Porque sí se pasaban de ese día, se acababa el mundo.

Entonces acordaron que el 24 de junio saliera San Juan Bautista de la Raya y de Animas Trujano y el 29 de junio en San Bartolo Coyotepec. Yo recuerdo de niño que decían que el cántaro lo tenían que derramar en los arroyos para que ahí corriera y los demonios salieran saltando y cuando la gente la bebe se pone alegre. La fiesta seguía el 8 de julio en Santa María Coyotepec. Así dice la leyenda que Dios tiene encerrado al diablo en un cántaro negro de Coyotepec.

De estas historias yo inspiro mi trabajo. Como las historias de los nahuales y las tonas.  La tona es un animal que se vuelve protector o ángel de la guarda de la gente. Según contaba mi abuelito, que nació en el siglo XIX. Decía él, que cuando iban a nacer los chamaquitos, el papá tiraba ceniza alrededor del jacal cuando estaba naciendo el niño. Si era de día dejaban que pasara la noche y al otro día iban a revisar las cenizas y dependiendo de la huella que dejara el animal, ese iba a ser la “tona”, su protector. Sea lagartija, sea chintete, coyote, culebra, cualquier animal que dejara su huella. Dice la leyenda que cuando había un mal, lo recibía el animal y no la persona.

El nahual es un ser de conocimiento que tienen la sapiencia para poder ayudar, tanto a la gente, como a su familia o su pueblo. Existe una leyenda muy bonita de unos nahuales. Dicen que en el pueblo de Coyotepec la gente vio un nahual convertido en culebra que estaba en el cielo dando unos coletazos. La gente y los principales del pueblos se asustaron mucho porque de un coletaza tumbó medio cerro por donde sale el sol.

 

Llamaron a todos los nahuales. Al nahual conejo, el nahual chintete, el nahual perro negro y el nahual marrano. Habiéndose juntado los cuatro concluyeron que ellos no tenían el poder para solucionar el problema y decidieron ir al cerro de “La Teta de María Sánchez”. Ahí estaban todos los vecinos de los pueblos muy espantados. Los nahuales le pidieron a la gente que hiciera un círculo y con las palmas de las manos empujaran para adelante para darles fuerza.

El nahual conejo dijo que el problema él no lo podía resolver. Pero pidió a la gente que lo apoyara para que de 4 saltos llegara hasta el Norte donde están las montañas. Ahí vivía el nahual águila y él si podía resolver el problema. El nahual conejo convenció al nahual águila y se vino volando y fue a pararse en lo más alto del Cerro de la Teta de María Sánchez.  Ahí toda la gente lo aclamó, pero él dijo que era muy difícil vencer a la serpiente.

El nahual águila le pidió a la gente que hicieran muchas oraciones y que con sus manos le dieran fuerza. El águila remontó el vuelo y se inició una gran lucha en el cielo, entre el águila y la serpiente. Dicen que tantito salía las alas del águila y la cola de la serpiente. Finalmente la lucha la ganó el águila, resplandecientes sus alas y llegó de nuevo la claridad. Había logrado el nahual águila vencer al nahual serpiente. Desde entonces se dice que un cerro se quedó “mocho” porque se venció a la culebra. El nahual águila viene del Norte.

Es difícil saber cuando es un trabajo artesanal y un artístico. Ambos tienen algo en común. Digamos que el artesano a veces se vuelve artista y a veces el artista se convierte en artesano. No encuentro mucha diferencia, porque ambos realizan trabajos creativos para satisfacer un mercado. Si lo vemos de una manera fría, diremos que el artesano esta haciendo sus piezas en serie. Y vemos que el artista lo hace con un cierto concepto, una cierta idea, donde esta implícita la magnificencia del trabajo de él, pero a final de cuentas… es para un mercado. Me he dado cuenta en estos 35 años que llevo trabajando el barro que, aún  cuando los trabajos salen de las manos, que no hay molde de por medio. Todo el trabajo es diferente, aunque las piezas “quieran ser la mismas”. El trabajo artístico es el que no se repite, el que tiene creatividad.

 

 

Las satisfacciones más grandes en mi vida de artista es haber participado en este año, en La Feria Internacional de Arte ARCO, en España. Siendo mi trabajo de ascendencia indígena, teniendo raíces artesanales… logramos estar a la par del arte contemporáneo a nivel mundial. Humildemente como participamos, pero ya estamos presentes como cultura zapoteca. La otra de las cosas que me ha dado mucha satisfacción, es haber hecho el sueño realidad del Museo de Arte Popular en Coyotepec. Estuve 15 años tras de ese proyecto y ahora, el 2 de octubre del 2004 se realizó. Esas son mis satisfacciones como artista y como hombre, haber tenido a mi esposa y mis hijos, Carlomagno y Cosijo Pi.   

Guerrero No. 1 Centro S. Bartolo Coyotepec, Oaxaca. C P 71256

Tel. (951) 55 100 34   e-mail

 

 

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