FEDERICO FLORES y el lenguaje del Espíritu.

Escrito por Guillermo Marin el .

“Oaxaca es la reserva espiritual de México” debido a que la Madre Tierra encuentra en los Valles Centrales un punto de contacto con el Universo.

 

En efecto, las fuerzas telúricas del planeta salen de sus profundidades y se conectan con el Universo desde estos hermosos valles. Pero, de la misma manera, el Universo penetra a la Tierra con sus energías cósmicas para inyectarle vida al planeta.

 

Ese intercambio de energías, ese flujo y reflujo, como sucesivas mareas, es lo que transforma la vida en los Valles Centrales dándole ese especial acento sagrado y divino a la existencia.

 

De este modo, como sabemos, “el Arte es el lenguaje del Espíritu” y estas fuerzas telúricas y cósmicas permiten que lo divino se haga humano y lo sagrado mundano. Sea en la manufactura de un cántaro de barro negro o de un alebrije.

 

Esta es una de las razones por la cual Oaxaca es tierra de artistas. Sin embargo, es la música y la pintura las que encuentran su plenitud diáfana y sonora en cada oaxaqueño que, rascándole un poquito sale al artista que lleva por dentro.

 

Por estas razones, “Aquioaxaca” entrevistó a uno de los mejores pintores que en el difícil ámbito del retrato y el paisaje, el Maestro Federico Flores, se significan por su larga trayectoria y gran calidad de su trabajo entre los artistas plásticos de Oaxaca.

 

“Yo empecé a pintar desde que tenía 12 años cuando estaba en cuarto años de primaria. Me gustaba ver a mi maestro, Josué Sosa Castellanos de primaria, cómo pintaba. Cuando mi maestro me dijo que tenía facilidad para dibujar, sentí que la pintura sería una forma de expresión toda la vida.

 

A mí, desde niño, me gusta manejar mucho los colores. El maestro me dio a escoger libremente y yo escogí la figura humana, la naturaleza y los animales. Por eso mi primera obra en oleo a los doce años fue una imagen de la Biblia titulada “Adán y Eva en el paraíso”.

 

El maestro nos enseñó a preparar la tela a preparar la pintura, porque en aquél entonces no había la facilidad de adquirir estos materiales. Me acuerdo que el color blanco lo hacíamos moliendo en el mortero zinc, mezclándolo con aguarrás y aceite de linaza. A la tela le sellábamos los poros con baba de nopal.

 

Han pasado 65 años y aunque me dediqué a otras actividades jamás dejé de pintar. Seguí estudiando y cuando terminé la primeria me tuve que ir a la aventura con unos amigos a estudiar la secundaria en la Ciudad de México. Entré a estudiar a una escuela secundaria nocturna para trabajadores. Mi papá les pagaba a unos paisanos para que me asistieran pero, ellos me ponían a trabajar en mandados y quehaceres de la casa. Vivía en San Pedro de los Pinos, de modo que tomaba el tranvía para llegar al centro de la Ciudad de México, muy cerca de la Lagunilla.

 

La exposición que se presenta en la Casa de la Cultura Oaxaqueña, en la Galería Rufino Tamayo, es para mí un gran honor. En primera por el lugar y el nombre de la galería. Aunque no coincidí en algunas cosas con el Maestro Tamayo, ya que a él le gustaba pintar abstracto y a mí el realismo, él trabajaba muchas tierras y a mí el óleo. A mí me gusta la fuerza del color que tiene el follaje, las frutas, las verduras, por eso me gustan los bodegones. Me gusta la pintura de la forma humana, en especial de las etnias, pero en especial de Oaxaca. He vivido en comunidades indígenas y conozco su forma de ser, de trabajar, de alimentación. Me gusta la orfebrería, el oro la plata. Todo en general que se relacione con el arte popular oaxaqueño.

 

La mayor recompensa que tengo por mi trabajo es que le guste a la gente. Que me dicen que les gusta mi trabajo, como puedes constatar en el libro de opiniones de la galería, la gente más humilde que no conoce de pintura, le gusta mi trabajo y me encomienda a Dios para que me permita seguir pintando y darles esa satisfacción.

 

Una vez, exponiendo en el Jardín del Arte, expuse unas imágenes sagradas como San Francisco de Asís, Cristo y otras. Entonces una señora se me acercó, tomó mis manos y se las llevó a las manos y las besó. Y me dijo “que Dios lo bendiga y que bendiga estas manos”.

 

Quiero seguir pintando, en especial de imágenes de la gente de las culturas ancestrales, eso me da mucha paz y me inspira, como te dije, admiro su forma de ver y entender el mundo, la vida y lo sagrado. Me gusta el paisaje: marinas, bodegones, de todo, los niños, las mujeres, porque tienen diferente forma de expresión.

 

La satisfacción más grande es que mis cuadros le gusten a la gente. No me gustaría tener un accidente y tener que dejar de pintar, que la vista me empezara a fallar. Yo le pido a Dios que me siga dando la oportunidad de seguir pintando, porque es una habilidad que he adquirido a lo largo de muchos años y en la que puesto todo mi empeño. La pintura es para mí una forma de expresar lo que tengo en mi interior.

 

Me gusta pintar retratos y cuando alguien me pide que lo pinte, me llena de alegría poder servir con mi trabajo. Lo mismo si me piden una obra determinada para decorar una casa y veo que la se gente queda contenta y orgullosa de tener una obra mía en su casa. Para mí pintar es una forma de comunicar.

 

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Para contactar a l Maestro favor de dirigirse con:

Lic. Elizabeth Flores Maldonado

Tel. (951) 51 7 73 06

CEL. 044 951 18 13 751

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