MIXTECOS

MIXTECOS

La región mixteca se encuentra en la mayor parte en el estado de Oaxaca y un poco en los estados de Puebla y Guerrero. Se divide en Alta y Baja Mixteca, ocupando 189 municipios en el estado de Oaxaca, en los distritos de Huajuapan, Tlaxiaco, Putla, Juxtlahuaca, Nochixtlán, Teposcolula, Jamiltepec y Silacayoapan y 14 municipios más que pertenecen a ocho distritos de Cuicatlán, dos a los de Zaachila, uno a Sola de Vega, dos a Etla y uno a Juquila.

Los mixtecos se llaman a sí mismos en su lengua "Nuu Savi ", que significa " pueblo de lluvia"; el nombre de mixteco deviene de la lengua náhuatl, Mixtlán ( lugar de nubes ).

El idioma pertenece al grupo Otomangue, tronco Savizaa, familia Mixteca.

Leer Más

MIXES

MIXES

El pueblo mixe vive en las montañas al noreste del estado, colindando con los distritos de Villa Alta, Choapan, Yautepec, Juchitán, Tehuantepec y con el estado de Veracruz.

Entre las montañas más altas tenemos el Zempoaltépetl, el cerro de la Malinche y el Monte Blanco, los cuales llegan a alturas de 3,300 msnm.

En la región mixe se encuentran 19 municipios, repartidos en tres subregiones de acuerdo a su altura, la alta, la media y la baja; Tlahuitoltepec, Ayutla, Cacalotepec, Totontepec, Tamazulapan, Zacatepec, Mazatlán y Guichicovi entre los más importantes. Los mixes se llaman a sí mismos en su lengua "Ayuukjä’äy " que se traduce como "gente del idioma florido", pero que en un sentido más profundo indica que es un pueblo con un lenguaje más desarrollado y culto.

Leer Más

NAHUAS

NAHUAS

En el mosaico pluricultural y plurilinguistico de Oaxaca está presente el grupo indígena más numeroso de México. Los nahuas son probablemente los herederos más antiguos de la Toltecayotl, la sabiduría indígena que impulsó el desarrollo humano durante aproximadamente siete mil quinientos años, desde la invención de la agricultura en el sexto milenio antes de Cristo hasta la llegada de los europeos en 1519 d.C. Este pueblo extendió sus horizontes en lo que hoy se conoce como Mesoamérica.

Al Norte en lo que hoy es el estado de Zacatecas y en el Sur hasta lo que hoy conforma la República del Salvador, aunque se han encontrado algunos vestigios de la cultura nahua en Panamá.

Leer Más

TRIQUIS

TRIQUIS

El territorio del pueblo triqui comprende una zona baja, cuya cabecera es San Juan Copala, y una zona alta, con cabecera en San Andrés Chicahuaxtla en los distritos de Juxtlahuaca, Putla y Tlaxiaco, región montañosa conocida como Nudo Mixteco, de cara al Océano Pacífico.

Los triquis de San Juan Copala en su lengua se llaman a sí mismos " Tinujei ", que significa "hermano mío". Su idioma se clasifica en el grupo Otomangue, tronco Savizaa, familia Mixteca, con tres variantes dialectales reconocidas

Leer Más

ZAPOTECAS

ZAPOTECAS

El pueblo zapoteca es el más numeroso en Oaxaca. Actualmente se encuentra dividido en cuatro grandes regiones, que a pesar de tener la misma raíz mantienen características específicas que los diferencian unos de otros, no sólo en las variantes lingüísticas, sino en general en su cultura.

Tenemos los zapotecos de Valles Centrales, Zapotecos de la Sierra Norte o Juárez, Zapotecos del Istmo de Tehuantepec y Zapotecos del Sur.

Leer Más

Las Casas de Oaxaca


Escrito por Guillermo el .

Indiscutiblemente la Tierra es un ser vivo, que tiene conciencia y que siente y nos siente y que se va a morir. Las fuerzas magnéticas que se desprenden de las profundidades de estos maravillosos valles, hacen que la materia levemente se transforme, sutilmente se "prende" de esta energía y contamina todo su entorno. No fue casualidad que los Viejos Abuelos, hace dos mil quinientos años, hayan decidido precisamente construir en este valle, ese portentoso monumento al espíritu humano que hoy llamamos Monte Alban.    

