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Zaachila - Cuilapam

Zaachila - Cuilapam

Los días jueves.

Este día es el mercado de Zaachila, lugar donde se asentaron desde tiempos inmemorables los linajes de los dirigentes del pueblo Zaa. Se encuentra hacia la parte Sur de la Cd. de Oaxaca. Tierra muy fértil que ha sido cultivada por la mano amorosa del pueblo zapoteco desde hace miles de años. Salpicada de antiquísimos árboles de nogal, le dan al paisaje una quietud que exalta el ánimo del Espíritu.

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Cosijo y Daany Beédxe

Cosijo y Daany Beédxe

Cosijo y Daany Beédxe

La temporada de lluvias llega a los Valles de Oaxaca cuando los huracanes arriban a las costas del Golfo de México. Grandes cantidades de nubes cruzan las altas cumbres de la Sierra Norte y bañan a los valles, renovando la esperanza de la vida nueva.

 

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Boda en Atzompa

Boda en Atzompa

 

Cuando uno estudia la cultura de los antiguos mexicanos, entiende que poco ha cambiado en estos últimos cinco siglos de colonización. En lo más profundo y esencial, las estructuras filosóficas, religiosas y sociales siguen siendo las mismas… diferentes en forma, pero esencialmente las mismas en su fondo. Y no podría ser de otra manera, la civilización del Anáhuac no ha muerto, solo se ha “encubierto”. Sorprende encontrar tantos paralelismos entre las bodas, los quince años, los bautizos y las primeras comuniones que actualmente se llevan a cabo y las que nuestros Viejos Abuelos hicieron a lo largo de 7 mil quinientos años de Desarrollo Cultural.

 

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Ciudad - Mercado de Abastos

Ciudad - Mercado de Abastos

Los días sábados.

En este día se lleva a cabo el tianguis del Mercado de Abastos de la Ciudad de Oaxaca. Regularmente el mercado es grande, pero el día sábado literalmente “se desborda”, ya que vienen grandes y pequeños productores de todos los valles, y hasta de los estados de Puebla y Veracruz.

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TEMPLO Y EXCONVENTO DE SAN FRANCISCO

TEMPLO Y EXCONVENTO DE SAN FRANCISCO

  Desde el inicio de la fundación española de la Ciudad de Oaxaca, la parte Sur siempre la habitaron los indígenas que los españoles obligaron a vivir para que fueran la servidumbre, no sólo en las casas habitación, sino fundamentalmente en las obras de construcción, donde la mano de obra indígena fue fundamental para construir y reconstruir nuestra ciudad.

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Zonas Arqueológicas ubicadas en los Valles Centrales

Cosijo y Daany Beédxe


Escrito por Guillermo Marin el .

La temporada de lluvias llega a los Valles de Oaxaca cuando los huracanes arriban a las costas del Golfo de México. Grandes cantidades de nubes cruzan las altas cumbres de la Sierra Norte y bañan a los valles, renovando la esperanza de la vida nueva.

 

También la Montaña del Jaguar se llena de agua y de verdes en todos sus matices. El agua los Viejos Abuelos Toltecas la usaban como un símbolo de la energía luminosa que los nahuas llamaron Tláloc y los zapotecos Cosijo. Pero así como los católicos usan como símbolo del Espíritu Santo a una paloma, nuestros ancestros usaron el agua para simbolizar la energía luminosa con que esta constituida la materia.

 

En efecto, los Viejos Abuelos no tenían “dioses” y no eran politeístas, mucho menos eran “idólatras”. Esas solo son enfermas fantasías de gente inculta y limitada que desde 1519 nunca han podido entender la grandeza de una civilización que fue la que logró el más alto desarrollo humano en la historia del planeta.


 



  Los Viejos Abuelos solo tenían una divinidad suprema, invisible e innombrable. A esta “totalidad” la llamaron metafóricamente: “Aquél por quien se vive, Aquél que esta aquí y en todas partes al mismo tiempo, Noche-viento.” Esta concepción inconmensurable invisible e intocable tenía muchas advocaciones que se manifestaban en los fenómenos naturales, pero que como los católicos con la paloma, solo era un símbolo y una advocación.

Así Cosijo, “no era el Dios de la lluvia”, sino una manifestación de “lo inconmensurable” simbolizada en la lluvia, pues en donde cae la lluvia la energía luminosa se transforma por el maravilloso fenómeno de la fotosíntesis, en la energía vegetal y con ella “renace el mundo material”.

Esta renovación la vemos cada año en la Montaña del Jaguar que, de un momento a otro, se torna verde y exuberante, llenándose de vida, sea esta: plantas, insectos, roedores, aves y serpientes.

Los que tenemos el privilegio de vivir a los pies de “La Montaña Sagrada” y que seguido ascendemos a ella para buscar paz y equilibrio, vemos con alegría esta transformación de vida, luz y color. Monte Alban se renueva para enseñarnos que sigue viva esperando el momento en que volvamos a cobrar conciencia de nuestro ser espiritual.

Daany Beédxe sigue viva. No son unas “ruinas muertas”. Por el contrario, en sus telúricas entrañas sigue vivo el “Jaguar Inmaculado”, símbolo de la energía primigenia que impulsará el cambio de conciencia. La base firme como la piedra, que nos permitirá forjar un rostro propio y un corazón verdadero, para reconstruir este mundo que se acaba y el que esta por nacer.

Monte Alban es para Oaxaca, México y el mundo, la promesa y la esperanza que lo mejor del Espíritu Humano no ha muerto. La Montaña Sagrada del Jaguar representa el esfuerzo colectivo de muchas generaciones de anahuacas que vinieron de todos los valles y todas las montañas que los rodean, a trabajar interrumpidamente a lo largo de más de 1350 años para dejarnos en la piedra, un mensaje de esperanza y de fe en la grandeza humana.
 

Estar en Monte Alban compartiendo con los seres queridos la grandeza de nuestra civilización Madre, es uno de los muchos privilegios que tenemos los que vivimos en Oaxaca.  

 

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