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Entrevista al poeta Esteban Ríos Cruz

Entrevista al poeta Esteban Ríos Cruz

Entrevista al poeta Esteban Ríos Cruz

 Es un mediodía llena de luz, con un sol colgando en el centro del cielo, jadeante por el bochorno de las lloviznas de octubre que han traído las voces de los pájaros silvestres, el remanso de una brisa con sabor a otoño y, desde los corredores de la memoria, la alegría de las palabras que germinan ante la ternura humana.

 En este breve contexto surge la voz de la poesía, de ese metafísico oficio de construir los versos con esa paciencia de orfebre para ir engarzando palabra tras palabra, una virtud que hace eco en la figura de Esteban Ríos Cruz , poeta oaxaqueño nacido en Asunción Ixtaltepec, una comunidad del Istmo de Tehuabtepec,  que hoy es entrevistado por la revista literaria 7 Venado, de la página www.aquioaxaca.com , por la presentación de su libro Dxi gueela’ gaca’ diidxa’/ Cuando la noche sea palabra, en la Casa del Pueblo de esta comunidad zapoteca, una obra editada por  Conaculta y la Dirección General  de Culturas Populares e Indígenas, dentro de su colección  Letras Indígenas Contemporáneas .

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Santo Tomás Jalieza

Santo Tomás Jalieza

En la carretera que se dirige a Ocotlán se encuentra un pueblo laborioso y muy bien organizado de tejedoras en hilo de algodón. En lengua zapoteca Jalieza significa "debajo de la iglesia". Cuenta la leyenda que antes de la invasión europea el pueblo estaba ubicado en lo más alto de los cerros cercanos al pueblo, donde en la actualidad se sabe que existe una zona arqueológica no explorada.

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FERNANDO ROSALES

FERNANDO ROSALES

Mi nombre es Fernando Rosales García, nací en mayo de 1947. Estudié la carrera de Contador Privado. En aspecto artístico, estudié en la Ciudad de México en la Academia de la Danza Mexicana. Posteriormente estudié en la Escuela de Bellas Artes de la UABJO, soy maestro del CEDART y maestro en diferentes agrupaciones danzisticas y culturales de Oaxaca.

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Mercado de Tlacolula

Mercado de Tlacolula

Aunque la agricultura y el maíz se "inventaron" en el sexto milenio antes de la era cristiana, los especialistas sitúan la aparición de la cultura olmeca llamada la cultura madre mil quinientos años a.C. Es curioso que en varios milenios esta civilización llegara a lograr asombrosos descubrimientos científicos y sin embargo, aparecerán las primeras formas de instrumentos de cambio o monedas, en los últimos cien años antes de la llegada de los europeos. Lo que demuestra que esta civilización no fundamentó su desarrollo en el aspecto económico, el atesoramiento y menos en la propiedad privada.

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EXCONVENTO DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

EXCONVENTO DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

EXCONVENTO DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

“Oaxaca es la reserva espiritual de México”, porque es la depositaria de la fuerza ancestral del Espíritu que viene desde el principio de los tiempos y ha quedado impregnada, no solo en sus monumentales edificaciones, sino fundamentalmente en el corazón del diario vivir de su gente.

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LA CALENDA OAXAQUEÑA


Escrito por Guillermo el .

 

En los más de siete milenios en que se desarrolló la civilización “propia-nuestra”  del Anáhuac, las fiestas fueron el instrumento social que permitía el potenciar y expandir la energía espiritual que generan los grupos humanos en este tipo de actividades.

Por lo menos en los tres mil años antes de la conquista y colonización, los pueblos de lo que ahora conforma el territorio mexicano, mantenían un abigarrado, complejo y saturado calendario de fiestas. Pues tenían 18 meses de 20 días y generalmente tenían más de cuatro fiestas al mes. Unas más grandes y pródigas, otras más pequeñas y austeras. Pero todas fiestas.

“Oaxaca, como la reserva espiritual de México”, es la depositaria de esta maravillosa tradición de cohesionar y sensibilizar a sus pueblos a través de la realización de un calendario, que hoy se nos antoja muy saturado de fiestas, pero que indiscutiblemente para la Cultura Madre resulta muy escuálido en comparación al tiempo antes de la invasión y colonización en la que los Viejos Abuelos tuvieron que adaptarse al nuevo orden.

Todas las fiestas patronales en los Valles de Oaxaca, se inician con “La Calenda”. Es la manera en que se “anuncia y se invita” a todo el pueblo a la fiesta. Es un desfile de colores y formas en el que los amigos y vecinos participan en la fiesta.