En efecto, en Oaxaca todo se contamina de esa extraña y sutil fuerza magnética, que algunos han llamado "el hechizo" y que no sólo transforma a los seres humanos, sino a la misma materia también.

En Oaxaca existe un intercambio de energías que emanan del fondo de la tierra y que afectan la atmósfera, fundiéndose con la luz solar y produciendo esa extraña luminosidad, característica de Oaxaca, especialmente al atardecer, cuando los rayos del Sol del ocaso, "prenden" de vida propia a la cantera verde y pareciera, por el efecto, que la piedra tiene su luz propia.

Este fenómeno cotidiano, dura aproximadamente quince minutos todas las tardes.  

El atento observador, comprobará que antes de que el Señor de los dardos de fuego, penetre en las montañas, para iniciar su batalla con las fuerzas de la noche, la atmósfera cambie de color y la materia resplandece. Si existen nubes súbitamente se tornan de colores, especialmente naranja y doradas. Los rayos vespertinos de luz, chocan y se reflejan en la montaña poniente, arriba de San Antonio de la Cal y rebotando con las nubes y hacen el milagro de que la materia cobre conciencia. No en vano, Oaxaca es la Tierra del Sol.

En Oaxaca la Luz es fundamental. La luz nos transforma. Desde el origen mismo de los tiempos Mesoamericanos, los Viejos Abuelos buscaron en la cúspide de su milenario conocimiento, convertirse en Luz y reintegrarse a la Totalidad. De la luz venimos y a la luz vamos. Todos las civilizaciones antiguas de la humanidad, trabajaron el mismo concepto sin ponerse de acuerdo. El filosofo francés dice que "la luz es sólo una, por múltiples objetos que ilumine", de la misma forma, el conocimiento es uno sólo, por más formas que los seres humanos lo interpreten.

En Oaxaca, desde épocas milenarias, la luz transforma a la materia y le lanza dorados dardos de conciencia. Quien no lo crea, que viva un año en esta maravillosa ciudad y se dará cuenta de un cambio sutil en la percepción del mundo y de la vida. La luz y sus dardos encendidos de conciencia, despiertan nuestra aletargada conciencia. El espíritu despierta e intenta emprender su camino de regreso a la luz.

Esta extraña mezcla de energías magnéticas, luminosas y espirituales, hacen de Oaxaca, la reserva espiritual de México. Crisol donde el espíritu humano despierta y se sensibiliza. No es casual que Oaxaca sea tierra de artistas, pues el lenguaje del espíritu es el arte. Pero especialmente Oaxaca es tierra de pintores. En efecto, la luz, la energía magnética de la Tierra y el potencial espiritual de los seres humanos, hace que especialmente los pintores, serenen su corazón y florezcan los frutos de su espíritu a través de su sensibilidad y creatividad. Desde Miguel Cabrera hasta Francisco Toledo, los pintores en Oaxaca encuentran un espacio interior, expandido por la Luz, que deja testimonios en los lienzos y en los colores.

La Luz en Oaxaca es fundamental. Transforma a las personas y a los objetos. Los colores en Oaxaca tienen otra intensidad y las formas en la materia, que ilumina la luz, superficialmente son iguales, pero "algo" en ellos cambia extrañamente. Hay que vivir en Oaxaca para entenderlo.    

Los colores en Oaxaca están hechos de un arco iris magnético, que une a la tierra con el cielo, lo divino con lo humano, lo abstracto con lo concreto. Los colores en Oaxaca tienen vida propia. La magia de Oaxaca es magnética, telúrica y luminosa. Quien no lo entienda es que esta ciego del corazón. Quien conoce a Oaxaca se "prende" de ese "algo", que siempre ha estado ahí, pero que nunca se había manifestado. Oaxaca es una experiencia espiritual. Oaxaca es un catalizador que activa nuestro potencial espiritual a través de sus fuerzas telúricas, magnéticas y luminosas, que animan y despiertan a nuestra adormecida y amodorrada conciencia.

