Historia de la Ciudad de Oaxaca

 

Los Valles de Oaxaca son una de las “casas antiguas” del ser humano en la Tierra. Desde la aparición del Homo Sapiens hace 40 mil años, cuando nuestros remotos antepasados vivían de la caza, la pesca y la recolección y los grupos humanos eran nómadas, estas tierras ofrecieron un nicho ecológico muy favorable para la vida, pues existían lagos y bajaba al valle mucha agua de las montañas. En la zona de Tlacolula y específicamente atrás de Yagul, se han encontrado restos fósiles de una antigüedad de 10 mil años, que demuestran la transición del Teocintle al maíz, una de las creaciones culturales más importantes de la civilización del Anáhuac, pues a través de ingeniería biogenética se transformó un pasto en maíz.

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MUSEO DE LOS PINTORES OAXAQUEÑOS

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El Estado de Oaxaca es...

“La Reserva espiritual de México”.

Desde épocas ancestrales los Valles de Oaxaca han sido el encuentro de los pueblos del Anáhuac. Paso obligado del altiplano al istmo, en el que se encontraron las manifestaciones culturales de la cultura náhuatl y la cultura maya, con el auspicio de las milenarias culturas zapoteca y mixteca.

De esta manera hoy tenemos testimonios de esta riqueza cultural en Monte Alban y Mitla, por citar solo dos centros de conocimiento de los muchos que existen en los valles. Es por esta herencia que los oaxaqueños son artistas innatos, especialmente en la plástica han dejado huella, como son los códices mixtecos y los murales de la Tumba de Huijazó.  La Ciudad de Oaxaca tiene vocación de museos y el Museo de los Pintores Oaxaqueños se suma al Patrimonio Cultural de Oaxaca.

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EL ZEMPOALTEPETL corazón espiritual Mixe

EL ZEMPOALTEPETL  corazón espiritual Mixe

Oaxaca es la reserva espiritual de México. No solo porque han sido sus cadenas montañosas una muralla natural para el invasor y el depredador foráneo.

Ni tampoco porque en sus entrañas se ha guardado el tesoro de nuestra identidad más esencial.

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Conjunto de la Soledad y Plaza de la Danza

LUZ ENRIQUEZ

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SANTA MARÍA TLAHUITOLTEPEC

HIERVE EL AGUA (Water Boils)

San Francisco Cajonos

ORO DE MONTE ALBAN


Escrito por Guillermo Marin el .

El oro es el metal que ha simbolizado en todas las milenarias civilización, la pureza de la materia que busca trascender la corrupción a la que está condenada. En el vértice superior del desarrollo que busca alcanzar un ser humano o un pueblo, se encuentra la “liberación del espíritu de la materia”. Porque la materia está sujeta a las fuerzas gravitatorias que la arrastran a su destrucción. Es entonces el oro el símbolo por excelencia en el cual los seres superiores dejan testimonio de su más exaltada aspiración y su sabiduría.

 

 

 

Los antiguos oaxaqueños, herederos de las culturas mixteca y zapoteca nos han dejado un portentoso tesoro en las piezas de La Tumba 7 que se encontró en Monte Alban.

Un grupo de maestros oaxaqueños, descendientes directos del linaje de estos artífices vueleven a hacer el milagro con sus manos de luz.

 

En efecto, Oaxaca cuenta con una empresa que retoma el valor del trabajo hecho a mano y vitaliza una milenaria tradición. Manos de artistas que refrendan la renombrada tradición de la orfebrería oaxaqueña. En “Oro de Monte Alban” se equilibra sutilmente la tradición con la modernidad. Nos demuestra que lejos de ser opuestos, se complementan en una empresa moderna que sabe preservar lo mejor de la tradición, con un alto sentido humanista y cultural.

 

“Este negocio lo empieza mi abuela en 1932, ella tenía un puesto en el mercado de la Merced y vendía telas, pero como le gustaban mucho las joyas, tenía un pequeño muestrario de joyas. Poco a poco se fue metiendo en la joyería y dejó las telas. Empezó a ir a las minas que estaban en la Sierra Norte, en Natividad a comprar oro. Mi mamá la acompañaba y así empezó a crecer su fama y su negocio. Al tiempo los gambusinos bajaban los sábados a venderle el metal a su casa. Hasta que en 1942 deciden abrir una joyería llamada Rosita. Después mi mamá funda la joyería Tere, ahí mi mamá conoce a mi papá, que era orfebre y le iba a vender su trabajo. De este matrimonio nacemos mi hermano Rogelio y yo. Lamentablemente mi papá muere cuando yo tenía 3 años, sin embargo yo crecí en la Joyería Rosita. Todas las tardes me traían a la joyería, íbamos a escuchar la banda de música y nos regresábamos a la joyería, y de ahí a la casa.