La Calenda lleva por delante a la Chirimía y el Tambor, reminiscencias milenarias que esencialmente recuerdan un rito ancestral a pesar de todo el sincretismo con el que ahora las apreciamos y nos recuerdan el origen espiritual de estas fiestas.

Después vienen los coheteros, verdaderos “especialistas” que van tirando cuetes y cohetones, que anuncian la cercanía de la procesión. Los primeros se arrojan al cielo con la mano y los segundos, más potentes, se lanzan desde una base que permite poner distancia al encender la mecha.

Los cuetes y cohetones son indispensables en las fiestas oaxaqueñas y su cuidadoso manejo se les deja a un grupo de “expertos” que saben donde, cuando, cantidad, ritmo y son quienes cuidan de que no causen accidentes, tanto en los participantes como en las casas del pueblo.

Los Gigantes o Marmotas siguen en la calenda. Están hechas con un armazón de carrizo, su ropa de tela y su cabeza con papel. Generalmente son cargados por niños y jóvenes, por lo que es común ver a unos “Gigantes chiquitos”. Cuando se tocan los sones y bailan las Chinas, estos formidables personajes las acompañan en el baile, dando vertiginosas vueltas, perdiendo la vertical sin caer y llevando sus brazos como remolino de colores. Los personajes son producto del imaginario colectivo.

Después sigue la banda de música que tocará durante toda la calenda. Las bandas de aliento llegaron a Oaxaca y México, con la invasión francesa. Los oaxaqueños, especialmente se apropiaron de esta organización orquestal y la han hecho propia. La cultura popular tiene como base de expresión una banda de aliento. En Oaxaca se supone que existen más de cinco mil bandas.

El cortejo continua con la imagen del Santo Patrón o el símbolo de la fiesta. Por ejemplo en el Istmo se lleva un estandarte si se trata de una “Vela”.

Las “Chinas Oaxaqueñas” siguen en la comitiva. Mujeres que llevan cargando sobre sus cabezas canastas con bellos arreglos florales. Para hacer la calenda los mayordomos seleccionan a una “madrina principal”, quien a su vez tendrá que ir a invitar a señoras de la comunidad para que participen como Chinas oaxaqueñas con sus canastas. Todo esto implica, tiempo, dinero y un esfuerzo físico, pues las canastas son pesadas y costosas. Algunas mujeres participaran con canastas con fuegos de artificio. Verdadera proeza de valor y entusiasmo.

Todo se inicia en la casa de la Madrina Principal, quien tendrá que ofrecer mezcal, rompope, refrescos y galletas mientras se congregan las canastas. Después llega la música y ameniza la espera. No importa que llueva o relampaguee, la gente del pueblo ira llegando.

La comitiva sale hacia la casa de los mayordomos. Donde se les bailará un son y de ahí parte la comitiva al templo del pueblo donde en el atrio se baila algunos sones y de ahí se parte a los puntos que cada comunidad ha tomado como tradicionales.

Generalmente a las casas de exmayordomos, donde existe una capilla o cruz, algún templo o barrio. Generalmente en estos lugares se organiza una recepción en la que no falta la comida y la bebida para todos los participantes.

La calenda termina en el templo del pueblo, donde las chinas dejarán su ofrenda de flores al Santo Patrón o Virgen de la comunidad. Acto seguido en el atrio del templo se inicia la quema y baile de las canastas con fuegos artificiales, los toritos y si se puede, al final los Castillos.

Las mujeres son las que “bailan” las canastas. Remolino de luz y fuego que enciende las emociones de toda la concurrencia. Las mujeres siempre son asistidas por sus esposos o novios y ellos bailan con ellas cuando las luces iluminan de colores el entorno. Los jóvenes y los hombres bailan “los toritos”, en lances que agitan a la concurrencia, pues generalmente despiden unas luces de colores que cruzan veloces entre las piernas de los espectadores.

Las calendas son un producto de la cultura mexicana que siguen vivas y palpitante en los Valles de Oaxaca. La calenda es participación, encuentro, apoyo, fiesta, sacrifico físico y económico, tiempo, amistad, fraternidad y comunitariedad.

En la calenda con un poquito de mezcal y cerveza, los problemas interfamiliares e interpersonales, se aflojan, se minimizan, encuentran cauces de comunicación y solución. La fiesta es pretexto para que se restablezca la armonía y la amistad. Es momento para refrendar la amistad, el compadrazgo y la unión de la familia amplia. Es gusto y entusiasmo, necesidad de compartir lo más profundo y lo más íntimo, de continuar con la tradición.  

La calenda termina en la casa del mayordomo con una cena para todo el pueblo, por supuesto que acompañados por la banda de música.

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