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TEMPLO Y EXCONVENTO DE SAN FRANCISCO

TEMPLO Y EXCONVENTO DE SAN FRANCISCO

  Desde el inicio de la fundación española de la Ciudad de Oaxaca, la parte Sur siempre la habitaron los indígenas que los españoles obligaron a vivir para que fueran la servidumbre, no sólo en las casas habitación, sino fundamentalmente en las obras de construcción, donde la mano de obra indígena fue fundamental para construir y reconstruir nuestra ciudad.

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Boda en Atzompa

Boda en Atzompa

 

Cuando uno estudia la cultura de los antiguos mexicanos, entiende que poco ha cambiado en estos últimos cinco siglos de colonización. En lo más profundo y esencial, las estructuras filosóficas, religiosas y sociales siguen siendo las mismas… diferentes en forma, pero esencialmente las mismas en su fondo. Y no podría ser de otra manera, la civilización del Anáhuac no ha muerto, solo se ha “encubierto”. Sorprende encontrar tantos paralelismos entre las bodas, los quince años, los bautizos y las primeras comuniones que actualmente se llevan a cabo y las que nuestros Viejos Abuelos hicieron a lo largo de 7 mil quinientos años de Desarrollo Cultural.

 

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GRUPO MENA

GRUPO MENA

En los siete mil quinientos años de desarrollo humano en lo que hoy conforma nuestro país, es decir, desde que se inventó la agricultura en el sexto mileno a.C., hasta la llegada de los españoles, la mujer y el hombre siempre han formado una unidad a partir de dos opuestos complementarios.

En efecto, nuestra civilización tiene a la mujer y al hombre en situación de igualdad. La figura religiosa más importante después de la divinidad suprema se llamaba Ometeotl o dualidad divina, de donde se desprendía, Ometecihuatl y Ometecutli, de la dualidad la parte femenina y la parte masculina. Lo mismo era en la organización social. Del Tlatócan o consejo supremo, se desprendían dos autoridades que gobernaban el imperio como un hombre y una mujer gobiernan su hogar. El primero se llamaba Cihuacótal que significa “mujer serpiente” y era el encargado de la administración, y el otro era el Tlatuani, que se dedicaba a organizar.

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San Lorenzo Cacacotepec, Etla.

San Lorenzo Cacacotepec, Etla.

San Lorenzo Cacacotepec, Etla.

Los Valles de Oaxaca están rodeados de un “mar de montañas”. En el Valle de Etla se encuentra un pueblo muy especial, San Lorenzo Cacaotepec, que cuenta con una iglesia bellísima que data del Siglo XVII.

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Santo Tomás Jalieza

Santo Tomás Jalieza

En la carretera que se dirige a Ocotlán se encuentra un pueblo laborioso y muy bien organizado de tejedoras en hilo de algodón. En lengua zapoteca Jalieza significa "debajo de la iglesia". Cuenta la leyenda que antes de la invasión europea el pueblo estaba ubicado en lo más alto de los cerros cercanos al pueblo, donde en la actualidad se sabe que existe una zona arqueológica no explorada.

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Mercados y Tianguis en los Valles Centrales de Oaxaca

Mercado de muertos en Zaachila


Escrito por Guillermo Marin el .

Cada día de la semana en los Valles de Oaxaca se pone un tianguis. Esto es una tradición ancestral que tiene miles de años. Sin embargo, para los días previos a la “Fiesta de día de Muertos” todas las plazas hacen su “mercado de muertos”. Zaachila no podía ser la excepción

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

La Fiesta de día de Muertos es para los mexicanos en general un día muy importante, pero para los oaxaqueños en especial, es un día relevante, toda vez que es una tradición que fácilmente tiene 35000 años de llevarse año tras año en lo que hoy forma parte del territorio nacional.

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

En efecto, “Oaxaca es la reserva espiritual de México”, porque en sus 16 pueblos anahuacas se guarda viva la raíz más profunda de nuestra identidad cultural. Los Viejos Abuelos siguen vivos y se perpetúan en los llamados pueblos indígenas del país y Oaxaca es el estado con mayor presencia indígena y con el mayor número de culturas originarias.

