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La Guelaguetza

La Guelaguetza

El origen más remoto de la Guelaguetza, seguramente se sitúa en la formación de la llamada Cultura Madre. En efecto, los olmecas son la cultura mas Antigua de México y los expertos sitúan su origen mil quinientos años antes de la era cristiana, entre los estados de Veracruz y Tabasco.

De esta manera, podemos afirmar que todos los pueblos indígenas de México y de Centroamérica, aunque son diferentes, poseen los mismos valores, principios, fiestas, usos y costumbres. Solo que cada uno le da su toque particular y en eso consiste la riqueza caleidoscópica de nuestra diversidad.

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Entrevista al poeta Esteban Ríos Cruz

Entrevista al poeta Esteban Ríos Cruz

Entrevista al poeta Esteban Ríos Cruz

 Es un mediodía llena de luz, con un sol colgando en el centro del cielo, jadeante por el bochorno de las lloviznas de octubre que han traído las voces de los pájaros silvestres, el remanso de una brisa con sabor a otoño y, desde los corredores de la memoria, la alegría de las palabras que germinan ante la ternura humana.

 En este breve contexto surge la voz de la poesía, de ese metafísico oficio de construir los versos con esa paciencia de orfebre para ir engarzando palabra tras palabra, una virtud que hace eco en la figura de Esteban Ríos Cruz , poeta oaxaqueño nacido en Asunción Ixtaltepec, una comunidad del Istmo de Tehuabtepec,  que hoy es entrevistado por la revista literaria 7 Venado, de la página www.aquioaxaca.com , por la presentación de su libro Dxi gueela’ gaca’ diidxa’/ Cuando la noche sea palabra, en la Casa del Pueblo de esta comunidad zapoteca, una obra editada por  Conaculta y la Dirección General  de Culturas Populares e Indígenas, dentro de su colección  Letras Indígenas Contemporáneas .

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CARLOS RENDON

CARLOS RENDON

Muchos oaxaqueños se van al Norte en busca de la ilusión de una vida mejor. Pero son pocos los que logran acrisolar el “sueño americano”, como Carlos Rendón y su familia.

En efecto, su relato de cómo fue luchando paso a paso y con mucho esfuerzo y sacrificio un espacio en la sociedad norteamericana, es un ejemplo para muchos migrantes de lo que se puede lograr con disciplina, autoestima y responsabilidad en la vida

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San Andrés Zautla

San Andrés Zautla

San Andrés Zautla

Los Valles de Oaxaca tienen una gran diversidad cultural, étnica, lingüística en todas las variantes de las lenguas mixteco y zapoteco, así como en su diversidad botánica.

Pero especialmente el Valle de Etla, desde tiempos ancestrales ha sido bendecido por la naturaleza.

En efecto, es una región que ha tenido agua y con ello todas las formas de vida.

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COMPARSA DE MUERTOS

COMPARSA DE MUERTOS

COMPARSA DE MUERTOS

Desde hace miles de años, tal vez tres mil quinientos años o más, en lo que hoy es México se celebra cada año dos grandes fiestas que tienen una profunda simbolización en el inconsciente colectivo de los que hoy nos llamamos “mexicanos”, pero que por miles de años fuimos “anahuacas”, es decir, nacidos en el Anáhuac.

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  • TEMPLO DE SANTO TOMÁS APÓSTOL IXTLAN

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  • GRECAS DE TEOTITLÁN DEL VALLE

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  • SAN ANTONINO CASTILLO VELASCO

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  • TEMPLO Y EXCONVENTO DE SAN JUAN BAUTISTA COIXTLAHUACA

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  • VIERNES SANTO EN SAN JUAN CHAPULTEPEC

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Mercados y Tianguis en los Valles Centrales de Oaxaca

Mercado de Tlacolula


Escrito por Guillermo el .

Aunque la agricultura y el maíz se "inventaron" en el sexto milenio antes de la era cristiana, los especialistas sitúan la aparición de la cultura olmeca llamada la cultura madre mil quinientos años a.C. Es curioso que en varios milenios esta civilización llegara a lograr asombrosos descubrimientos científicos y sin embargo, aparecerán las primeras formas de instrumentos de cambio o monedas, en los últimos cien años antes de la llegada de los europeos. Lo que demuestra que esta civilización no fundamentó su desarrollo en el aspecto económico, el atesoramiento y menos en la propiedad privada.

