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San Lorenzo Cacacotepec, Etla.

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Los Valles de Oaxaca están rodeados de un “mar de montañas”. En el Valle de Etla se encuentra un pueblo muy especial, San Lorenzo Cacaotepec, que cuenta con una iglesia bellísima que data del Siglo XVII.

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TEMPLO DE LA VIRGEN DE LA SOLEDAD Y PLAZA DE LA DANZA

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El corazón espiritual de los oaxaqueños se encuentra condensado en una pequeña imagen de la Virgen de la Soledad y representado en un espléndido templo, expresión decantada del más puro estilo del "Barroco Oaxaqueño". En la ciudad abundan los templos y cada barrio tiene el suyo. Sin embargo, todos los oaxaqueños se hermanan con la Virgen de Juquila y la Virgen de la Soledad.

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SANTA MARÍA EL TULE

SANTA MARÍA EL TULE

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Entre todos los atractivos de Oaxaca, indiscutiblemente que el maravilloso árbol del Tule es uno de los preferidos de propios y extraños. Existe un vínculo no racional, entre este increíble "ser vivo" y aquellas personas que tienen desarrollada su sensibilidad. Admirar a un ser vivo tan longevo, frente a nuestra pequeñez física y nuestra fugaz temporalidad, hace que se estremezca el corazón.

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HECTOR CARRANZA PALACIOS

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Pocos arquitectos oaxaqueños han logrado encontrar el equilibrio y la armónica conjunción de la arquitectura tradicional, los materiales de la región y la arquitectura mediterránea, como el caso de Héctor Carranza Palacios, hijo de un ilustre oaxaqueño, quien además de haber sido un reconocido médico a mediados del siglo pasado, fundador de la UABJO, fue una de las columnas de la masonería de aquellos tiempos

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TEMPLO Y EXCONVENTO DE SAN FRANCISCO

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  Desde el inicio de la fundación española de la Ciudad de Oaxaca, la parte Sur siempre la habitaron los indígenas que los españoles obligaron a vivir para que fueran la servidumbre, no sólo en las casas habitación, sino fundamentalmente en las obras de construcción, donde la mano de obra indígena fue fundamental para construir y reconstruir nuestra ciudad.

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Mercados y Tianguis en los Valles Centrales de Oaxaca

Mercado de Tlacolula


Escrito por Guillermo el .

Aunque la agricultura y el maíz se "inventaron" en el sexto milenio antes de la era cristiana, los especialistas sitúan la aparición de la cultura olmeca llamada la cultura madre mil quinientos años a.C. Es curioso que en varios milenios esta civilización llegara a lograr asombrosos descubrimientos científicos y sin embargo, aparecerán las primeras formas de instrumentos de cambio o monedas, en los últimos cien años antes de la llegada de los europeos. Lo que demuestra que esta civilización no fundamentó su desarrollo en el aspecto económico, el atesoramiento y menos en la propiedad privada.

Sin embargo, el tianguis es una antiquísima institución que hunde sus raíces en los mismos orígenes de la civilización del Anáhuac. En efecto, el mercado para los pueblos del México antiguo y sus descendientes más directos en la actualidad representa el espacio social y cultural más importante en el apretado calendario de actividades comunitarias.

El mercado es el lugar del encuentro y el intercambio humano. Los productos son un medio para encontrarse con amigos y parientes de otros pueblos. El mercado es el espacio social por excelencia. Es algo mucho más que el comprar y el vender. El mercado es la familia, cercana y lejana. Por esto los mercados de México guardan una energía muy especial.

Es por ello que el "regateo" no tiene un sentido de ganancia económica, sino más bien es un instrumento de encuentro humano. Si no hay regateo no es buena la venta ni la compra. Se tiene que "negociar" sin someter ni ofender. Se dan muchas vueltas y se adornan las ideas, se cuentan historias y anécdotas. En los tianguis mexicanos, desde hace miles de años… todos ganan.

El mercado es un arco iris de colores, olores, texturas, formas, que se adhieren al alma y florecen en nuestros recuerdos. Es una catarata de rostros, vestidos, sombreros y calzados. Formas caleidoscópicas que nos remiten a nuestro pasado más remoto y profundo.

Es una hiedra que trepa en las emociones y teje tupido en nuestro estado de ánimo.

El mercado de Tlacolula es uno de los más tradicionales de Oaxaca. Guarda mucho la esencia inmaculada de la espiritualidad perdida con la colonización, el progreso y la modernidad. Ir al mercado de Tlacolula es como hacer un viaje en el tiempo y regresar a lo más genuino de nosotros, lo más propio nuestro.

La mujer en los mercados tiene un papel fundamental. Motor de la economía familiar en las culturas indígenas, en el mercado toma su lugar como la sustentadora que todo lo adecua, lo sitúa y lo hace fluir. Mujer trabajadora y tierna. Fuerte y dulce. Negociadora y flexible, la mujer hace a los mercados espacios femeninos por naturaleza.

En efecto, los mercados de México en general, pero el de Tlacolula en particular se envuelven en una atmósfera casi ritual y mística. Por sus pasillos se camina al borde de lo místico y de lo mágico. De lo maravilloso y de lo natural se traslada uno al terreno de las emociones no racionalizadas. En los mercados solo se siente, se huele, se ve y se intuye.

Desde los tiempos primordiales los tianguis hacían que la metrópoli o tollan cobraran vida y energía propia. Todos los que pisan los corredores de los mercados sufren una metamorfosis espiritual. Atrapados por los colores, olores, texturas, formas y sabores; poco a poco empieza a brotar de lo profundo la "otra parte" de nosotros mismos. Aquella que se conecta con nuestra parte indígena. Aquella que ha sido tercamente negada cinco siglos y que nos enriquece, nos multiplica y nos fortalece.

La naturaleza vibra y reverbera en los mercados. Retazos de sus bosques, pedregales, flores y frutos llegan al mercado transformados levemente por la mano del ser humano, para incorporarse armoniosamente a nuestro universo. Con una impronta humana, con un antiguo sello cultural de una "casa antigua" del género humano en la tierra.

En el mercado de Tlacolula los domingos podrá ver como todos los hijos de los pueblos vecinos se reúnen para el solaz encuentro y el fructífero intercambio, pues en algunos de los mercados de Oaxaca todavía se realiza el trueque o feriado como acostumbran decir en español. En efecto, por las tardes, ya al finalizar la jornada, los productores intercambian sus productos sin la presencia del dinero.

Para gozar el embrujo del Mercado de Tlacolula debemos planear llegar muy tempranito a desayunar, pues Tlacolula tiene fama de tener los mejores panes de los Valles de Oaxaca, probar el chocolate de agua con enfrijoladas y tasajo. Y para el medio día, después de haberlo recorrido con paciencia y haber observado hasta la sección de venta de animales en pie, podrá disfrutar de una exquisita barbacoa de chivo.

Visitar el Mercado de Tlacolula seguramente será una de las experiencias más emocionadas y profundas que se llevará de Oaxaca, porque aquí el tiempo y el espíritu conviven en perfecta armonía.

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