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TEOTITLÁN DEL VALLE

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Corazón espiritual del Valle Sagrado de Tlacolula, Teotitlán es una comunidad zapoteca de honda raigambre en sus tradiciones y costumbres. Pueblo mundialmente conocido por la producción de textiles en lana. En efecto, sus trabajos realizados en telares de madera, por su alta calidad y por los materiales naturales, tanto en tintes como en lana, son una tradición en Oaxaca.

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CUILAPAN DE GUERRERO

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Originalmente la cultura mixteca se desarrolló en la Sierra Mixteca y la cultura zapoteca en el Valle y la Sierra Norte. Sin embargo, los mixtecos en su avance sobre las fértiles tierras del valle se asentaron en Cuilapan a unos cuantos kilómetros de Zaachila la capital zapoteca.

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LOS BARRIOS DE OAXACA

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La cultura popular de la Ciudad de Oaxaca, hunde sus raíces en el tiempo, fundiendo tradiciones de origen ancestral de estirpe mesoamericana, con la cultura Occidental. Las fiestas de los templos y los barrios, con sus calendas y convites, evocan en su conjunto, la fuerza espiritual de un pueblo que se nos revela místico y mágico en la concepción del mundo y la vida.

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MONTE ALBAN: La Montaña del Tigre

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En el centro geográfico de una de las civilizaciones más antiguas del mundo, nace deslumbrante la majestuosa Montaña Sagrada de Monte Alban.

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“PROYECTO MOZART”

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Oaxaca es un lugar en el que se encuentran cosas maravillosas y sorprendentes. Muchos dicen que es por su gente, sin embargo, creemos que esto es un efecto. La causa es que el Valle de Oaxaca es un punto neurálgico de la Tierra. Hay quien afirma que de las entrañas de la Tierra salen fluidos de energía que se conectan con el Universo.

 

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Zonas Arqueológicas ubicadas en los Valles Centrales

Tumba Zapoteca de Huijazoo, Suchilquitongo


Escrito por Guillermo el .

Los Viejos Abuelos en el período Clásico o del esplendor, generalmente no construían pirámides para fines mortuorios. Hasta ahora la única pirámide descubierta hecha ex profeso como una tumba es la del Señor de Pacal en Palenque, Chiapas. Las tumbas que tenemos son del período Postclásico y fueron construidas en las ruinas abandonadas del período Clásico, como es el caso de la famosa Tumba 7 de Monte Alban.

 

Sin embargo, en el Cerro de la Campana en Suchilquitongo, a unos 29 km. de la ciudad de Oaxaca hacia el Valle de Etla, existe un espléndida tumba zapoteca y que los Arqueologos la sitúan perteneciente al último tercio del período Clásico zapoteca, entre los años 650 y 900 d.C. Aunque no está abierta al público por motivos de conservación, toda vez que si se abriera, muy pronto se borrarían los espléndidos frescos con que está decorada.

 La zona arqueológica está a noventa metros de altura del Valle y está compuesta por una serie de montículos o “mogotes” que delinean claramente que son pirámides o juegos de pelota cubiertos de tierra.

La tumba fue descubierta en el año de 1985, por el Arqueólogo Oaxaqueño Enrique Méndez Martínez. Está distribuida en tres partes: una primera antecámara con dos nichos, una segunda cámara amplia con un patio, dos nichos grandes y cuatro pequeños y una cámara funeraria.

Lo más sobresaliente de la tumba son sus frescos con más de mil años de antigüedad y que mantienen incólume la memoria de nuestros Viejos Abuelos. Raíz y esencia de un pueblo que a través de la cultura y el arte ha venido dejando testimonios de su exaltada visión de la trascendencia espiritual de la existencia. El culto a la muerte no es más que el culto a la vida.

Al apreciar las pinturas de la Tumba de Huijazóo, entendemos la razón de la existencia y producción artística de Miguel Cabrera, Rodolfo Nieto, Rufino Tamayo, Rodolfo Morales, Francisco Toledo y una corriente viva, fuerte y desbordante de pintores, talladores en madera, ceramistas, tejedores, bordadoras, cuchilleros. “Raspando tantito”, en cualquier oaxaqueño se encuentra a un artista y a un campesino. Son miles de años de sabiduría y sensibilidad en “el banco genético cultural” de los pueblos de Oaxaca.

Es por esto que el Arte Popular de Oaxaca tiene un lugar muy especial en el mosaico artístico de México. El arte es el lenguaje del Espíritu, el oaxaqueño desde tiempos inmemoriales sabe articular este lenguaje en la piedra, en la madera, en los textiles, en la cerámica, en el acero, con el mimbre y la palma, en el oro y la plata, en la lana y en el algodón, en la piel y en el hueso. Manos de Luz que transforman con el corazón la materia y “la liberan” de su estado natural para humanizarla.

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