Sin embargo, el tianguis es una antiquísima institución que hunde sus raíces en los mismos orígenes de la civilización del Anáhuac. En efecto, el mercado para los pueblos del México antiguo y sus descendientes más directos en la actualidad representa el espacio social y cultural más importante en el apretado calendario de actividades comunitarias.

El mercado es el lugar del encuentro y el intercambio humano. Los productos son un medio para encontrarse con amigos y parientes de otros pueblos. El mercado es el espacio social por excelencia. Es algo mucho más que el comprar y el vender. El mercado es la familia, cercana y lejana. Por esto los mercados de México guardan una energía muy especial.

Es por ello que el "regateo" no tiene un sentido de ganancia económica, sino más bien es un instrumento de encuentro humano. Si no hay regateo no es buena la venta ni la compra. Se tiene que "negociar" sin someter ni ofender. Se dan muchas vueltas y se adornan las ideas, se cuentan historias y anécdotas. En los tianguis mexicanos, desde hace miles de años… todos ganan.

El mercado es un arco iris de colores, olores, texturas, formas, que se adhieren al alma y florecen en nuestros recuerdos. Es una catarata de rostros, vestidos, sombreros y calzados. Formas caleidoscópicas que nos remiten a nuestro pasado más remoto y profundo.

Es una hiedra que trepa en las emociones y teje tupido en nuestro estado de ánimo.

El mercado de Tlacolula es uno de los más tradicionales de Oaxaca. Guarda mucho la esencia inmaculada de la espiritualidad perdida con la colonización, el progreso y la modernidad. Ir al mercado de Tlacolula es como hacer un viaje en el tiempo y regresar a lo más genuino de nosotros, lo más propio nuestro.

La mujer en los mercados tiene un papel fundamental. Motor de la economía familiar en las culturas indígenas, en el mercado toma su lugar como la sustentadora que todo lo adecua, lo sitúa y lo hace fluir. Mujer trabajadora y tierna. Fuerte y dulce. Negociadora y flexible, la mujer hace a los mercados espacios femeninos por naturaleza.

En efecto, los mercados de México en general, pero el de Tlacolula en particular se envuelven en una atmósfera casi ritual y mística. Por sus pasillos se camina al borde de lo místico y de lo mágico. De lo maravilloso y de lo natural se traslada uno al terreno de las emociones no racionalizadas. En los mercados solo se siente, se huele, se ve y se intuye.

Desde los tiempos primordiales los tianguis hacían que la metrópoli o tollan cobraran vida y energía propia. Todos los que pisan los corredores de los mercados sufren una metamorfosis espiritual. Atrapados por los colores, olores, texturas, formas y sabores; poco a poco empieza a brotar de lo profundo la "otra parte" de nosotros mismos. Aquella que se conecta con nuestra parte indígena. Aquella que ha sido tercamente negada cinco siglos y que nos enriquece, nos multiplica y nos fortalece.

La naturaleza vibra y reverbera en los mercados. Retazos de sus bosques, pedregales, flores y frutos llegan al mercado transformados levemente por la mano del ser humano, para incorporarse armoniosamente a nuestro universo. Con una impronta humana, con un antiguo sello cultural de una "casa antigua" del género humano en la tierra.

En el mercado de Tlacolula los domingos podrá ver como todos los hijos de los pueblos vecinos se reúnen para el solaz encuentro y el fructífero intercambio, pues en algunos de los mercados de Oaxaca todavía se realiza el trueque o feriado como acostumbran decir en español. En efecto, por las tardes, ya al finalizar la jornada, los productores intercambian sus productos sin la presencia del dinero.

Para gozar el embrujo del Mercado de Tlacolula debemos planear llegar muy tempranito a desayunar, pues Tlacolula tiene fama de tener los mejores panes de los Valles de Oaxaca, probar el chocolate de agua con enfrijoladas y tasajo. Y para el medio día, después de haberlo recorrido con paciencia y haber observado hasta la sección de venta de animales en pie, podrá disfrutar de una exquisita barbacoa de chivo.

Visitar el Mercado de Tlacolula seguramente será una de las experiencias más emocionadas y profundas que se llevará de Oaxaca, porque aquí el tiempo y el espíritu conviven en perfecta armonía.

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