 

Mi mamá se vuelve a casar y su esposo tiene mucha visión para los negocios y funda su taller propio con vista al público. A mi mamá la conocían todos los maestros joyeros de Oaxaca y la fueron siguiendo, porque mi abuela era de carácter fuerte y preferían tratar con mi mamá. Así que ahí se empieza a formar el taller, a principios de los años sesentas. Para 1975 regreso de terminar mis estudios en México donde estudié administración de empresas en la Universidad Iberoamericana.

 

Y los trabajadores me vieron con mucha esperanza para que el taller se compusiera y me sentí muy comprometido. Fue la razón por la que decliné una invitación que tenía para trabajar en México y con la ayuda de ellos, le empezamos a dar cuerpo a “Oro de Monte Alban” en 1985.

 

Fue donde nos presentamos la gran interrogante, ¿qué queríamos hacer y para qué éramos buenos? Porque lo mismo hacíamos botonaduras de charros, que copiábamos cosas que hacia Cartier… lo que nos trajeran lo hacíamos. No siempre bien hechos, pero lo hacíamos, no había problema en hacerlo y no éramos tan eficientes. Cuando tomo la dirección general del negocio, me cuestiono qué es lo que queríamos hacer y hacia dónde íbamos. Fue como delineamos nuestra misión como empresa y decidimos como objetivo de empresa ser los mejores en lo que es la joyería mexicana y como misión, mostrar al mundo la herencia cultural de nuestros antepasados. Todo lo que representa nuestro Patrimonio Cultural, tanto de las joyas prehispánicas, como de las joyas tradicionales que se han hecho aquí en Oaxaca, fabricándolo con una alta calidad. Y hasta la fecha en eso estamos comprometidos.

   

Hemos logrado un alcance modesto, pero muy satisfactorio. Continuamente nos llegan correos electrónicos de todas partes del mundo. De alguna manera son nuestros clientes o han venido o han pasado a visitar el taller. Es gente que visita la página de Internet y nos felicita porque seguimos trabando con este enfoque. El alcance cultural ha sido muy grande, el comercial es todavía muy limitado. Somos una empresa pequeña que tuvo su origen aquí en Oaxaca. Hemos crecido “a pesar de todo y de todos”, porque no contamos con el apoyo requerido por las instituciones.

   

Pero con mi juventud e inexperiencia de aquella época, logramos hacer cosas increíbles. Como lo que hicimos cuando hubo una reunión internacional de todos los directores en el mundo de American Express en el Hotel Camino Real. Entonces fui en busca del director general y lo invité a que conociera lo que nosotros hacíamos en el taller. Cuando entró al taller y vio las cosas que hacíamos se quedó impresionado, a tal grado que hicimos un convenio para celebrar los 450 años de la Ciudad de Oaxaca, fue cuando lanzamos una colección a través de American Express. Creo que somos de las pocas empresas oaxaqueñas que hemos estado en la página central de American Express.

   

“Oro de Monte Alban” lejos de todos los conceptos globalizadores de rentabilidad y productividad, lo más importante para nosotros es el elemento humano. La mano de obra oaxaqueña es de muy alta calidad. Es una mano de obra que tiene hondas y milenarias raíces, que si la sabes entender y sabes respetar sus principios y su sentido espiritual por su trabajo, te retribuyen ampliamente con su calidad y su excelencia. Tal vez por las condiciones del mercado no pagamos un gran sueldo, pero en primer lugar le damos mucha dignidad al trabajo que hacen, por eso es que tenemos el taller abierto al público. Los maestros reciben directamente los comentarios de la gente y reciben el reconocimiento directo de los visitantes. Es el público quien reconoce la calidad de su trabajo.

“Oro de Monte Alban” tiene personal desde que empezamos, la rotación de personal es casi mínima. El joyero oaxaqueño es una persona que además de tener la habilidad, le pone bastante amor y pasión por lo que hace. Esto es parte de nuestra cultura y nuestra tradición. Esto es lo más gratificante en nuestra empresa.

