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TEOTITLÁN DEL VALLE

TEOTITLÁN DEL VALLE

Corazón espiritual del Valle Sagrado de Tlacolula, Teotitlán es una comunidad zapoteca de honda raigambre en sus tradiciones y costumbres. Pueblo mundialmente conocido por la producción de textiles en lana. En efecto, sus trabajos realizados en telares de madera, por su alta calidad y por los materiales naturales, tanto en tintes como en lana, son una tradición en Oaxaca.

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Dainzu

Dainzu

Dainzu

La zona arqueológica de Dainzu fue explorada en 1965 por el arqueólogo mexicano Ignacio Bernal. El nombre de este viene del nombre que tiene el cerro donde se encuentran los vestigios. Dainzu quiere decir en lengua zapoteca "cerro de órganos".

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EL TEMPLO Y EXCONVENTO DE ETLA

EL TEMPLO Y EXCONVENTO DE ETLA

Oaxaca es una de las "casas antiguas" de nuestra civilización. Después de la zona Olmeca ubicada entre los estados de Veracruz y Tabasco, Oaxaca será el polo de desarrollo más antiguo y sí bien, Teotihuacan fue el centro generador de la Toltecáyotl, Monte Alban inició su construcción medio milenio de años antes.

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CENTRO FOTOGRÁFICO ÁLVAREZ BRAVO

CENTRO FOTOGRÁFICO ÁLVAREZ BRAVO

CENTRO FOTOGRÁFICO ÁLVAREZ BRAVO

El Centro Fotográfico Álvarez Bravo esta ubicado en una hermosa casa del siglo XVIII, adquirida y restaurada por el pintor y filántropo oaxaqueño Francisco Toledo. Cuenta con cuatro salas para exhibiciones temporales en donde se presentan propuestas de diversos estilos, concepciones y tendencias del arte fotográfico. 

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El Valle de Ocotlán

El Valle de Ocotlán

Los días viernes.

Este es un paseo para ir a apreciar el mercado de Ocotlán en su día de tianguis y comer en la fonda de Doña Ana María Gómez y su hija, Beatriz Vázquez, quien por cierto tiene un gran parecido con Frida Khalo. A lo largo de este recorrido podrá usted pasar por varias poblaciones de gran interés cultural, así como el templo y ex convento dominico de Santo Domingo, donde actualmente se encuentra un espléndido museo.

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Zonas Arqueológicas ubicadas en los Valles Centrales

Cosijo y Daany Beédxe


Escrito por Guillermo Marin el .

La temporada de lluvias llega a los Valles de Oaxaca cuando los huracanes arriban a las costas del Golfo de México. Grandes cantidades de nubes cruzan las altas cumbres de la Sierra Norte y bañan a los valles, renovando la esperanza de la vida nueva.

 

También la Montaña del Jaguar se llena de agua y de verdes en todos sus matices. El agua los Viejos Abuelos Toltecas la usaban como un símbolo de la energía luminosa que los nahuas llamaron Tláloc y los zapotecos Cosijo. Pero así como los católicos usan como símbolo del Espíritu Santo a una paloma, nuestros ancestros usaron el agua para simbolizar la energía luminosa con que esta constituida la materia.

 

En efecto, los Viejos Abuelos no tenían “dioses” y no eran politeístas, mucho menos eran “idólatras”. Esas solo son enfermas fantasías de gente inculta y limitada que desde 1519 nunca han podido entender la grandeza de una civilización que fue la que logró el más alto desarrollo humano en la historia del planeta.


 



  Los Viejos Abuelos solo tenían una divinidad suprema, invisible e innombrable. A esta “totalidad” la llamaron metafóricamente: “Aquél por quien se vive, Aquél que esta aquí y en todas partes al mismo tiempo, Noche-viento.” Esta concepción inconmensurable invisible e intocable tenía muchas advocaciones que se manifestaban en los fenómenos naturales, pero que como los católicos con la paloma, solo era un símbolo y una advocación.

Así Cosijo, “no era el Dios de la lluvia”, sino una manifestación de “lo inconmensurable” simbolizada en la lluvia, pues en donde cae la lluvia la energía luminosa se transforma por el maravilloso fenómeno de la fotosíntesis, en la energía vegetal y con ella “renace el mundo material”.

Esta renovación la vemos cada año en la Montaña del Jaguar que, de un momento a otro, se torna verde y exuberante, llenándose de vida, sea esta: plantas, insectos, roedores, aves y serpientes.

Los que tenemos el privilegio de vivir a los pies de “La Montaña Sagrada” y que seguido ascendemos a ella para buscar paz y equilibrio, vemos con alegría esta transformación de vida, luz y color. Monte Alban se renueva para enseñarnos que sigue viva esperando el momento en que volvamos a cobrar conciencia de nuestro ser espiritual.

Daany Beédxe sigue viva. No son unas “ruinas muertas”. Por el contrario, en sus telúricas entrañas sigue vivo el “Jaguar Inmaculado”, símbolo de la energía primigenia que impulsará el cambio de conciencia. La base firme como la piedra, que nos permitirá forjar un rostro propio y un corazón verdadero, para reconstruir este mundo que se acaba y el que esta por nacer.

Monte Alban es para Oaxaca, México y el mundo, la promesa y la esperanza que lo mejor del Espíritu Humano no ha muerto. La Montaña Sagrada del Jaguar representa el esfuerzo colectivo de muchas generaciones de anahuacas que vinieron de todos los valles y todas las montañas que los rodean, a trabajar interrumpidamente a lo largo de más de 1350 años para dejarnos en la piedra, un mensaje de esperanza y de fe en la grandeza humana.
 

Estar en Monte Alban compartiendo con los seres queridos la grandeza de nuestra civilización Madre, es uno de los muchos privilegios que tenemos los que vivimos en Oaxaca.  

 

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