EL ESPÍRITU DEL AMATE DE CECILIO SÁNCHEZ

Escrito por Guillermo Marin el .

El amate es uno de los papeles más antiguos del planeta y una aportación más de la milenaria cultura del CEM ANAHUAC al mundo. La invención del papel revela un mundo muy avanzado, los códices fueron los "libros" de nuestros Viejos Abuelos en donde se guardaba toda su sabiduría. Sin embargo, los pocos códices que actualmente se conservan se encuentran fuera de nuestro país y por desgracia en su mayoría fueron elaborados en el período Postclásico y pertenecen a la última etapa de la milenaria civilización del Anáhuac.

 

 

El imperio Azteca fue decadente y efímero, pues transgredieron las milenarias normas filosóficas y religiosas de Quetzalcóatl para imponer una ideología materialista místico guerrera. Tenochtitlán se fundó apenas en 1325 y fue destruida por Hernán Cortés en 1521, tan sólo 196 años de existencia. Tlacaelel, el ideólogo de los Aztecas mandó destruir todos los códices antiguos, herencia del período Clásico y del esplendor de los hombres de conocimiento llamados Toltecas (200 a.C a 850 d.C, ordenando rehacer la historia, en donde ellos aparecerían como el pueblo elegido.

 

esto, los pocos códices que sobrevivieron a la siguiente barbarie, o sea, la de los invasores españoles, no tenían el conocimiento milenario de aquellos hombres que un día aprendieron a convertirse en dioses allá en Teotihuacán, Chichen Itzá o Monte Alban.

Según dice la memoria, que Tlacaelel ordenó guardar los códices más importantes en cuevas secretas y muchos de estos "libros de conocimiento" están esperando el momento luminoso de su aparición entre los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos.

Mientras esto acontece, los pintores oaxaqueños especialmente, han iniciado un viaje al futuro a través del papel amate.

Como los antiguos Tlacuilos, Zapotecos y Mixtecos de finales del siglo XX, toman de nuevo en sus manos el sagrado papel y en ellos expresan su sensibilidad y creatividad de modo sorprendente. Su diálogo interno se detiene y se entremezcla con sus "ensueños" y visiones en las que fugazmente se cruzan el futuro con el pasado y quedan atrapadas en el presente a través de la magia de un papel amate.

Cecilo Sánchez ha mantenido un diálogo permanente con el papel amate, se ha logrado meter entre sus caprichosos contornos y sus texturas milagrosas, logrando "hacer hablar" al amate por él mismo.

Esta magia sólo es posible a través de muchos años de enamorar a estos generosos "pedacitos de árbol", que cuentan y cantan sus propias historias y que sólo un hombre de "rostro firme y corazón verdadero" como Cecilio Sánchez, lo ha podido lograr a través de muchos años de amoroso trabajo.

En efecto, Cecilio es un hombre sencillo que viene de sembrar la tierra y vivir en el campo. Fuertemente arraigado a sus tradiciones, su familia y sus costumbres. Sin pretensiones mundanas, sin poses avangart, sin ampulosidades intelectualoides y artísticas, el pintor es un furibundo campesino del amate.

Recorre detenidamente los grandes pliegos con la mirada; sin prisas, sin ansias, suavemente empieza a conocer e intimar con el amate, hasta lograr comunicarse con él en medio de la música que siempre le acompaña en estas seducciones.

El papel amate guarda mucho la esencia de aquellas montañas de la sierra poblana y de esas manos vegetales que poco a poco van transformando el árbol en papel y lo hacen sagrado.

La complicidad llega a su punto máximo de la creación, el espíritu del amate interfiere los sueños de Emilia y Cecilio los sustrae de sus intimidades y nos los trae a esta realidad, convertidos en maravillosas obras de arte. Cecilio le hace honor a su segundo apellido y es Franco, abierto pero al mismo tiempo reservado, fuerte sin ser duro.

La plástica oaxaqueña tiene en este artista a un hombre digno, con los pies muy bien puestos sobre la tierra, con principios muy sólidos y metas muy definidas. En San Jerónimo Yahuiche, municipio de Atzompa Cecilio tiene su casa su taller y su corazón bien enraizado. Hombre que le enfada venir a la ciudad, salvo para dar clases en el CEDART "Miguel Cabrera", y que prefiere estar trabajando en el taller y disfrutando a su familia. Porque para Cecilio Sánchez existen 4 pasiones en la vida; su familia, pintar, enseñar y jugar fut bol. Mucho del potencial creador de Cecilio Sánchez se encuentra atesorado en Emilia, su amorosa compañera y en sus hijos, Cecilia, Biaany María y el pequeño Yibaan.

"El Espíritu del Amate", es un breve momento de contemplación en la obra de Cecilio Sánchez. Una recapitulación y un reencuentro con él mismo. Estoy seguro que en cada exposición un pintor se parece a sí mismo. Se despoja y se purifica, en otras palabras, "se reinventa a sí mismo".

En esta exposición vemos el entrecrusamiento de las imágenes del mundo campesino con el mundo de los Viejos Abuelos, asechados por momentos a través de la mítica popular y la inseparable muerte compañera. Cecilio Sánchez es un pintor que está seriamente comprometido con su trabajo.

A pesar de ser miembro fundador del Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo y ser reconocido entre los pintores y las galerías, se mantiene permanentemente fuera de las modas y los vaivenes del "mercado". Como cometa se acerca y se aleja cíclicamente del mundo de los artistas plásticos de Oaxaca, pero indiscutiblemente que tiene dos o tres "estrellas polares" que lo guían, casi siempre de lejos y con mucho respeto. Cecilio Sánchez ha encontrado en la iconografía mesoamericana un inconmensurable caudal y beta de posibilidades, más que de carácter estético, de profundidad filosófica.

Las formas simbólicas de la Toltecayotl, la sabiduría milenaria condensada en aparentes trazos simples, encuentran en Cecilio un interlocutor que revitaliza el milenario mensaje de sabiduría y lo proyecta al futuro como algo que no es en verdad, "propio nuestro".

De alguna manera "El Espíritu del Amate" es un calidoscopio donde se puede apreciar la "Batalla Florida" de este pintor oaxaqueño, que a base de "flor y canto" está trabajando y luchando recia y constantemente por llegar al tercer milenio con una propuesta nacida de lo más profundo y esencial de nuestro ser, pero al mismo tiempo asegurando por fin un futuro que sea totalmente nuestro.

Y como un árbol, Cecilio sigue echando raíces al cielo y al corazón de nuestra Cultura Madre. Como los laureles de Oaxaca, su pintura es un estallido de formas sugerentes en el espacio que circunscribe el perímetro del pliego de papel amate. Como un explorador intrépido de nuestros insondables misterios ancestrales, Cecilio ha emprendido desde hace mucho tiempo un camino que no tiene regreso.

Sin miedo y sin ambición, Cecilio sigue fiel a su destino. Acaso algún día se pierda entre las caprichosas formas y las múltiples texturas del amate y jamás volveremos a saber de él; capaz que un día nos lleva a todos a vivir en sus sueños con "El Espíritu del Amate" y nos permite liberarnos en un "punto de fuga" de esta absurda y grotesca realidad a través del arte.

 

 

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