Nosotros nos especializamos en lo que podríamos llamar “Joyería mexicana” de alta calidad. Somos fieles al estilo y somos fieles al origen. Por supuesto que estamos aperturados al diseño nuevo, pero sin perder la esencia, la raíz. Sobre todo, sin perder la calidad en nuestra mano de obra, que es el sello que nos distingue en el mundo.

 

Es muy tentador, que con la cantidad de artistas que tenemos aquí podríamos producir 3 o 4 veces más de lo que actualmente fabricamos. Seríamos más productivos, como toda empresa global. Pero perderíamos, para empezar, la participación de la mano de obra. Es decir, nos volveríamos un proceso puramente mecánico. Limitaríamos mucho la creatividad, destreza y sensibilidad de nuestros maestros. Mientras que los mercados internacionales nos sigan apoyando. Porque existe gente que busca este tipo de producto, que demanda que esté hecho a mano con la milenaria calidad y tradición oaxaqueña. Mientras exista esta clase de gente que aprecia la calidad y el arte, lo seguiremos haciendo.

   

Estamos preparando una nueva generación, como parte de nuestra estrategia. Quizás con un poquito más de cultura empresarial y menos “artistas”. Sin perder el cariño y los principios por este oficio, los jóvenes se están formando como aprendices en otro concepto de los estándares de calidad. Tenemos la certificación de un organismo internacional suizo “SGS”, que se dedica a certificar empresas en la calidad de sus procesos de producción.

   

Nosotros tenemos cuatro líneas definidas. Lo que es la “joyería prehispánica”, aquí entran todas las reproducciones del “Tesoro de la Tumba 7 de Monte Alban”, también tenemos piezas de otras culturas, sean maya, inca, olmeca. No nos limitamos a elementos nada más de Oaxaca, sin alejarnos de lo básico del proceso.

La producción de “filigrana”, que es todo lo que se hizo en Oaxaca antes de que se descubrieran las joyas de Monte Alban 1932, existía la famosa joyería de “ramo”. Medallones con perlas, mucha joyería de filigrana que representa a la naturaleza como hojas o flores.

   

La colección colonial, que también se hacía en Oaxaca antiguamente y que fue muy famosa en la época de la Colonia. Es una amalgama que se hace dos veces. La misma pieza se hace primero en plata y luego se le hace una chapa de oro y se vuelve a “recortar”. En ese entonces se le montaban diamantes, ahora se le monta una piedra sintética que se llama zafiro blanco. Y finalmente la colección de diseño, que son piezas que hemos desarrollado con diseñadores profesionales, pero sin perder el origen.

   

Nos estamos replanteando la comercialización. Este tipo de joyas no se venden igual que la joyería normal. Estamos desarrollando una estrategia que nos permita generar tiendas propias, fuera de Oaxaca y fuera del país. Abriremos algunas tiendas de nosotros, para consolidar el modelo y luego desarrollaremos la franquicia.

ORO DE MONTE ALBAN

Arte Prehispánico y Mexicano hecho joya.

Porfirio Díaz 311

Col. Centro, Oaxaca. Oax. C.P. 68000

Tels.: 52 (951) 516 45 28 Fax: 52 (951) 516 53 70

www.orodemontealban.com

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México, D.F. (52) 52 07 46 71

  • Taller y Tienda
    • Porfirio Díaz 311, Col. Centro
      Oaxaca, Oaxaca. México
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      Oaxaca, Oaxaca. México
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    • M. Alcalá 403
      Oaxaca, Oaxaca. México
      Tel. (01) (951)5143813
    • Plaza Alcalá
      M. Alcalá esq. M. Bravo
      Oaxaca, Oaxaca. México
      Tel. (01) (951)5161812
    • Zona Arqueológica de Monte Albán
      U. de Servicios
      Oaxaca, Oaxaca. México
      Tel. (01) (951)5161781
    • Av.Las Rosas 2933 Local 2
      Col. Rinconada del Bosque
      (Lobby del Hotel Milton)
      Guadalajara, Jal.
      Tel. (01) (33) 36710108
    • Correo 8
      San Miguel de Allende
      Guanajuato
      Tel (415) 1544094
    • Av. Mahahual S/N
      Mahahual Q. Roo
      Tel (983) 8345698

 

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