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“PROYECTO MOZART”

“PROYECTO MOZART”

Oaxaca es un lugar en el que se encuentran cosas maravillosas y sorprendentes. Muchos dicen que es por su gente, sin embargo, creemos que esto es un efecto. La causa es que el Valle de Oaxaca es un punto neurálgico de la Tierra. Hay quien afirma que de las entrañas de la Tierra salen fluidos de energía que se conectan con el Universo.

 

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JORGE MEJÍA TORRES

JORGE MEJÍA TORRES

El Maestro Mejía es de aquellos músicos que están hechos con antigua y “noble madera”. Ha dedicado su vida profesional a formar músicos desde niños y en esa tarea ha construido, “contra cielo y marea, contra sirios y troyanos”, con el apoyo y sin el apoyo de los “burócratas de la cultura oficial en turno”, una importante institución para la música en Oaxaca. La generosidad y la franqueza pueden ser sus cualidades, sin embargo la pasión por la educación musical, ha hecho que Jorge en momentos se olvide de sí mismo. Con gente como él, es que se construyen las instituciones de cultura en nuestro país.  

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MUSEO DEL FERROCARRIL

MUSEO DEL FERROCARRIL

Sin lugar a dudas, el mejor regalo que le otorgó el General Porfirio Díaz Mori a su estado natal, fue el ferrocarril, que le permitió, no sólo a la ciudad de Oaxaca, sino también a  los Valles Centrales y posteriormente el istmo de Tehuantepec, incorporarse al desarrollo económico de la nación. Hasta antes de ponerse en operación el ferrocarril, el viaje de Oaxaca al Distrito Federal implicaba un peligroso, costoso y extenuante viaje de catorce días en diligencia tirada por caballos. Con el Ferrocarril se redujo a tan sólo catorce horas.

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CENTRO FOTOGRÁFICO ÁLVAREZ BRAVO

CENTRO FOTOGRÁFICO ÁLVAREZ BRAVO

CENTRO FOTOGRÁFICO ÁLVAREZ BRAVO

El Centro Fotográfico Álvarez Bravo esta ubicado en una hermosa casa del siglo XVIII, adquirida y restaurada por el pintor y filántropo oaxaqueño Francisco Toledo. Cuenta con cuatro salas para exhibiciones temporales en donde se presentan propuestas de diversos estilos, concepciones y tendencias del arte fotográfico. 

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MUSEO DE ARTE PREHISPÁNICO RUFINO TAMAYO.

MUSEO DE ARTE PREHISPÁNICO RUFINO TAMAYO.

MUSEO DE ARTE PREHISPÁNICO RUFINO TAMAYO.

El Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo, es una verdadera joya. Ubicado en una casa del siglo XVIII, que fue la sede de la Santa Inquisición, Casa del Tesoro de la Primera Intendencia, escuela y a principios del siglo XX, en ella se instalaron los motores de la primera compañía de energía eléctrica de la ciudad, cuartel militar, expendio de periódico y en 1933, sede del Archivo General del Estado, para finalmente en 1974 albergar la colección personal que el pintor oaxaqueño Rufino Tamayo, lego al pueblo de Oaxaca.

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Mercados y Tianguis en los Valles Centrales de Oaxaca

Mercado de Tlacolula


Escrito por Guillermo el .

Aunque la agricultura y el maíz se "inventaron" en el sexto milenio antes de la era cristiana, los especialistas sitúan la aparición de la cultura olmeca llamada la cultura madre mil quinientos años a.C. Es curioso que en varios milenios esta civilización llegara a lograr asombrosos descubrimientos científicos y sin embargo, aparecerán las primeras formas de instrumentos de cambio o monedas, en los últimos cien años antes de la llegada de los europeos. Lo que demuestra que esta civilización no fundamentó su desarrollo en el aspecto económico, el atesoramiento y menos en la propiedad privada.

Sin embargo, el tianguis es una antiquísima institución que hunde sus raíces en los mismos orígenes de la civilización del Anáhuac. En efecto, el mercado para los pueblos del México antiguo y sus descendientes más directos en la actualidad representa el espacio social y cultural más importante en el apretado calendario de actividades comunitarias.