Es por ello que los campesinos, los indígenas, los artistas, transforman su mundo en colores, sabores, formas, sonidos, texturas. En Oaxaca, por efecto de la Luz, todos son artistas, todos son creadores. En Oaxaca no existen "artesanos", tenemos en cambio gente sensible, que vibra armoniosamente con la Luz y con cualquier cosa crea maravillosos "Arte-Factos", chisporroteantes de luminosidad interior. Sea un pedazo de madera, lamina, barro, cuero, tela, hilo, todo lo transforman esas "manos de luz", que todo lo iluminan con sus sensibles corazones.

Es por esto de la Luz, los colores y el espíritu, que recorrer las calles de Oaxaca, resulta un verdadero placer para los ojos y el corazón. En efecto, Oaxaca no tiene una majestuosa arquitectura como la ciudad de Puebla o Morelia. Sus escasos edificios públicos coloniales, sus contadas construcciones decimonónicas nos dejan sólo un una arquitectura urbana muy modesta. La mayoría de las casas habitación son de adobe, de gruesas paredes y pequeños vanos. La Ciudad de Oaxaca siempre ha sido humilde, sin grandes pretensiones, más bien ha sido pueblerina, a diferencia de sus hermanas mayores como Puebla, Morelia, Querétaro y por supuesto la Ciudad de México.

Por el efecto de la Luz y las fuerzas telúricas, Oaxaca es una ciudad más bien austera y sobria. Muchas pretensiones mundanas, cayeron por los suelos en los sucesivos temblores que la sacuden periódicamente. Lo que queda después de los terremotos, es lo que esta bien construido, lo que es sólido y resistente. Es por esto y por las fuerzas telúricas, magnéticas y por la Luz, que Oaxaca tiene ese "algo", intangible, sutil, espiritual, que no tienen las otras ciudades hermanas. En Oaxaca, la Luz hace la diferencia.        

Lo que es adentro es afuera. En consecuencia, las casas en Oaxaca son modestas, sobrias y resistentes. Sus fachadas son muy discretas, sin grandes ornamentos. Los balcones y los portones dejan ver una mesurada alegoría de la belleza escondida en el interior de las casas. La Luz transforma a las personas que viven en esta ciudad y las personas a su vez, transforman a la ciudad de la misma forma.

   

Los colores de las fachadas de las casas, la cantera verde, el cielo azul, la energía luminosa, la energía magnética, todo en conjunto hacen un verdadero deleite el recorrer sin prisa, lentamente, poco a poco, en las frescas mañanas o en las doradas tardes, las calles de Oaxaca y detenerse para admirar este maravilloso hechizo de colores, formas y texturas.

Los oaxaqueños aman su ciudad. La aman profunda y silenciosamente. Sin estar ajena y exenta de las agresiones de la "modernidad" y de la inconciencia de embrutecidas y oscuras almas; lo mismo de vándalos que de comerciantes voraces y funcionarios corruptos, Oaxaca cada día lucha por mantener vivo ese sentido y esa fuerza que le da la Luz.  

Oaxaca ha sabido sobreponerse a verdaderas catástrofes telúricas, aproximadamente cada 50 años es arrasada por un terremoto. Sin embargo, en la dialéctica de la naturaleza, sí por una parte, la energía telúrica y magnética destruyen a Oaxaca, esas mismas energías que bañan cotidianamente a sus ciudadanos, hacen que la reconstruyan una y otra vez. Ese potencial espiritual es el que le garantiza a Oaxaca, bajo cualquier adversidad, el trascender todos los desafíos y los avatares.

En las calles de Oaxaca, sus casas, son la expresión de una forma de vivir, de entender el mundo y darle significado a la existencia humana. Es por ello que la calidad de vida es muy alta, a pesar de su pobreza. Las fachadas, sus colores, sus formas, nos hablan con un lenguaje que nuestro espíritu lo entiende inmediatamente, aunque a veces nuestra atolondrada razón, aparentemente no "comprenda", el porque de ese "bienestar", de esa armonía, de ese gozo interior, que nos produce el caminar sus calles y admirar sus casas.

 

                   

 

Visit lbetting.co.uk how to sing-up at ladbrokes

chocolate la soledad

oro de montealban