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

Los oaxaqueños viven la muerte con pasión y devoción. Es más que una fiesta o una tradición. Es una forma de mantenerse apegados a la esencia más fuerte de nuestra identidad. Dos civilizaciones en la Historia de la Humanidad le han rendido un culto muy relevante a la Muerte: Egipto y el Anáhuac (México).

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

El oaxaqueño vive la muerte porque tiene conciencia de la vida. Intuye en su “memoria genética” que vida y muerte es una misma realidad. Para tener conciencia de la vida se necesita tener conciencia de la muerte. Vivimos para morir y morimos como hemos vivido. En esencia entonces, La Fiesta de día de Muertos resulta una exaltación a la vida eterna.

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

De modo que la gente “hace su gasto” para los difuntos y en ello vive con ellos su muerte. Se hace comida, pan y dulces especiales para la ocasión. Pero lo más importante, se pone el Altar de Muertos para recordar a los difuntos. Para no olvidar de dónde venimos y saber en dónde estamos. Para darnos cuenta que la vida no es eterna y que pronto nos iremos con los que se adelantaron.

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

A la casa y a la mesa vienen los parientes y amigos. Se toma mezcal y se platica. Se recuerda a los que se fueron y no llegaron este año a la fiesta. Los niños escuchan las pláticas de los padres y los acompañan al mercado. Todo con pasión por los difuntos, que por el amor y la tradición siguen entre nosotros.

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

Seguramente desde el año 1300 a.C. ya en lo que hoy conocemos como San José del Mogote, en el Valle de Etla, los ancestros ya tenían sus ceremonias para El Señor y la Señora de la Muerte. Y para hace dos mil años ya se iniciaba la construcción de lo que hoy conocemos como la zona arqueológica de Mitla en el Valle de Tlacolula. De modo que el culto a la muerte en Oaxaca es uno de los más antiguos del mundo.

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

Y desde aquellos lejanos tiempos, ya nuestros Viejos Abuelos rendían culto a la Muerte con flores y luces. Porque el oaxaqueño vive la Fiesta de día de Muertos en un mar de flores de muchos colores. Las casas se llenan de colores, aromas, frutas, dulces, panes, chocolate, copal y veladoras. Los difuntos son recordados y bienvenidos, se comparte con ellos en las pláticas salpicadas de recuerdos.

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

Pero debemos de reconocer que entre tantos productos especiales para los muertos, es el pan el más característico. Y esto nos habla del rico sincretismo cultural. De la capacidad de apropiación de la milenaria civilización que ha pesar de vivir cinco siglos en la exclusión, ha sabido crear una cultura de resistencia y apropiarse de elementos culturas ajenos y hacerlos parte fundamental de lo propio.

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

Esa es precisamente la fuerza y la virtud de nuestra Cultura Madre. Ha sabido sabiamente apropiarse de muchos elementos culturales venidos, nos solo de Europa, sino de África y Asia, para convertirlos en “algo propio-ajeno”. Es decir, es “nuestros” pero no nació entre nosotros. Como son la bandas de aliento, el idioma español, el reboso y mil y un objetos y tradiciones que hemos hecho “nuestras” por propia elección. Lo que nos hace más ricos y más fuertes, porque no existen en el mundo “las culturas puras”.

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

De modo que ir a los “mercados de muertos” en Oaxaca, es un placer y homenaje a la vida. Nos demuestra que somos, a pesar de los pesares, un pueblo vivo y vibrante. Que sigue fiel a sus más antiguas y milenarias tradiciones. Nos demuestra que la cultura es algo vivo y cambiante. Que mientras mantenga “el fondo”, que es de carácter espiritual, no importa que “la forma” vaya cambiando con el tiempo.

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

Oaxaca, como todos los pueblos vivos de origen ancestral esta cambiando. “La modernidad”, que no es otra cosa que el consumismo esta afectando a todos los pueblos del mundo. La resistencia cultural por mantener un sentido humano en el mundo y a la vida misma se da en todas partes. Pero en Oaxaca se hace con pasión y devoción. El oaxaqueño es un pueblo místico y espiritual, que milenariamente ha mantenido el culto a sus muertos.

 

Mercado de muertos en Zaachila, Oaxaca, Valles Centrales

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