El mercado es el lugar del encuentro y el intercambio humano. Los productos son un medio para encontrarse con amigos y parientes de otros pueblos. El mercado es el espacio social por excelencia. Es algo mucho más que el comprar y el vender. El mercado es la familia, cercana y lejana. Por esto los mercados de México guardan una energía muy especial.

Es por ello que el "regateo" no tiene un sentido de ganancia económica, sino más bien es un instrumento de encuentro humano. Si no hay regateo no es buena la venta ni la compra. Se tiene que "negociar" sin someter ni ofender. Se dan muchas vueltas y se adornan las ideas, se cuentan historias y anécdotas. En los tianguis mexicanos, desde hace miles de años… todos ganan.

El mercado es un arco iris de colores, olores, texturas, formas, que se adhieren al alma y florecen en nuestros recuerdos. Es una catarata de rostros, vestidos, sombreros y calzados. Formas caleidoscópicas que nos remiten a nuestro pasado más remoto y profundo.

Es una hiedra que trepa en las emociones y teje tupido en nuestro estado de ánimo.

El mercado de Tlacolula es uno de los más tradicionales de Oaxaca. Guarda mucho la esencia inmaculada de la espiritualidad perdida con la colonización, el progreso y la modernidad. Ir al mercado de Tlacolula es como hacer un viaje en el tiempo y regresar a lo más genuino de nosotros, lo más propio nuestro.

La mujer en los mercados tiene un papel fundamental. Motor de la economía familiar en las culturas indígenas, en el mercado toma su lugar como la sustentadora que todo lo adecua, lo sitúa y lo hace fluir. Mujer trabajadora y tierna. Fuerte y dulce. Negociadora y flexible, la mujer hace a los mercados espacios femeninos por naturaleza.

En efecto, los mercados de México en general, pero el de Tlacolula en particular se envuelven en una atmósfera casi ritual y mística. Por sus pasillos se camina al borde de lo místico y de lo mágico. De lo maravilloso y de lo natural se traslada uno al terreno de las emociones no racionalizadas. En los mercados solo se siente, se huele, se ve y se intuye.

Desde los tiempos primordiales los tianguis hacían que la metrópoli o tollan cobraran vida y energía propia. Todos los que pisan los corredores de los mercados sufren una metamorfosis espiritual. Atrapados por los colores, olores, texturas, formas y sabores; poco a poco empieza a brotar de lo profundo la "otra parte" de nosotros mismos. Aquella que se conecta con nuestra parte indígena. Aquella que ha sido tercamente negada cinco siglos y que nos enriquece, nos multiplica y nos fortalece.

La naturaleza vibra y reverbera en los mercados. Retazos de sus bosques, pedregales, flores y frutos llegan al mercado transformados levemente por la mano del ser humano, para incorporarse armoniosamente a nuestro universo. Con una impronta humana, con un antiguo sello cultural de una "casa antigua" del género humano en la tierra.

En el mercado de Tlacolula los domingos podrá ver como todos los hijos de los pueblos vecinos se reúnen para el solaz encuentro y el fructífero intercambio, pues en algunos de los mercados de Oaxaca todavía se realiza el trueque o feriado como acostumbran decir en español. En efecto, por las tardes, ya al finalizar la jornada, los productores intercambian sus productos sin la presencia del dinero.

Para gozar el embrujo del Mercado de Tlacolula debemos planear llegar muy tempranito a desayunar, pues Tlacolula tiene fama de tener los mejores panes de los Valles de Oaxaca, probar el chocolate de agua con enfrijoladas y tasajo. Y para el medio día, después de haberlo recorrido con paciencia y haber observado hasta la sección de venta de animales en pie, podrá disfrutar de una exquisita barbacoa de chivo.

Visitar el Mercado de Tlacolula seguramente será una de las experiencias más emocionadas y profundas que se llevará de Oaxaca, porque aquí el tiempo y el espíritu conviven en perfecta armonía.

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