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LA CALENDA OAXAQUEÑA

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En los más de siete milenios en que se desarrolló la civilización “propia-nuestra”  del Anáhuac, las fiestas fueron el instrumento social que permitía el potenciar y expandir la energía espiritual que generan los grupos humanos en este tipo de actividades.

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SAN JERÓNIMO TLACOCHAHUAYA

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Este bellísimo pueblo cuenta con el único exconvento del siglo XVI que se mantiene completo, ya que como Oaxaca es una zona altamente sísmica, la mayoría de las construcciones han sufrido pérdidas totales o parciales en su arquitectura. Pero Tlacochahuaya es la excepción.

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ATZOMPA LA NUEVA ZONA ARQUEOLÓGICA

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Los Valles de Oaxaca son la reserva espiritual del México, porque en lo más profundo de sus adentros tectónicos palpita el corazón florecido de nuestros Viejos Abuelos, aquellos que dedicaron sus vidas, generación tras generación, en buscar la trascendencia espiritual de la existencia.

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TEMPLO Y EXCONVENTO DE SAN AGUSTÍN

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La Ciudad de Oaxaca tiene mucho templos y a pesar de los continuos temblores, ha reconstruido una y otra vez las ruinas que han dejado los movimientos telúricos. Es el caso de este majestuoso templo que se terminó de construir en el año de 1699, pero se sabe que existió en el mismo lugar otro que se construyó en 1586. El templo no cuenta con cúpula y torres, como consecuencia de los cíclicos temblores que afectan la ciudad aproximadamente cada cincuenta años.

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SEMANA SANTA EN TEOTITLAN DEL VALLE

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En general los pueblos de Oaxaca hacen un gran esfuerzo por mantener sus tradiciones y costumbres. Desde que se implantó el modelo económico neoliberal la pobreza ha llegado a todas las comunidades y las tradiciones cuestan mucho dinero y esfuerzo. Teotitlán del Valle se ha significado siempre por ser una de las comunidades más tradicionales y en donde las fiestas con todos los sacrificios que implican, se llevan a cabo puntualmente. 

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Zonas Arqueológicas ubicadas en los Valles Centrales

Tumba Zapoteca de Huijazoo, Suchilquitongo


Escrito por Guillermo el .

Los Viejos Abuelos en el período Clásico o del esplendor, generalmente no construían pirámides para fines mortuorios. Hasta ahora la única pirámide descubierta hecha ex profeso como una tumba es la del Señor de Pacal en Palenque, Chiapas. Las tumbas que tenemos son del período Postclásico y fueron construidas en las ruinas abandonadas del período Clásico, como es el caso de la famosa Tumba 7 de Monte Alban.

 

Sin embargo, en el Cerro de la Campana en Suchilquitongo, a unos 29 km. de la ciudad de Oaxaca hacia el Valle de Etla, existe un espléndida tumba zapoteca y que los Arqueologos la sitúan perteneciente al último tercio del período Clásico zapoteca, entre los años 650 y 900 d.C. Aunque no está abierta al público por motivos de conservación, toda vez que si se abriera, muy pronto se borrarían los espléndidos frescos con que está decorada.

 La zona arqueológica está a noventa metros de altura del Valle y está compuesta por una serie de montículos o “mogotes” que delinean claramente que son pirámides o juegos de pelota cubiertos de tierra.

La tumba fue descubierta en el año de 1985, por el Arqueólogo Oaxaqueño Enrique Méndez Martínez. Está distribuida en tres partes: una primera antecámara con dos nichos, una segunda cámara amplia con un patio, dos nichos grandes y cuatro pequeños y una cámara funeraria.

Lo más sobresaliente de la tumba son sus frescos con más de mil años de antigüedad y que mantienen incólume la memoria de nuestros Viejos Abuelos. Raíz y esencia de un pueblo que a través de la cultura y el arte ha venido dejando testimonios de su exaltada visión de la trascendencia espiritual de la existencia. El culto a la muerte no es más que el culto a la vida.

Al apreciar las pinturas de la Tumba de Huijazóo, entendemos la razón de la existencia y producción artística de Miguel Cabrera, Rodolfo Nieto, Rufino Tamayo, Rodolfo Morales, Francisco Toledo y una corriente viva, fuerte y desbordante de pintores, talladores en madera, ceramistas, tejedores, bordadoras, cuchilleros. “Raspando tantito”, en cualquier oaxaqueño se encuentra a un artista y a un campesino. Son miles de años de sabiduría y sensibilidad en “el banco genético cultural” de los pueblos de Oaxaca.

Es por esto que el Arte Popular de Oaxaca tiene un lugar muy especial en el mosaico artístico de México. El arte es el lenguaje del Espíritu, el oaxaqueño desde tiempos inmemoriales sabe articular este lenguaje en la piedra, en la madera, en los textiles, en la cerámica, en el acero, con el mimbre y la palma, en el oro y la plata, en la lana y en el algodón, en la piel y en el hueso. Manos de Luz que transforman con el corazón la materia y “la liberan” de su estado natural para humanizarla.

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