Valles Centrales Mas Leidos

HECTOR CARRANZA PALACIOS

HECTOR CARRANZA PALACIOS

Pocos arquitectos oaxaqueños han logrado encontrar el equilibrio y la armónica conjunción de la arquitectura tradicional, los materiales de la región y la arquitectura mediterránea, como el caso de Héctor Carranza Palacios, hijo de un ilustre oaxaqueño, quien además de haber sido un reconocido médico a mediados del siglo pasado, fundador de la UABJO, fue una de las columnas de la masonería de aquellos tiempos

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SANTA ANA DEL VALLE

SANTA ANA DEL VALLE

La organización social es una de las grandes herencias de nuestros Viejos Abuelos. En efecto, la capacidad, el conocimiento y la sabiduría que vive en las comunidades indígenas y campesinas es un tesoro y un ejemplo. El sistema de cargos, la mayordomía, el tequio, la gozona, el compadrazgo, son algunas formas que han sobrevivido desde tiempos inmemoriales y permiten que las comunidades al estar organizadas, puedan lograr los beneficios comunitarios requeridos para su bienestar.

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MUJERES DE LUZ Y FUEGO

MUJERES DE LUZ Y FUEGO

Las fiestas oaxaqueñas se llenan de luz y color cuando las “Chinas” bailan sobre su cabeza las canastas de flores y fuegos de artificio.

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EL VALLE SAGRADO DE TLACOLULA

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El Valle de Tlacolula es una "casa antigua" de la humanidad en la Tierra. Se supone que el hombre prehistórico habitó este valle en virtud de que existían condiciones muy favorables, como fueron las cuevas que se encuentran cerca de Yagul y los expertos dicen que en el centro del valle existía un lago.

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TEMPLO Y EXCONVENTO DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

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class="dropcap" Entre todos los bellos y majestuosos edificios que tiene Oaxaca, podríamos afirmar sin temor a equivocarnos, que el templo y el exconvento de Santo Domingo de Guzmán es "la joya más importante de esta corona". Catalogado por la UNESCO, "Patrimonio Cultural de la Humanidad", es sin lugar a dudas uno de los monumentos más importantes del legado del periodo colonial de nuestro país.

Santo Domingo ha podido reunir extraordinarias coincidencias. Que haya sido construido con manos sensibles y talentosas. Que el Ejercito Mexicano lo

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Zonas Arqueológicas ubicadas en los Valles Centrales

Cosijo y Daany Beédxe


Escrito por Guillermo Marin el .

La temporada de lluvias llega a los Valles de Oaxaca cuando los huracanes arriban a las costas del Golfo de México. Grandes cantidades de nubes cruzan las altas cumbres de la Sierra Norte y bañan a los valles, renovando la esperanza de la vida nueva.

 

También la Montaña del Jaguar se llena de agua y de verdes en todos sus matices. El agua los Viejos Abuelos Toltecas la usaban como un símbolo de la energía luminosa que los nahuas llamaron Tláloc y los zapotecos Cosijo. Pero así como los católicos usan como símbolo del Espíritu Santo a una paloma, nuestros ancestros usaron el agua para simbolizar la energía luminosa con que esta constituida la materia.

 

En efecto, los Viejos Abuelos no tenían “dioses” y no eran politeístas, mucho menos eran “idólatras”. Esas solo son enfermas fantasías de gente inculta y limitada que desde 1519 nunca han podido entender la grandeza de una civilización que fue la que logró el más alto desarrollo humano en la historia del planeta.


 



  Los Viejos Abuelos solo tenían una divinidad suprema, invisible e innombrable. A esta “totalidad” la llamaron metafóricamente: “Aquél por quien se vive, Aquél que esta aquí y en todas partes al mismo tiempo, Noche-viento.” Esta concepción inconmensurable invisible e intocable tenía muchas advocaciones que se manifestaban en los fenómenos naturales, pero que como los católicos con la paloma, solo era un símbolo y una advocación.

Así Cosijo, “no era el Dios de la lluvia”, sino una manifestación de “lo inconmensurable” simbolizada en la lluvia, pues en donde cae la lluvia la energía luminosa se transforma por el maravilloso fenómeno de la fotosíntesis, en la energía vegetal y con ella “renace el mundo material”.

Esta renovación la vemos cada año en la Montaña del Jaguar que, de un momento a otro, se torna verde y exuberante, llenándose de vida, sea esta: plantas, insectos, roedores, aves y serpientes.

Los que tenemos el privilegio de vivir a los pies de “La Montaña Sagrada” y que seguido ascendemos a ella para buscar paz y equilibrio, vemos con alegría esta transformación de vida, luz y color. Monte Alban se renueva para enseñarnos que sigue viva esperando el momento en que volvamos a cobrar conciencia de nuestro ser espiritual.

Daany Beédxe sigue viva. No son unas “ruinas muertas”. Por el contrario, en sus telúricas entrañas sigue vivo el “Jaguar Inmaculado”, símbolo de la energía primigenia que impulsará el cambio de conciencia. La base firme como la piedra, que nos permitirá forjar un rostro propio y un corazón verdadero, para reconstruir este mundo que se acaba y el que esta por nacer.

Monte Alban es para Oaxaca, México y el mundo, la promesa y la esperanza que lo mejor del Espíritu Humano no ha muerto. La Montaña Sagrada del Jaguar representa el esfuerzo colectivo de muchas generaciones de anahuacas que vinieron de todos los valles y todas las montañas que los rodean, a trabajar interrumpidamente a lo largo de más de 1350 años para dejarnos en la piedra, un mensaje de esperanza y de fe en la grandeza humana.
 

Estar en Monte Alban compartiendo con los seres queridos la grandeza de nuestra civilización Madre, es uno de los muchos privilegios que tenemos los que vivimos en Oaxaca.  

 

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